Toque de Diana | En Venezuela no sabemos nada…

Sé que por estos días, en la mañana, uno enciende la radio con la misma urgencia con la que muchas veces abre Google: buscando respuestas a miles de preguntas que nos permitan finalmente tomar decisiones. Pero a veces lo único que se puede hacer para sacar conclusiones es irse a los hechos

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Foto EFE

Lo único que sé es que no sé nada y que ojos vemos, pero corazones no sabemos.

Como el filósofo griego Sócrates, ser conscientes de nuestra propia ignorancia es lo que conduce a la sabiduría. Aunque el camino a la sabiduría hoy no importa tanto como el abierto y espacioso mirador donde nos ubica la indecente duda acerca de los últimos acontecimientos en el país. Hay que asumirlo. No sabemos nada.

Sé que por estos días, en la mañana, uno enciende la radio con la misma urgencia con la que muchas veces abre Google: buscando respuestas a miles de preguntas que nos permitan, finalmente, tomar decisiones. Pero a veces lo único que se puede hacer para sacar conclusiones es irse a los hechos.

¿Y cuáles son los hechos? ¡Qué duro, duro porque los hechos compiten entre ellos! Pero aquí vamos:

El preso político más valioso para el régimen de Maduro ya no lo es. Salió de su casa por cárcel y ahora se encuentra en calidad de huésped en el domicilio en Caracas del embajador español. Que si fue indultado o que si se fugó, a estas alturas son excusas para perder el tiempo y distraernos de una sola realidad: Leopoldo López ya no está preso y a partir de allí también habrá que comenzar a sumar cuando usted quiera apresurarse a sacar conclusiones acerca de lo que pasa y podría pasar en Venezuela en los próximos días.

Este es uno de los acontecimientos más importantes y determinantes, sobre todo porque ha empujado a España, recién salida de unas elecciones en las que gana el presidente socialista Pedro Sánchez, a tener que ocuparse ya no solo del tema Venezuela en sí, sino además de Leopoldo López, y el vocero de su Gobierno ya ha tenido que pronunciarse para decir que no van a entregar al coordinador de Voluntad Popular a las autoridades venezolanas, a pesar de que pesa sobre él una nueva orden de detención.

¿Que si esta posición pondrá en algún momento a pelear y a negociar a tres o cuatro socialistas… Maduro, López, Sánchez y “el Coletas” Pablo Iglesias, que está con Podemos en plenas negociaciones con el Psoe en España? Pues ya se verá. ¿Que si es un arroz con mango? Pues lo es, tío, uno de los platos típicos de la política venezolana, que si no lo habíais probao, pues aquí está. Sentaos y coméoslo todos con calmita y un vasito de soda a la mano porque en Venezuela nos hemos liado como pocos esta semana.

El otro hecho es que Maduro sigue allí. Él tardó en aparecer el 30 de abril; tardó unas 16 horas, más o menos. Que si estuvo a punto, que si no, que si se lo pensaba, que si no, que si casi casi, que se montó en el avión, pero que si el Gobierno ruso lo atajó del pantalón…, pues algún día se sabrá. La cosa es que al final del día encadenó y habló, y sigue allí. Es más, no solo sigue allí, sino que salió ayer temprano hablándole al país rodeado de uniforme verde. Y con ojeras y cara de preocupado, eso sí. Que también el semblante de uno es un hecho, ¿no?

¿Y quién durmió completo en estos días? ¿Quién? Si usted no durmió completo, ¿va a pretender que Maduro lo haya hecho? ¿Quién, además, pensando hora tras hora en este otro hecho?

Poder saber lo que el otro ha estado pensando. Sospechosos habituales… ¿Vieron esa película alguna vez? Es una película estadounidense de 1995, escrita por Christopher McQuarrie (quien ganó un Oscar al mejor guion original por este trabajo) y dirigida por Bryan Singer. Fue protagonizada por Kevin Spacey (Oscar al mejor actor de reparto), Gabriel Byrne, Stephen Baldwin, Benicio del Toro y Kevin Pollak.

El film, con un presupuesto de cuatro millones de dólares, no fue muy bien recibido en las salas de cine durante su lanzamiento, pero fue atractiva para muchos seguidores del género de crimen/drama y es considerada una película de culto.

Para no hacerle spoiler lo que puedo decirle —si es que acaso usted no la ha visto ya, a pesar de ser tan vieja— es que en esta magistral película, o será mejor decir en “esa” película, pues nadie confía en nadie.

Eso es algo parecido a lo presente, cuando ya algunos quedaron con plomo en las alas. Quizás en estos momentos, aquí en Venezuela, tengamos posibilidades de estrenar una segunda parte de este film para darle un giro a la trama y llevarla más a lo político.

¡Quién tuviera el don de la telequinesis! Ese don se desea en el Ejecutivo. ¿Cómo se garantizan las lealtades? ¿Es que acaso no solo era con dinero y poder? ¿Pero de qué sirve el poder y el dinero cuando no se es libre para poder disfrutar de ellos?

El otro hecho contundente y el más lamentable de todos…

Al menos cuatro personas fallecieron en las protestas. Dos menores de edad y otros dos jóvenes, de 24 y 29 años, fueron asesinados durante las protestas, luego del alzamiento militar que se produjo este martes. Hasta ayer, la cifra de fallecidos en las jornadas de protestas del 30 de abril y 1 de mayo de 2019, ascendía a cuatro. Una de las víctimas tenía 14 años. Otro menor de edad fallecido tenía 16 años.

En la noche del miércoles se confirmó el fallecimiento de Jurubith Rausseo, la joven, de 29 años, que recibió un impacto de bala en la cabeza cuando regresaba de su trabajo a la casa en compañía de su esposo. Mientras, en el estado Aragua fue asesinado Samuel Enrique Méndez, de 24 años, tras ser golpeado y haber recibido un disparo en el tórax.

Solo sé que no sé nada. Por eso algunos celebran a Santo Tomás, que tuvo que tocar las llagas para creer. No obstante, si uno valora lo presente y contrasta los hechos, ¿qué diría usted sobre lo que se podría prever más allá de la fe y de la esperanza que pudiésemos tener en un cambio de nuestro acontecer? Me salió un verso sin esfuerzo.

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