Edgar Zambrano: «No voy a permitir que el abuso de poder me someta»

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Caracas.- El primer vicepresidente de la Asamblea Narcional (AN), Edgar Zambrano está excarcelado. No en libertad, pues tiene medida de presentación cada 30 días y prohibición de salida del país.

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A poco más de 24 horas de haber salido de la cárcel militar en Fuerte Tiuna, Zambrano conversó con El Pitazo en la sede de su partido. Durante cuatro meses y una semana en prisión decidió llevar la cuenta de los días.

“Me memoricé los días que más me impactaron: día 59 o 60, huelga de hambre; día 70, visita del Ministerio Público; día 72, visita de abogados; día 74, visita de la familia; día 102, primer libro”.

El mismo día de la presencia familiar lo visitaron integrantes del denominado Grupo de Boston y el día 129 o 130, lo trasladaron a tribunales para juramentar a sus abogados.

Y es que Zambrano solo pudo tener acceso a defensa privada desde el viernes 13 de septiembre.

El primer libro que leyó fue la autobiografía de Mandela. Le siguieron “Política y Petróleo”, de Rómulo Betancourt; “El Otoño del Patriarca”, de Gabriel García Márquez; “La Casa de los Espíritus”, de Isabel Allende; “Alzado contra todo”, de Domingo Alberto Rangel y uno sobre Vallenilla Lanz.

Recuerda que leyó muchísimo y que cada libro, coincidencial o no, le hizo vivir cada parte del proceso en la cárcel. “La persecución y el sometimiento a la prisión. Eso me ayudó a reorientarme y replantearme muchas cosas. A valorar más la política y comprometerme a trabajarla en dimensiones superiores para hacerla más eficiente y útil para el ciudadano”, dice a modo de reflexión.

Los libros iban a la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), donde los revisaban y aprobaban o no.

Su día transcurría entre contar grietas, caminar en un espacio de 2×3 metros y a partir de ese día, el 102, a leer.

Zambrano bajó más de 20 kilos, tiene líquido en las rodillas y un esguince tipo 2 en su pie derecho y uno tipo 1 en izquierdo, debido a la dificultad para caminar en ese espacio reducido de su celda, la 12-A. Sus ojos son el reflejo silencioso de lo vivido.

Comenzó relatando qué pasó ese día:

Zambrano tenía información de que ni él ni Henry Ramos Allup serían detenidos, a pesar de que les habían allanado la inmunidad parlamentaria. No quiso dar mayores detalles de cómo obtuvieron información.

Salió de la sede de Acción Democrática (AD) pasadas las 6:00 pm. A unos metros fue interceptado por hombres que no se identificaron. No había una orden de aprehensión, por lo que decidió no bajarse y esperar a que llegaran sus compañeros.

Luego lo que corrió por el mundo: los funcionarios decidieron montar la camioneta en una grúa y llevarlo a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), donde estuvo como una hora en la misma celda con Roberto Marrero. “En prisión nadie está bien”, dice al hablar de Marrero a quien dice haber visto “con buen ánimo y buena salud”.

Al día siguiente fue trasladado a los tribunales. Recuerda que aceptó el acto de presentación con la condición de que sus cuatro trabajadores, quienes habían sido detenidos junto a él, fueran liberados, cosa que no ocurrió ni ha ocurrido hasta el momento de la entrevista y que Zambrano espera pase en las próximas horas.

De allí lo trasladaron a Fuerte Tiuna esa misma noche. Recuerda que llegó al Fuerte militar cerca de la 1:00 am y lo metieron en la celda 12-A.

En esa celda permaneció aislado. Nunca pudo coincidir con el general en jefe Raúl Isaías Baduel ni con el mayor general Miguel Rodríguez Torres. Estaban en celdas contiguas él y Rodríguez Torres. La de Baduel estaba más separada. Además de ellos tres, Zambrano recuerda a un hombre que, supone, era militar. El espacio contaba con ocho celdas.

-¿Cómo organizaron la huelga de hambre?

EZ: Inicialmente, la comenzó Rodríguez Torres al enterarse de que a su esposa la habían detenido y la tenían en la sede de la Dgcim. Ya veníamos trabajando eso, gritando de celda a celda para exigir respeto a los derechos humanos, a ver a nuestros abogados y familiares y para que cesara el aislamiento. Fuimos reduciendo el consumo de alimentos hasta que Miguel anuncia su huelga a los custodios. Cuando tenía dos o tres días de haberla iniciado, me sumé. Al día 70, 10 días después, Rodríguez Torres decide levantarla porque su esposa había sido liberada. Yo decidí continuar. Ese día, el 70, pude hablar con fiscales del MP.

Luego de la huelga de hambre pudimos salir los lunes. miércoles y viernes para caminar una hora en la mañana. Nos alternaban las horas, por lo que nunca pudimos vernos los tres. Yo salía de primero el lunes, de segundo el miércoles y de tercero el viernes.

