Figura política que despierta pasiones, “el Gocho”, CAP o simplemente el presidente Pérez, personificó dos etapas de la política en Venezuela, dos momentos estelares, de los cuales aún se buscan elementos para su comprensión y justa valoración

Atento a cada planteamiento del periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, seguro de sus respuestas, calmado y en cierta forma hasta confiado, Carlos Andrés Pérez precisó, en una entrevista que se registró el 14 de marzo de 1993, algunas características que lo definieron como una figura política de relevancia dentro y fuera de Venezuela.

«Yo soy un político con una larga lucha. He vivido todas las contingencias que en América Latina tuvimos que vivir los hombres que nos hemos dedicado a la lucha por la libertad y la democracia. He sido perseguido, preso (…) me he curtido en esa lucha y cuando asumí la segunda vez en el gobierno, sabía que iba a enfrentar a una gravísima situación, desde luego no podía llegar a pensar que llegara a los extremos a los que ha llegado», así resaltó algunos rasgos de su propio perfil el entonces primer presidente de Venezuela con un segundo mandato, cuyo periodo de gobierno comenzó en 1989 y que terminaría antes de lo previsto.

«Lo único que no han podido es asesinarme», dijo entonces en esa misma entrevista quien además era uno de los principales líderes del partido Acción Democrática (AD). Sin preverlo, a Pérez todavía le faltaría presenciar, en su curtido tránsito por la política venezolana, su propia muerte política, tras conocerse la decisión de la Corte Suprema de Justicia que, por mayoría, acordó procesarlo por corrupción en mayo del 93.

«Si no abrigara tanta convicción en la transparencia de mi conducta que jamás manchará mi historia, y en la seguridad del veredicto final de justicia, no tengo inconveniente en confesar que hubiera preferido otra muerte», destacó Pérez, con voz quebrada, en el que fue su último discurso a la nación como presidente.

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Transcurridos 29 años de aquel contexto político, y a propósito del centenario del nacimiento del expresidente Pérez, quien nació en Rubio (estado Táchira) en 1922 un día como este jueves, 27 de octubre, las advertencias del entonces primer mandatario nacional, en las últimas horas de su ejercicio como figura política estelar, pasaron de ser alertas desoídas a una pieza del rompecabezas del presente, aún en medio de la mayor crisis política de la historia venezolana.

Las cuotas de responsabilidades aún se discuten, así como los juicios en torno a la figura política de Pérez.

«Ojalá que nos sirva la lección de esta crisis. Que se inicie una rectificación nacional de las conductas que nos precipitan a impredecibles situaciones de consecuencias dramáticas para la economía del país y para la propia vigencia de la democracia que tantos sacrificios ha costado a nuestro pueblo», deseó Pérez en su última alocución en mayo de 1993.

Carlos Andrés Pérez durante su primer mandato, en la década de los 70. Foto: Diario español ABC.

CAP, político e histórico    

Si el desenlace del mandato de Pérez fue, en cierta medida, inesperado y con consecuencias de gran alcance en lo político, económico y social, su llegada al poder no dejaría indiferente a ningún venezolano a partir de la década de los 70.

«Democracia con energía», esa fue la consigna política de la campaña de Pérez en 1973, cuando como candidato de AD se transformó en «ese hombre sí camina, va de frente y da la cara», como se oía en el jingle que le creó entonces Chelique Sarabia.

Pérez, con 52 años y 48,7% de los votos, llegaba así a un nuevo punto en su andar político, luego de trabajar junto a la principal figura de AD y del proyecto democrático venezolano, Rómulo Betancourt, desde 1945 y hasta el retorno de la democracia, pasando por la clandestinidad y el exilio para el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Giménez.

«El Gocho», como también pasó a ser conocido posteriormente, figuró como uno de los artífices de la derrota al movimiento subversivo de la guerrilla urbana durante la década de los 60.

«Era un hombre con un carisma muy particular, no dejaba a nadie frío. Estamos hablando de uno de los líderes políticos más importante que tiene la democracia venezolana. Las caminatas, los mítines, los actos en general, aquí en Venezuela no se había visto un líder popular que conectara con el pueblo como lo hacía Carlos Andrés Pérez y eso despertaba diversas reacciones», destaca Rafael Arráiz Lucca, historiador, ensayista y profesor de la Universidad Metropolitana.

