Juan Guaidó cumple 12 meses como presidente encargado de Venezuela, un periodo en el que convivió con la incapacidad de materializar su principal promesa: sacar a Nicolás Maduro del poder. Analistas dijeron a El Pitazo que su gestión, aunque delimitada por una sobredimensión de expectativas, logró consolidar un bloque internacional de 60 países y organismos como la OEA y la Unión Europea para respaldar su lucha por una transición política

«Ante Dios todopoderoso, Venezuela, juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de la usurpación, un Gobierno de transición y elecciones libres». Con esta declaración, el 23 de enero de 2019, Juan Guaidó pasó de ser un discreto diputado entre las filas de su partido Voluntad Popular (VP) a encabezar el principal movimiento político para deponer a Nicolás Maduro del poder en Venezuela, arropado por el apoyo de gran parte de la comunidad internacional. 

Este jueves, Guaidó cumple un año al frente de la presidencia interina del país con más promesas incumplidas que objetivos completados, en medio de una pugna política que no cesa en Venezuela. La larga crisis del país se agravó tras la maniobra de diputados disidentes de oposición, con apoyo oficialista, para tomar el control del Parlamento. El sorpresivo ataque legislativo impulsó al bloque opositor para cerrar filas en torno a la figura de Guaidó, a pesar de las diferencias públicas de sectores radicales del antichavismo. 

“Sé que hemos cometido errores y pido perdón a Venezuela”, reiteró Guaidó el martes 21 de enero durante un acto con la diáspora venezolana en Londres, Inglaterra.

Juan Guaidó encabezó durante 2019 la junta directiva de la Asamblea Nacional, acompañado por los diputados Edgar Zambrano y Stalin González, primer y segundo vicepresidente de la cámara, respectivamente

Analistas consultados por El Pitazo coinciden en que estos “errores” en su gestión están relacionados a la sobredimensión de expectativas, aunque consideran que su primer año estuvo marcado por un péndulo de altas y bajas.

Pero, ¿cómo llegó Guaidó a liderar este movimiento? 

La génesis de la asunción de Guaidó se remonta al proceso electoral del 20 de mayo de 2018. Luego que la oposición desconociera estos comicios, que dieron como ganador a Nicolás Maduro, por vicios en su convocatoria, en el seno del Parlamento se fraguó una maniobra constitucional para desbancar del poder a la élite chavista.

El primer paso en esta ruta se dio el 5 de enero de 2019 cuando Juan Guaidó fue electo jefe de la Asamblea Nacional (AN). Pese a que su nombre no figuraba en las papeletas a finales de 2018, la necesidad de mantener el acuerdo de gobernabilidad del Parlamento, firmado por los integrantes de la extinta coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), y la persecución a la que fueron sometidos altos dirigentes de esa tolda, situó a Guaidó como el político encomendado a liderar la nueva agenda opositora.

Dos semanas después, el joven dirigente opositor de 34 años, quien hace un par de semanas se desvinculó de VP, organización fundada por el ex preso político Leopoldo López, juró a la presidencia de la República, abriendo un juego inédito e incierto en el tablero político venezolano.

La misión de la nueva estrategia era directa: declarar usurpador a Maduro y establecer una línea de acción para rescatar el hilo constitucional en el país.

Un intento fallido de sublevación militar en un comando de la Guardia Nacional, ubicado en Cotiza, al noroeste de Caracas, dos días antes de la jura presidencial de Guaidó, reavivó el descontento social contra el gobierno. A partir del 23 de enero, esta chispa se convertiría en una nueva oleada de protestas antigubernamentales que se registraron en gran parte del país, dejando como saldo 51 personas muertas y más de 2.000 detenidos hasta mayo pasado, según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social y la ONG Foro Penal.

El mantra de los tres pasos

La unificación de todos los sectores opositores en torno a una misma agenda fue uno de los primeros desafíos de la gestión de Guaidó.

Con ese objetivo en la mira, el líder opositor presentó la triada del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” como su principal bandera política. Un año después de esta propuesta solo queda la deuda social ante la imposibilidad de poder materializar alguno de estos pasos.

El analista político y director de la encuestadora Delphos, Félix Seijas, señaló que el trasfondo del fracaso del mantra opositor en 2019 se debe a lo “confuso” de la estrategia, pues presentaba soluciones inmediatas sin avanzar en pasos intermedios. Para el director de la firma Datincorp, Jesús Seguías, la hoja de ruta terminó desmantelada por los hechos al no considerar la respuesta que daría Maduro y su entorno.


EL GRAN RETO DE LA OPOSICIÓN PASA POR PRESERVAR UNA ESTRUCTURA POLÍTICA QUE ENFRENTE A MADURO


“El mantra transmitió la falsa esperanza de que la solución podía llegar de forma inmediata”, explicó Seijas.

A su juicio, los fallidos intentos por ingresar ayuda humanitaria por corredores fronterizos en febrero 2019 y el también infructuoso levantamiento militar del 30 de abril, en cuyos hechos se dio la liberación de Leopoldo López, dejaron en evidencia la búsqueda de la dirigencia opositora por actuaciones rápidas para desplazar al gobierno socialista.

Seijas indicó que antes de realizar medidas que apuntaran al todo o nada, se debió acumular fuerzas a lo interno para presionar al bloque de poder “y en el mediano plazo crear una ruptura”. “En el camino se van consiguiendo victorias, acercando al objetivo y el gobierno irá cediendo en algunos aspectos. Así no se crean falsas expectativas y por ende no hay frustración”, agregó.