Desarrollamos dinámicas para sobrevivir en la cárcel.

-¿Cómo cuáles?

EZ: Acordábamos comer a la misma hora, cada uno en su celda. Caminar y hacer ejercicio físico, cada uno en su celda. Teníamos una hora en la noche para transmitirnos nuestras vivencias. Nosotros determinamos esa hora porque era más silencioso, durante el día había mucho ruido y mucho eco y dificultaba más la comunicación de celda a celda.

Hicimos un esfuerzo para, en medio de ese secuestro y esa desgracia de utilizar el poder para perseguir las ideas, hacer un poco vivible lo invivible.

-¿Cómo fue tratado durante la huelga de hambre y en general? ¿Tuvo atención médica?

EZ: Los muchachos son custodios jóvenes que siguen órdenes. Tenían la obligación de grabar cuando llevaban la comida. Nunca aceptamos que dejaran la comida dentro de la celda y, más allá, hubo un trato respetuoso.

Desde el punto de vista médico, tuvimos atención. El día 8 me hidrataron; yo la acepté. El personal médico fue durante todos los días de la huelga.

-Y sus condiciones de reclusión?

EZ: Nunca dormí en el piso. Y nunca me senté en el piso. Me hice un propósito: yo soy un preso de conciencia y no voy a permitir que el ambiente ni el abuso de poder me sometan. Nunca.

En la celda había un lavamanos, la poceta (urinario), una ducha pequeña, cemento para dormir y una especie de división para poner nuestras cosas.

Me sentaba en el urinario y allí comía, de reverso. Utilizaba la tapa del depósito de agua para poner los alimentos. Después de la visita del Ministerio Público nos dejaron tener una mesa y una silla.

Cuando la familia pudo enviarnos alimentos, los intercambiábamos entre los tres. Luego se prohibió.

-¿Cómo lo hacían?

EZ: No aceptábamos la comida y le decíamos al custodio que la llevara a la celda de Miguel (Rodríguez Torres), quien hacía el papel de chef y nos distribuía las combinaciones con proteínas y carbohidratos. Nos divertíamos mucho con eso. Y luego, eso se prohibió. Nos las ingeniábamos, pero hay cosas que uno no puede decir, porque…

Hay mucha gente que en su ruindad política soltaban versiones sobre las condiciones de la prisión. Que si teníamos teléfono, que convivíamos juntos, que comíamos juntos y cada vez que una cosa de estas salían, sufríamos los rigores de las requisas.

-¿Estaban ajenos a lo que ocurría en el exterior?

EZ: Hasta el día 70, sí. Con la llegada de Raúl, nos enteramos de lo de la esposa de Miguel, porque Baduel escuchó un comentario estando en La Tumba. Miguel ya lo presentía por su traslado de la Dgcim a Fuerte Tiuna. Allí fue cuando decidimos iniciar la huelga de hambre.

-Me llama la atención cómo tiene la cuenta de los días, ¿por qué?

EZ: Estábamos incomunicados, aislados. Lo primero que hice para tener control del tiempo fue hacer un almanaque con un mondadientes y con un palillo hice los meses de mayo, junio, julio y el mes de agosto… Eso no puedo… Por razones, digamos, de torpedear la salud de los que quedan allí.

-Agosto fue un mes importante entonces

EZ: Claro… Todos los días son importantes. El más importante cuando me visitaba mi familia. Es muy duro… (tuvo que hacer una pausa para secarse las lágrimas). Saber que al compañero de al lado le hacen presa a su esposa, a otro le persiguen a sus hijas. Tu piensas en los tuyos. Es muy duro y eso formó parte de la huelga.

-¿Se vió reflejado en ellos?

EZ: Sí, claro. Yo no sabía nada de mi familia. A una de mis hijas le gusta el oficio de la política, es dirigente, una muchacha joven con mucho ímpetu. Sobella (esposa) igual. Y una manera de someterme era el riesgo de Sobella y de las hijas. Fue una angustia, fue terrible. Una forma de torturar psicológicamente.

-¿En qué cambió Edgar Zambrano?

EZ: Uno aprende a ver las cosas con un prisma más definido. Cuando pierdes la libertad, tienes una dinámica que no tenías previsto. Ser secuestrado, incomunicado. En 102 días sin hacer nada, piensas muchas cosas, revisas tu vida, haces un balance de tu política, de tus amistades, de tu familia. Valoras la familia, vives su angustia. Ver a mi nieta a través de un vidrio es algo inhumano. Conocer por una foto a la nueva nieta… Todas esas cosas te marcan.

Yo soy un hombre muy sentimental, quizás tengo una personalidad dura para ciertas cosas, pero, en el fondo, soy un hombre sentimental y ese día 72, cuando los abogados me dicen que son mis hijas las que están dando la cara, ese día me doblé.

-¿Siente que hubo una especial saña en su contra?

