Toque de Diana | De un golpe de Estado a un golpe de suerte

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11 de abril. Día de golpe de Estado y de dimisión. ¿Qué tendrá la fecha que se alza en paralelismos sobre dos continentes? África y América. En Venezuela, recordamos aquel 11 de abril de 2002. Un río de gente que atravesaba Caracas rumbo a Miraflores.

Un día de euforia y tragedia a la vez. Un día doble, como las pantallas de algunos canales de televisión que rompieron el blackout que se pretendió imponer con una cadena presidencial mientras muchos venezolanos caían en las calles. Y después el golpe de Estado… Luego, dos días después, el 13, lo que muchos llaman un golpe de suerte que este año caerá un sábado.

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Desde entonces, entre un golpe y el otro, aquí estamos los venezolanos, amoratados pero guapeando. La historia al día de hoy todavía no lo es. Al menos no como quisiéramos: poder conjugar sus verbos en pretérito. Y es que quisiéramos que esto que estamos padeciendo fuera pasado.

Pero es. Es presente. Un duro presente continuo al que, con ocasión de la fecha, le agregamos una frase condicional muy famosa de otra efeméride venezolana, el «por ahora».

La fecha nos obliga ahora a no hablar solo de Venezuela. Al menos no de Venezuela en su estricta ubicación geográfica, pero sí de su padecimiento, que si lo pensamos bien, no es suyo solo, sino de muchos otros que no necesariamente son venezolanos.

El infortunio de las dictaduras y de las autocracias, la obsesión por el poder, es universal. Las dictaduras se sufren, desafortunadamente, en muchos lugares a la vez, casi siempre por mucho tiempo, es parte de su naturaleza. Pero si tal día como hoy una de ellas se afianzó en Venezuela, queda demostrado que otra sale, porque es que siempre en algún momento a cada dictadura le llega su revés.

Vámonos a África y a lo que ha estado ocurriendo en Argelia y en Sudán. Que una tosió, como bien dice el diario El Mundo, cuando la otra ya venía estornudando. Que los militares le pidieron la renuncia a Bouteflika y que los sudaneses, tan atrincas que parecen primos tachirenses lejanos, entregados durante meses a las calles, a pesar de la represión, para obligar a Al Bashir a dimitir, hoy vieron el resultado de su lucha.

El mismo ejército que llevó a Al Bashir en 1989 al poder, hoy le pidió su renuncia, «la cual aceptó». Lucas Rincón, ¿dónde estás?

Estando algunas dictaduras caribeñas con el sistema inmunológico debilitado, pues se imagina uno a varios, al menos a unos tres, viendo a Argelia y a Sudán con tapabocas y guantes frente al televisor, tratando de evitar el contagio del virus. Rezando el rosario, con bebedizos de limón puro, mosquiteros, repelentes, mucha hambre, muchas armas, sus ejércitos, presos políticos bien presos, instituciones hechas apéndice del Ejecutivo. Cuidado con una peritonitis.

Nicaragua, Cuba y Venezuela, Ortega, Castro y Maduro, pensando en que a costa de lo que sea habrá que evitar una nueva primavera por aquí por estos lados, que de la árabe parece florecer ahora la africana, y quién sabe, quién sabe si navega hasta acá. El riesgo siempre existe porque la libertad no necesita visa ni nacionalidad. Por cierto, pobrecito Julian Assange, otro traspié para la izquierda mundial.

Les decía que la libertad es muy jet set sin jet lag, que de un continente al otro, y aunque nos distancien al menos unos 12.000 kilómetros, con la libertad en mente, pues nos damos cuenta de que hay mucho en común. Y es que, para más completar, un buen porcentaje de lo que somos por estos lados retumba fuerte desde allá: de un golpe de Estado a un golpe de suerte y de un golpe de suerte a uno de tambor en el que siempre se respiran esas ansias de libertad.

Esos tambores sudaneses… Estos tambores de por acá… Esos tambores cubanos… El repique de los tambores tiene ecos de libertad. Por eso aquí los dictadores se mantienen con dificultad bajo el resguardo castrense. ¿ómo si no?, ¿de qué otra manera? Pero caen.. Tarde o temprano ellos caen. O renuncian.

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