Pérez en visita oficial al Palacio de Buckingham junto con la reina Isabel. Foto: cinco8.com

«Es un personaje vital de la política contemporánea. Yo lo de fino como un hombre encrucijada y es fundamental para entender el paso del país rentista y en desarrollo democrático, a la nación arruinada y autoritaria del presente. Eso también tiene mucho que ver con que Pérez no es una figura de una sola dimensión. Personifica lo bueno y lo malo de la política contemporánea», explica Fernando Spiritto, politólogo y coordinador de posgrado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab).

De La Gran Venezuela al Gran Viraje  

Son dos los momentos políticos para tratar de comprender la figura política de Pérez: la Gran Venezuela, con el Quinto Plan de la Nación durante su primer mandato de 1974 a 1979, y el Gran Viraje, un periodo de ajustes y reformas del Estado que signaron el convulso inicio de los 90 tras su llegada al poder en 1989.

«Algo que caracterizó al presidente Pérez fue su gran dinamismo y él quería imponer eso para comenzar a recuperar el tiempo perdido. Su primer gobierno se inicia en un momento en que el precio del petróleo se había ido a las nubes, subiendo de 3 a 14 dólares. De pronto al país se le triplicaba su ingreso en divisas y se creía entonces que todas las cosas que se debían hacer podían hacerse», recuerda Arnoldo Gabaldón, exministro de Obras Públicas durante el primer mandato de Pérez, y quien además firmó la Ley de Nacionalización Petrolera en 1975.

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El periodo de La Gran Venezuela estuvo marcado con hechos por aquello que prometía el slogan de la campaña de Pérez: democracia con energía. Es el momento del dinamismo en lo cultural y en lo económico, no solo en lo político. Todo parecía posible, incluido el desarrollo de la nación.

«En 1974, Venezuela tenía 12 millones de habitantes, o sea, es un país pequeño que empieza a recibir una cantidad inmensa de dinero y Carlos Andrés Pérez, de acuerdo con lo que se creía conveniente, inicia un proceso de estatización, muy en consonancia con lo que ocurría en la época, pues América Latina estaba en esa onda», refiere Arráiz Lucca.

Gabaldón, de 84 años, recuerda cuando Pérez, en marzo de 1975, anunció en el entonces Congreso Nacional el inicio de la construcción de la primera etapa del Metro de Caracas.

«Todas las fracciones y todo el Congreso se puso de pie para aplaudir aquello, fue algo realmente llamativo. Ese gobierno se planteó dar saltos importantes. Por ejemplo, hoy la mayor parte de las capitales regionales tienen como fuente de agua los acueductos que se construyeron en esa época», agrega el también exministro de Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables durante el primer mandato de Pérez.

Fue la estatización una tendencia en la región en ese momento, un elemento protagónico durante el primer gobierno de Pérez. Además de la nacionalización de la industria petrolera, se concretó la del hierro, así como el establecimiento de las empresas básicas de Guayana.

«Exacerbó el estatismo con sus respectivas consecuencias de deuda. No manejó bien el boom petrolero de los 70 y el resultado quedó evidenciado en los desequilibrios macroeconómicos posteriores. La acción de Pérez, con el Quinto Plan de la Nación, limitó el mercado, fundamental en el desarrollo de cualquier país», añade Spiritto.

Mientras el dinamismo y la energía de Pérez en la década de los 70 irrumpía en todos los ámbitos de la nación, de aquella denominada Venezuela saudita, la escena internacional también sería un predio familiar para el incipiente líder de la socialdemocracia venezolana, un modelo idóneo de la tesis del Nuevo Orden Económico Internacional.

«Pérez fue uno de los primeros políticos de Venezuela que entonces tuvieron una vocación internacional, fue un político con real peso internacional, eso le dio una proyección a él y al país muy interesantes», refiere Spiritto.

