Toque de Diana | ¿Estamos como para celebrar Carnaval?

Aunque quisiéramos que fuera distinto y aunque a veces valga la pena bailar a Celia (que no es lo mismo que bailar a Cilia), la verdad es que la vida no es un carnaval y mucho menos por estos días en los que intentamos librarnos del mal

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Foto: cortesía

¿La vida es un carnaval?

Como si estuviéramos como para disfrazarnos y de ánimos de fiesta, el Gobierno nacional decretó ayer un adelanto del Carnaval. Como si hubiera dinero para viajar y echarse palos, jugar a las bombitas de agua en el patio de la casa y salir a festejar.

¿Quiénes serán acaso los interesados en anticiparse con el disfraz? ¿A quién le interesa ponerse antes la máscara y el antifaz? Soplar el pitico, bonchar, subirle el volumen al equipo, hacer ruido, aturdir a los demás? Distraer la atención con más populismo, poner a Celia Cruz a tope y a todo dar?

La respuesta siempre apunta a la novela 1984 (de George Orwell), al Gran Hermano y a sus amigos, los únicos que ven fiesta donde todos los demás vemos tragedia, urgencia y múltiples razones para, en todo caso, trabajar incansablemente más y más.

Porque hace rato que el país, Oceanía, ya no es el país de “las negritas”. Eso fue por allá por 1950, los sesenta, en aquella nación saudita. Lamentablemente ahora es territorio de cifras negras, de apagones y de miseria.

Aunque quisiéramos que fuera distinto y aunque a veces valga la pena bailar a Celia (que no es lo mismo que bailar a Cilia), la verdad es que la vida no es un carnaval y mucho menos por estos días en los que intentamos librarnos del mal.

Quien la tiene difícil hace malabares. El Gran Hermano distrae. Ahora el concierto con 150 artistas en escena, cuyos nombres se buscan por cielo y tierra, cambia la locación para confrontar con el primer concierto anunciado, el que solo cuenta con 35 artistas pero que estima la asistencia en Cúcuta en más de 300.000 personas.

Es el viejo truco de cantarle al muchacho cuando llora por hambre. ¿Quién no lo hizo?: sonarle la maraquita, ponerse de cabeza, hacerle muecas y encenderle el blue ray para que vea La casa de Mickey Mouse…

Ups… perdón… En este caso mostrarle el Mickey Mouse “al niño” ya no es un buen plan. Ningún símbolo más emblemático del enemigo. Nada más amenazante esta vez que el “Misca. Musca, Mickey Mouse”. Porque es que Mickey se vino a Cúcuta con unos regalos y ahora dice que y que quiere entrar.

Uish hermano, veremos.

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