Programa de la ONU: 9,3 millones de venezolanos están en inseguridad alimentaria

De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, 11 estados de Venezuela registran índices de inseguridad alimentaria severa superiores a la prevalencia nacional

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Foto: Archivo

Uno de cada tres personas en Venezuela (32,3%) está en inseguridad alimentaria y necesita asistencia, de acuerdo con una evaluación publicada este domingo, 23 de febrero, por el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

De acuerdo con el diagnóstico, realizado entre los meses de agosto y septiembre de 2019, el porcentaje corresponde a cerca de 9,3 millones de personas, de las cuales 2,3 millones (7,9% de la población) se encuentra en estado de inseguridad alimentaria severa y 7 millones (24,4%), en condición moderada.

Para su estudio, la WFP recolectó información de 8.375 hogares distribuidos en los 24 estados de país, donde encontró que 11 entidades presentaron índices superiores a la prevalencia nacional de inseguridad alimentaria severa. Las más graves son Delta Amacuro (21%), Amazonas (15%), Falcón (13%), Zulia (11%) y Bolívar (11%).

«La evaluación muestra que la inseguridad alimentaria es una preocupación nacional. Incluso en los estados con los índices más bajos de inseguridad alimentaria, incluyendo a Lara (18%), Cojedes (19%) y Mérida (23%), se estima que, aproximadamente, 1 de cada 5 personas está en inseguridad alimentaria», señala el texto publicado.

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Según los indicadores utilizados, se considera a una persona en situación de inseguridad alimentaria severa cuando sufre de extremas brechas en el consumo de alimentos, es decir, no puede suplir sus necesidades esenciales sin agotar sus medios de vida o utilizando estrategias atípicas. Por su parte, se considera moderada cuando el individuo, a pesar de tener aún una brecha significativa en su consumo, puede satisfacer medianamente sus necesidades alimentarias con estrategias de afrontamiento irreversibles.

Para calcular la prevalencia, es decir, la proporción de individuos con esa condición, la WFP se basó en una serie de factores en sus cuestionarios, como patrones de consumo de alimentos, estrategias de sobrevivencia de medios de vida y consumo, así como la vulnerabilidad económica. En este sentido, hallaron que para el momento de la encuesta, las familias venezolanas todavía podían cubrir sus necesidades fundamentales, «pero al gran costo de sacrificar sus bienes y arriesgar sus medios de vida«.

Igualmente, la evaluación resaltó la poca diversidad en la dieta del venezolano, marcada por un bajo consumo de carnes, huevo, vegetales y frutas, por debajo de las tres veces por semana, en contraste con legumbres, como las lentejas y caraotas, o raíces y tubérculos, los cuales se consumen a diario.

«El 74% de las familias ha utilizado estrategias de sobrevivencia relacionadas con el consumo de alimentos reduciendo la variedad o calidad de la comida; el 60% de los hogares reportó haber reducido el tamaño de la porción de sus comidas», señaló el programa de la ONU, que agregó que para sobrevivir, 33% de las familias han aceptado trabajos a cambio de comida y 20% ha vendida bienes familiares para cubrir los gastos del hogar.

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Caída del poder adquisitivo

La evaluación de la WFP señala la hiperinflación como las principal causa de la pérdida de capacidad de consumo del venezolano. Indicó que 59% de las casas consultadas no tiene ingresos suficientes para comprar comida, mientras que 65% tampoco puede comprar otros artículos esenciales, como productos de higiene, ropa y calzado.

Respecto a las formas de traer dinero al hogar, casi un tercio de los encuestados denunció haber perdido totalmente su única fuente de ingresos, bien sea por el cierre de su negocio o la pérdida de su empleo; mientra que 51% expresó haber experimentado también reducciones en su salario.

Bajo este panorama, 18% de los consultados manifestaron a la organización que dependen del Estado para sobrevivir, bien sea por asistencia gubernamental o sistemas de protección social; es decir, bonos, cajas de comida y demás programas sociales dirigidos por el Gobierno. El éxodo de venezolanos también se ha convertido en la principal fuente de sustento para muchos hogares, quienes se mantienen gracias a las remesas enviadas por algún familiar en el extranjero. Este último factor es considerado preocupante para la WFP, pues se traduce en una pérdida progresiva de capital humano para el país debido a la fuga de profesionales y trabajadores cualificados.

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