El politólogo Óscar Vallés describe a Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional y presidente encargado de Venezuela, como un hombre pausado, que utiliza la razón y no la emoción para conectar con todas las clases sociales. Destaca que asume los errores y redefine su estrategia

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En los días previos al 30 de abril, Juan Guaidó había dejado de insistir públicamente en su llamado a los militares para que se apegaran a la Constitución. Eso había sido parte de su línea discursiva desde que tomó la presidencia de la Asamblea Nacional, el pasado 5 de enero. En esas últimas semanas su centro de atención estaba puesto en la organización que le permitiera construir las capacidades para liderar un proceso de transición. Puertas adentro se preparaba un acuerdo entre algunos factores del oficialismo y de la oposición para promover la salida de Nicolás Maduro y el inicio de la transición. No obstante, el fallido alzamiento militar produjo un decaimiento en la ruta que ha trazado.

El politólogo Óscar Vallés ofrece un bosquejo sobre los 100 días de discurso a partir de su juramento. Indica que a medida que transcurren los días, Guaidó ha asumido un formato de candidato presidencial que apela al razonamiento en cada convocatoria de calle, más allá de las emociones. Esa quizás podría ser su mayor virtud, destaca el académico.

“¿Cómo vamos? Vamos bien, porque vamos juntos y vamos con todo”, es el lema que utiliza para dar seguridad y confianza en el camino que ha propuesto desde el Parlamento. “Guaidó trata de construir capacidades porque no tiene musculatura, por lo tanto, no puede perder una pizca del fervor popular. Ese es su cinturón de protección y garantía del éxito”, afirma.

Foto Ronald Peña

Su condición política lo ha llevado a evolucionar rápidamente. De ser el presidente de la Comisión de Contraloría de la AN en 2017 y ocupar la jefatura de fracción unitaria en 2018, se convirtió en el presidente encargado de Venezuela, a quien la sociedad percibe como un factor esperanzador después de 20 años de la instauración de un proyecto socialista, iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro.

Vallés sostiene que Guaidó no ha tenido un discurso fracasado, pero sí momentos en los que ha enfrentado un revés. El primero fue el 23 de febrero, cuando después de prometer que “sí o sí” ingresaba la ayuda humanitaria a través de la frontera, fue impedida por funcionarios de seguridad del Estado. No solo se registraron episodios de represión, que en Santa Elena de Uairén dejaron varios fallecidos y cargamento quemado, sino que el apoyo militar fue muy escaso. Vallés recuerda que esa noche en Cúcuta, Guaidó lucía un poco desencajado, acompañado por el secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien veía al piso, y por el presidente de Colombia, Iván Duque, quien trataba de imprimir un poco de sosiego. Fue la primera derrota de Guaidó.

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“¿Cómo vamos? Vamos bien porque vamos juntos y vamos con todo”, es el lema que utiliza Juan Guaidó para dar seguridad y confianza


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“Es también la primera vez que vemos a un Guaidó ambiguo en el discurso. Ya no pone sí o sí, sino que pone todas las opciones sobre la mesa”.

A partir de ese momento, el presidente de la AN notó que debía ser más cuidadoso y redefinir su estrategia para alcanzar los objetivos. De inmediato, inició una gira por Suramérica que se extendió hasta el 4 de marzo. Regresó por el Aeropuerto Internacional de Maiquetía y no fue apresado por incumplir la prohibición de salida del país que le impuso el Tribunal Supremo de Justicia. A juicio de Vallés, ese día Guaidó se levantó de su primer fracaso político.

En la ambigüedad del discurso, Guaidó ha encontrado una “habilidad política extraordinaria” porque aglutina a las masas que creen en la negociación, en la intervención, en una rebelión militar o en elecciones adelantadas, y además configura un mensaje hacia su adversario en el que deja claro que ninguna opción puede descartarse.

“El día que Guaidó se cuadre con una sola opción como Borges lo hizo con el diálogo, se echa encima a medio país”, justifica el también jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana.


Vallés percibe a Guaidó como un líder que es capaz de mantener alianzas y no condenar a algún dirigente político que le pida ejercer alguna acción


La convocatoria que hizo para el 1° de Mayo a “la marcha más grande de la historia por el fin de la usurpación” no significó un revés. Vallés prefiere denominarlo como un desliz. Fue la segunda vez que Guaidó se fijó una meta concreta, sin saber si podía lograr el propósito, como en efecto ocurrió un día antes, el 30 de abril, cuando desde el Distribuidor Altamira pidió a los militares que se sumaran al alzamiento de un grupo reducido de funcionarios. “El 1° de mayo empezó hoy. El cese de la usurpación empezó hoy”, manifestó aproximadamente a las 5:40 am. El resultado no fue el esperado.

“Esto aún está por caminar. Esta semana Guaidó sale del gran atolladero en el que Leopoldo López lo ha colocado para entonces aumentar la confianza en un presidente encargado que tiene las competencias para cumplir el cese de la usurpación y liderar la transición”, argumenta.

En la sesión del 8 de mayo, Guaidó introdujo un elemento nuevo en su discurso: la posibilidad de regresar a Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) que implica que, ante un ataque armado por parte de un Estado contra otro estado del continente americano, todos los países signatarios pueden hacer frente a él para preservar el bienestar de los ciudadanos.

La Carlota
Foto: Cortesía

¿Cómo es Guaidó?

El Guaidó del 11 de enero, que era tímido y utilizaba su celular para dirigir su discurso, quedó a un lado. Su euforia no es similar a la de los dirigentes políticos que han ocupado cargos importantes en otros momentos. Con un poco más de soltura y confianza hacia las masas, habla de forma pausada.

Un ejemplo de ello fue el 31 de enero, cuando se realizaba una presentación del Plan País y él intervino serenamente para explicar los proyectos que se aplicarán una vez salga Maduro del poder, sabiendo que una comisión de las Fuerzas de Acciones Especiales visitaba su residencia y preguntaba por su esposa, Fabiana Rosales.

Ha entendido que cuando no tiene logros, puede ofrecer confianza y compromiso, dice Vallés. Es capaz de mantener alianzas y no condena a ningún dirigente político que le pida ejercer una determinada acción, como María Corina Machado con la aplicación del artículo 187.11 de la Constitución.

Vallés destaca que es un dirigente que, por su experiencia personal al vivir la tragedia de Vargas de 1999, puede conectar con todas las clases sociales y habla con franqueza.

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