Pérez con el presidente estadounidense Jimmy Carter. Foto: convri.com.ve

Esa proyección de Pérez le valdría el reconocimiento de la Internacional Socialista, de la que fue vicepresidente junto con líderes como Willy Brandt.

El fin del primer mandato se acercaba y con eso los cuestionamientos y los señalamientos por irregularidades, entre las que destacó, ya con Pérez fuera del poder, los referidos a la embarcación refrigerada Sierra Nevada.

«Dada la abundancia de recursos con los que contaba el país, se iniciaron demasiados proyectos de los cuales algunos no estaba asegurada su viabilidad y se volvieron erróneos. Además, donde hay abundancia de recursos, pues tienden a colarse los pillos, sin embargo, en línea generales fue un gobierno muy decente», concluyó Gabaldón.

La “soterrada conspiración civil”

Pasarían 10 años para que Pérez retornara al poder, en 1989, en un contexto social distinto al del final de su primer mandato. La escena política en 1993 la resumió así Plinio Apuleyo Mendoza en la entrevista que le hizo a Pérez en el propio Palacio de Miraflores, transmitida por la planta estatal Venezolana de Televisión cuando se cumplió un año de la intentona golpista liderada por Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992.

«Todavía en la antesala de su despacho se ven las perforaciones que dejaron los balazos, los insurgentes alcanzaron a llegar hasta ahí, a pocos metros de su escritorio. Recordemos las tormentosas situaciones que ha debido enfrentar el gobierno del presidente Pérez: en primer término, el Caracazo, a los pocos días de haber tomado posesión; luego la tentativa del 4 de febrero y el 27 de noviembre volvió a repetirse una nueva intentona golpista. Por otra parte, el presidente ha debido enfrentar una oposición muy fuerte que ha tratado de obtener su renuncia o al menos recortar su mandato», así resumía la situación el periodista y escritor colombiano.

Pérez y Ricardo Haussmann, entonces ministro, en el Foro Económico Mundial en la década de los 90. Foto: venciclopedia.org.

El retorno de Pérez al poder, en 1989, comenzó con cuestionamientos por el acto de su toma de posesión que, por primera vez, se celebraba fuera del Congreso. La Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño fue el escenario escogido para lo que los adversarios políticos de Pérez calificaron de coronación, por la cantidad de jefes de Estado y figuras internacionales que acudieron al evento, incluido Fidel Castro.

La periodista venezolana Mirtha Rivero, autora del best seller nacional sobre la salida de Pérez de la presidencia, La rebelión de los náufragos (2010), precisa detalles sobre la toma de posesión del líder adeco. «Hubo banquete, para el cual se cocieron doscientos corderos, veinticuatro piernas de res y se destaparon mil doscientas botellas de whisky. No quedó registro de las garrafas de vino».

El Gran Viraje fue el programa de reformas económicas ideado entonces por el grupo de tecnócratas jóvenes como Moisés Naím, Ricardo Haussmann y Miguel Rodríguez, para tratar de corregir, no sin sacrificios generales para la población, los desajustes macroeconómicos que vapulearon a la economía venezolana sin llegar si quiera a un nivel cercano al colapso económico de dos décadas más tarde con el chavismo.

Entre las medidas, destaca la privatización de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv), por 1.885 millones de dólares. «Tenemos que disminuir el tamaño del Estado. Tenemos que reducir las empresas básicas. De manera que la privatización va hacia aquellas empresas que están en manos del Estado y que el Estado no tiene porque administrarlas ni conducirlas», así explicaba Pérez sus medidas a principios de los 90.

La confianza en su propio liderazgo, la sobreestimación de sus capacidades y aceptación popular, así como la subestimación de lo que podían hacer quienes no deseaban verlo en el poder, pasando por los obstáculos dentro del propio AD, son algunos de los elementos que resaltan en los análisis políticos del momento.

«Carlos Andrés Pérez no supo medir el descontento popular de los 80. Pese a ser un político avezado no le llevó el pulso al país durante esos años. No le dio su justo espacio a la conspiración militar y eso hizo que los intentos golpistas lo agarraran por sorpresa. Subestimó la tensión acumulada durante esos años, cuando el país perdió gran parte del ingreso per cápita. Muchos pensaron que con Pérez volverían los buenos tiempos y él no fue capaz de lidiar con eso», explica Spiritto.

