Dos dirigentes sociales y dos miembros de una comunidad indígena fueron asesinados en 2022, en este sector de la frontera colombo-venezolana. Ellos protestaron contra acciones de guerrilleros y militares. Este reportaje forma parte de la alianza de Ipys-Venezuela y El Pitazo, en el contexto del proyecto Radio Democracia

En Puerto Páez se siente el miedo. La presencia de irregulares colombo-venezolanos y de miembros de la Fuerza Armada Nacional obligan a los habitantes de este pueblo del estado Apure a susurrar sus denuncias con identidades reservadas, por temor a correr la misma suerte de cuatro personas asesinadas en 2022 por denunciar a guerrilleros y militares.

Este sector, enclavado en la frontera colombo-venezolana, es una encrucijada de caminos, esteros, sabanas y ríos por donde pasan, desde su fundación, grandes cantidades de ganado y mercancías. Por su ubicación geográfica es una región estratégica para el país. 

Para llegar a Puerto Páez, desde Caracas, son necesarias ocho horas de viaje, atravesando las extensas llanuras que se hacen eternas de los estados Guárico y Apure. 

Al tomar la carretera desde San Fernando hacia Puerto Páez se debe atravesar ríos, médanos, largas playas fluviales, lagunas, pequeños tepuyes, esteros, grandes terrenos ganaderos y largos bosques. 

El pueblo se llamó primero Santa Bárbara de Caribén, desde que fue fundado por misioneros capuchinos, en el siglo XVIII. 

Lograda la independencia, cambió de nombre en honor al general José Antonio Páez, quien usó esta zona y sus hatos como lugar de escondite durante la guerra de emancipación y como sitio de vacaciones al término de la misma.

En el siglo XX, los grupos subversivos que luchaban contra la dictadura de Juan Vicente Gómez utilizaron la zona de Puerto Páez para la lucha por la democracia.

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Durante la presidencia de Jaime Lusinchi se construyó en el pueblo la urbanización José Antonio Páez. José Benigno Rojas, habitante del pueblo nos cuenta: “Esta obra dividió al pueblo en dos. Los habitantes de Puerto Páez llaman a esta urbanización Pueblo Nuevo, porque con él se dejó de construir en las orillas de los ríos y se comenzó a formar el nuevo pueblo al lado del aeropuerto”. 

Durante la segunda mitad del siglo XX, la zona de Puerto Páez fue una región productora de algodón. Por sus características geológicas, en esta zona se produce el mejor algodón del país. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de empresarios privados y del Gobierno nacional esta actividad fue abandonada. 

El poblador Rafael Zerpa manifiesta: En los últimos 20 años, en Puerto Páez funcionó la empresa Maderas del Orinoco. Este proyecto fue ideado por el gobierno de Hugo Chávez y buscaba sembrar maderas, principalmente de Samán y Saladillo, para la exportación y el uso nacional”. 

Luis Cuervo, alcalde del municipio Pedro Camejo, menciona que el programa buscaba generar empleos a la población de la zona con la siembra de nuevos bosques madereros que colaboraran con la producción y la industria nacional. “Entre los años 2010 y 2014 se sembraron más de 2.750 hectáreas de Acacia, 900 hectáreas de eucalipto y 400 hectáreas de saladillo, pero el abandono de los terrenos, luego de su siembra, hizo que esta inversión colapsara con los incendios forestales propios del Llano en la época de sequía y, con ello, se quemaron más de 3.000 hectáreas de bosques que habían costado más de 32.000 millones de bolívares al país”. 

Los habitantes de Puerto Páez viven con dos temores. Las crecientes de los ríos Orinoco y Meta en las épocas de lluvias y las constantes incursiones de grupos irregulares en la zona. 

El alcalde Cuervo menciona que “debido a que está en las orillas del Meta por un lado y el Orinoco por el otro, Puerto Páez sufre cada año los embates de las crecientes de ambos ríos que entran en las calles del mismo y sacan a sus pobladores del pueblo viejo y los arrojan a las zonas altas del pueblo al otro lado del aeropuerto”. 

El otro problema es la violencia reinante en la zona fronteriza con Colombia. En Puerto Páez, la cercanía con Colombia se ha convertido en una tragedia… más que en una ventaja. La inseguridad y la violencia se volvieron leyes y normas de control en la zona. Pocos se atreven a dar a conocer los problemas que enfrentan por el solo hecho de vivir en una región limítrofe con Colombia.

Asesinados por protestar

Un vocero que nos solicitó reservar su nombre por temor a las represalias de grupos insurgentes y gubernamentales nos refiere que “en Puerto Páez ya no vale acudir a los órganos de seguridad del Estado para pedir defensa ante las amenazas que se presentan”. 

A inicios del año 2022 fueron asesinados dos líderes sociales del pueblo, José Urbina y Juan de Dios Hernández, así como dos miembros de una comunidad indígena que no fueron identificados. Los homicidios de estas personas ocurrieron luego de organizar actividades de protesta por las condiciones de abandono en las que viven los habitantes de Puerto Páez. 

El mismo vocero indica que “por el hecho de vivir en Puerto Páez ya sus habitantes parecieran tener un castigo seguro. La existencia de grupos irregulares, el contrabando y el irrespeto al Estado de Derecho son problemas en el día a día”. 

“Vivir en Puerto Páez es quedar sembrados en la nada y quienes continúan en el pueblo son los viejos y los indígenas que se niegan a dejar sus territorios ancestrales”, agrega el dirigente social. 

Según el vocero, “el pueblo fue abandonado y no tiene posibilidades de supervivencia en el futuro. Si las cosas siguen así, Puerto Páez, dentro de 30 años, será un pueblo fantasma”. 

El paisaje de Puerto Páez muestra una enorme pampa y los rayos del sol reinan en la llanura, en medio de la violencia, de las aguas que inundan el pueblo y del abandono de sus tierras, el pueblo se resiste a morir y sigue esperando, como diría Gallegos en su obra: “¡Llanura venezolana! ¡Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera!…”

Créditos del podcast:
Producción: El Pitazo para Ipys-Venezuela
Narración: Valentina González | Edición de audio: Luis Magallanes | Coordinación: César Batiz

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