La reducción de la base de apoyo ciudadano también fue una de las consecuencias de una ruta que no se concretó en 2019. Según un informe de noviembre pasado de la encuestadora Datanálisis, 42% de los venezolanos describían positivamente el desempeño de Guaidó. La cifra, aunque todavía alta, contrasta con el 76% recibía el líder opositor en marzo del mismo año.

La juramentación de Juan Guaidó en la presidencia encargada de Venezuela sirvió de catalizador para reactivar las protestas contra el gobierno de Maduro en 2019

“Si hay algo que no tiene el pueblo venezolano es tiempo y lamentablemente los procesos políticos toman tiempo. El cese de la usurpación quizás estuvo relacionado con el manejo de la gente para enamorarla con una ruta y un sueño, pero las personas no tienen la capacidad de esperar por el liderazgo político”, opinó Oswaldo Ramírez, consultor en estrategia, riesgo político y campañas electorales y director de ORC Consultores.

Fortaleza internacional

A pesar del revés estratégico, el movimiento de Guaidó se adjudicó un triunfo frente a Maduro en el plano internacional que se consolidó a lo largo del año pasado. Carlos Luna, internacionalista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), afirmó que el respaldo de al menos 60 países y organizaciones como la OEA y la Unión Europea, se convirtieron en el gran bastión del gobierno interino venezolano ante el “secuestro de las funciones del Ejecutivo Nacional” en Venezuela.

Una de las primeras decisiones de Guaidó tras su juramentación fue la designación de 11 representantes diplomáticos en países de América, la mayoría miembros del llamado Grupo de Lima, y órganos internacionales. Hoy en día esa cifra llega a 35 funcionarios en labores diplomáticas.

Para Luna, los frutos de la articulación de estos embajadores en naciones que apoyan a Guaidó se reflejan en las condenas emitidas por la comunidad internacional frente al asalto del chavismo a la sede del Parlamento el pasado 5 de enero y las agresiones a diputados opositores los siguientes 7 y 14 de enero.


El cese de la usurpación quizás estuvo relacionado con el manejo de la gente para enamorarla con una ruta y un sueño, pero las personas no tienen la capacidad de esperar por el liderazgo político

Oswaldo Ramírez, consultor en estrategia, riesgo político y campañas electorales y director de ORC Consultores

Seguías, por su parte, considera que este escenario es lo que ha hecho que el gobierno de Maduro no haya pulverizado con facilidad a sus adversarios políticos. “La oposición ahora cuenta con una fortaleza gigantesca gracias a la comunidad internacional, en especial al apoyo de los Estados Unidos”.

Las sanciones en contra de las operaciones de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la posterior congelación de todos los activos venezolanos en territorio estadounidense, incluidos 7.000 millones de dólares de la petrolera estatal, son una muestra de los esfuerzos de la administración de Donald Trump por asfixiar el financiamiento al régimen venezolano.

El experto Carlos Luna aseguró que estas medidas podrían estrechar aún más el margen de maniobra del chavismo si existiera una homologación internacional que incluya a la Unión Europea.

La aprobación en septiembre pasado de sanciones financieras contra Maduro y un grupo de funcionarios cercanos por los países del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) apuntan en esa dirección.


Las sanciones contra el gobierno de Maduro podrían estrechar aun más su margen de maniobra si existiera una homologación internacional que incluya a la Unión Europea sobre la crisis venezolana

Carlos Luna, internacionalista

Los retos del 2020

Ahora que comienza un nuevo año con elecciones en el horizonte, los especialistas opinan que el gran reto de la oposición, que lidera Guaidó, pasa por preservar una estructura que enfrente al gobierno de Maduro. La ofensiva chavista para apoderarse del Parlamento por medio diputados disidentes ha sido la primera batalla contra la oposición de 2020, un año de una nueva escalada del conflicto venezolano.

“Lo que viene este año es un tsunami con las elecciones parlamentarias. (La oposición debe) navegar todo este año y no salir desbaratado”, afirmó Seijas. Mientras que Ramírez sugirió que la alternativa democrática podría plantear fórmulas que recobren la participación ciudadana, aunque admite que “probablemente no tenga se materialice un acompañamiento de calle” inmediato.

“Quedan muchas opciones, todo dependerá de la dinámica política. La máxima es no escribir en piedra”, destacó.

Insiste Seguías que para destrabar el juego político primero hay que abandonar la tesis de la guerra entre bandos. “Exigir el cese de la usurpación significa la capitulación de Maduro. Eso no es factible en este momento porque ninguno va a poder pulverizar al otro. La oposición debe avanzar a un acuerdo negociado y presionar por elecciones presidenciales”, prosiguió.

El pasado domingo, el presidente encargado Juan Guaidó emprendió una gira internacional para continuar sumando apoyo a su lucha política en Venezuela. Su viaje lo ha llevado a reunirse con su homólogo colombiano, Iván Duque, el secretario del Departamento de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, el primer ministro de Reino Unido, entre otras delegaciones.

Si bien es la segunda vez que Guaidó desafía la orden de restricción de salida del país que le impuso el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), no está claro si podrá regresar a Venezuela por Maiquetía, como ocurrió en marzo pasado. Sin embargo, el opositor se mostró muy optimista sobre los resultados de su gira. «Traerá buenas noticias», prometió.

Seijas, entre tanto, cree que estas noticias podrían entrever el anuncio de una nueva jugada que mueva el tablero político venezolano.

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