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¿Qué estaba detrás de la inacción de Pérez, de su propio sacrificio político? Es algo que hasta el momento no tiene una respuesta rotunda.

«Hubo una componenda política entre diversos factores: los llamados notables, la izquierda, algunos sectores económicos que se veían afectados por el programa de gobierno del 89, y yo tengo la impresión de que Carlos Andrés Pérez no hizo todo lo que podía hacer para que eso no ocurriera, ahí entramos en un terreno psicológico. Es algo que para mí es un enigma», sostiene Arráiz Lucca.

Quienes conocieron a Pérez destacan su carácter, incluso en los momentos más tensos como los vividos en el seno de su propio partido.

«El temple de Carlos Andrés Pérez era formidable, no se amilanaba con nada, pero no valoró la gravedad del intento de golpe del 4 de febrero. Yo mismo no había concebido que ese fuera un traspié tan grave, pero, pensando de forma retrospectiva, él no actuó con la habilidad política, con la conciencia de que estaba en una situación muy grave y de que había un repudio general, además, de algunos personajes que estaban dentro de Acción Democrática en ese momento», añadió Gabaldón.

Las autoridades condenaron a Pérez a dos años y cuatro meses de prisión por el envío de una misión de seguridad a Nicaragua para la protección de la entonces presidenta Violeta Chamorro. Fue absuelto del cargo de apropiación indebida de recursos públicos, mientras que el comité directivo de AD lo expulsó del partido en 1994.

El hombre familiar

Más allá de la dimensión política de Pérez, el recuerdo de su actuación como figura pública no puede desligarse de las valoraciones de parientes, allegados, así como de simpatizantes o no de AD, e incluso de sus adversarios políticos, sobre su calidad humana, un elemento clave para comprender la popularidad que logró cimentar a lo largo de los años que estuvo en el poder y fuera de ese círculo.

A Pérez le gustaba ver novelas de época, esas producciones en las que destacan los brasileros como notables artífices, según recuerda su hija Carolina Pérez Rodríguez, quien resalta en entrevista con El Pitazo que su padre era un hombre solidario y familiar, amante de la naturaleza.

«Para él, que era una persona realmente solidaria, la familia tenía un valor muy grande. Imagínate tener 12 hermanos y el montón de sobrinos que eso significa. Por eso le encantaba tener almuerzos inmensos los domingos para compartir así con toda su familia», explica Pérez Rodríguez vía telefónica.

Pérez, según el recuerdo de su hija, cargaba con su libreta negra para anotaciones diarias, la misma que le servía para apuntar cualquier cantidad de compromisos como cumpleaños y bautizos a los que era invitado de forma imprevista y a los que acudía, sobre todo en Táchira y Miranda.

«Muchísimas veces me tocó acompañar a mis papás a cumpleaños, bautizos y a cualquier cantidad de celebraciones a las que invitaban a mi papá y él iba. Por eso mis padres tienen miles de ahijados, mi papá nunca le decía que no a nadie; él sacaba su libretica negra, lo anotaba y le decía a su secretaria».

El paso de los años sobre la perspectiva del caso que representa Pérez como hecho político permite que surjan nuevas y más completas lecturas, sin embargo, su hija advierte que más allá de la comprensión existente sobre la figura de su padre, aún queda un largo camino en la ruta de la reivindicación.

«En momentos como estos, de situación de confrontación, hay que destacar la persona de diálogo, abierta, que era mi papá. Nunca nos obligó a nada y nos hizo saber que no teníamos privilegios por su condición. Esa parte humana es lo que nos gusta resaltar porque ese respeto que él tenía hacia el ser humano, esos valores, son muy importantes y sus familiares somos así», agregó Pérez Rodríguez.

Carlos Andrés Pérez murió en 2010 en Miami, donde voluntariamente se exilió. 10 meses trasladaron su cuerpo a Venezuela, donde fue velado en la casa de AD. Sus restos reposan en el Cementerio del Este.

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