EZ: El preso político recibe un trato muy cruel. Creo que forma parte de ese terrorismo del poder para doblarte. Nosotros… digamos que, al no permitirnos el debido proceso, el respeto a nuestros derechos y hacerlo público. Quien hace la maldad, no la hace bien. El Twitter comenzó a partir del día 74 cuando, con mi familia, decidimos denunciar y buscar mecanismos de comunicación.

-¿Tuvo miedo a retaliaciones por denunciar?

EZ: Siempre lo hay, pero yo sentí la obligación. He peleado por la liberación de muchos presos, tenía que pelear por mi propia libertad. Por lo demás, tu estableces como un mecanismo de sobrevivencia. Cada vez que se iba la visita, pensabas en el próximo día de visita.

-En algún momento de este proceso, ¿se sintió culpable?

EZ: Sí, y lo expresé, porque cuando ves el rigor de esto, el sometimiento, el pasar por una cárcel y vivir esa anormalidad de hablar a través de un vidrio; tu sientes que no mereces eso, que tu familia no lo merece, que no es por lo que has luchado, que no es el sistema político que tu quieres y que quieres uno de libertad, de justicia.

Si alguien me dio fuerzas fue la propia familia. Quizás, a veces, pierdes el contacto con la familia, no la valoras y le dedicas a esto (la política) la vida y descuidas la familia y no te das cuenta de la importancia de prestar atención a tus hijos, tu esposa, tus nietos. Eso es una enseñanza: continuar con el mismo ímpetu, pero dedicarle mayor valor a la familia. Y renovar mis votos por seguir luchando por los presos políticos.

-¿Considera que su liberación fue producto de este acuerdo firmado entre el gobierno de Maduro y cuatro partidos minoritarios de la oposición?

EZ: No. Coincidieron muchas cosas con este desenlace. Mi familia venía haciendo gestiones en El Vaticano, con los gobiernos español, uruguayo, mexicano, norteamericano y de la Unión Europea. Mi familia hizo un periplo y habíamos avanzado mucho. Iban en paralelo muchas acciones. Eso tuvo que haber coincidido con otras acciones.

Ojalá que este acuerdo tenga una acción propositiva para el país. Esperemos que salgan en libertad otros presos. Se habla de 58. Además, es muy importante que el Psuv regrese al Parlamento. Es el reconocimiento de esta instancia.

-¿Pero usted avala la decisión de estos partidos?

EZ: Yo como defensor de los derechos humanos, como político de oficio, no voy a flagelar una actuación, y lo conversaba con Juan (Guaidó), que nos obliga a recomponer las fuerzas dentro de la oposición. Lo lógico es que todos los factores opositores estén unidos con un discurso monolítico, con una estrategia única que nos permita hacerle frente al gobierno.

-Pero eso no es lo que ocurre ahorita con esa decisión.

EZ: Claro, pero es lo que hay que buscar. Es lo que tenemos que trabajar. Si estas acciones producen algunas libertades y producen hechos positivos para la política, pues bienvenidos, pero tenemos que hacer el esfuerzo porque esos compañeros estén dentro de la política global de la oposición porque es la única manera de que el país se enamore de nuestra propuesta.

-¿Sus decisiones dentro de la Asamblea pueden verse influenciadas por lo que vivió?

EZ: No, no, no. El Edgar Zambrano del 8 de mayo y el Edgar Zambrano del 18 de septiembre, es el mismo. Solo que le he subido al prisma para ver las cosas en mayor dimensión, pero mi estrategia política, mi discurso político sigue siendo el mismo. Voy a seguir pidiendo la libertad de los presos políticos civiles y militares. Seguiré haciendo denuncias.

¿Y en cuanto al apoyo a Juan Guaidó?

EZ: Yo soy un hombre de partido. Mi partido está asociado al apoyo a Juan. No tengo por qué tener una línea diferente. Yo soy adeco y militante. Además, son cosas que hemos discutido y en las que hemos estado de acuerdo.

-Su inmunidad está allanada por la Asamblea Nacional Constituyente, ¿es una especie de espada en su cabeza?

EZ: Yo no cometí ningún delito. Yo fui secuestrado. Se me violaron todos mis derechos. No puedo cambiar mi accionar, porque el planteamiento político sigue siendo el mismo: la crisis que vive el país. Y seguiremos trabajando por recuperar la democracia.

-¿Cuál es el balance que hace luego de lo vivido?

EZ: Creo que cuando empecé a hacer las denuncias de los tratos crueles e inhumanos a militares, me la rifé. Lo demás creo que es un agregado para poderme someter a la prisión. Yo toda la vida he defendido los derechos humanos. Quizás, me reclamo no haber sido lo suficientemente exitoso en esta prédica, en este credo.

-¿Qué fue lo primero que hizo al llegar a su casa y qué fue lo que más extrañó?

EZ: Abrazar a Rita, quien es como una mamá que me atiende. Fue lo primero que hice. Extrañar pues, el calor de mi familia, la comida de Rita y de Sobella.

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