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viernes, 4 diciembre, 2020

Solo quedan ruinas del Club Bajo Grande de Pdvsa en Zulia

El centro social y deportivo, en otrora considerado en el Zulia una perla de Pdvsa, está desvalijado y abandonado. Las piscinas son criaderos de zancudos y la maleza ganó terreno

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Maracaibo.- Lo que era un lugar de recreación y esparcimiento para trabajadores y empleados de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), es ahora solo ruinas. Justo al lado de la Refinería Bajo Grande, considerada una de las más importantes del país, el Club Bajo Grande parece un monumento a la destrucción.

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La destrucción de las instalaciones la lamentan los habitantes del municipio San Francisco en el estado Zulia, recuerdan cuando en jornadas y atención a las comunidades también podían visitar el club.

Parte de la cerca perimetral del club ya no está. Los vidrios de las puertas y ventanas están rotos en el piso y los árboles secos y destruidos, algunos con espinas. Hay culebras y escombros que amenazan a quienes entran porque pueden contarse o lastimarse. Lo que antes había en las áreas comunes es solo destrucción. La piscina vacía y sucia, los bohíos destrozados.

Las chanchas deportivas desaparecieron en medio del monte. Hurtaron el cableado y la iluminación. Los ladrones se llevaron hasta los marcos de las puertas y de las ventanas.

Los habitantes de los sectores cercanos al club recuerdan que en el lugar se presentaron agrupaciones musicales, se celebraron cumpleaños, planes vacacionales, aniversarios, reuniones, entre otras actividades. Las áreas de juegos de mesa como pool, las canchas de voleibol, basquet, futbol, bolas criollas, piscina, bar, restaurant, escenario para bailes, bohios y estadio de beisbol, eran escenarios de tertulias cada semana. De eso ya no queda nada.

El Club Bajo Grande era una obra del arquitecto haitiano Marie Philippe Fortuney, formado en la Universidad del Zulia de acuerdo con el Diccionario General del Zulia y ahora es solo ruinas.

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En el sector, los vecinos pidieron anonimato por temor a represalias, detallaron que a partir del año 2013 aproximadamente, comenzó el ocaso del club. La mala gerencia del lugar, aseguran, fue su destrucción. 

Los vigilantes que cuidaban las instalaciones se fueron al igual que funcionarios militares.

Cuentan los testigos que del lugar «se llevaron como 100 aires acondicionados, mesas de pool, cocinas de acero, neveras, frezzer y transformadores, en las propias camionetas de Pdvsa».

En el inventario del desastre se  ven los techos desmantelados, los postes en el suelo, las duchas y baños dañados, se llevaron tuberias, los tubos de algunos bohios. Las dos piscinas: una para niños y otra para adultos, solo quedaron para criaderos de zancudos por el agua que se empoza cada vez que llueve.

En el estacionamiento crece monte, los letreros permanecen rotos o tirados en el suelo y la garita está desmantelada. En la parte trasera, donde corrian los niños, hacían actividades educativas y de esparcimiento, los derrames de petroleo en el Lago de Maracaibo matan la poca vida que queda en el lugar.

Aunque casi exclusivamente quienes disfrutaron de las instalaciones fueron los trabajadores de Pdvsa y sus familiares, vecinos extrañan el club y piden a las instutuciones, entre ellas a Pdvsa, al gobierno municipal, regional y al nacional, que recuperen los espacios y los pongan el servicio de la educación, del deporte y del entretenimiendo colectivo.

Con información de Francisco Rincón

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