Los vecinos de esta barriada en el sector El Campito, de Petare, tienen dos años viendo como sus casas sufren derrumbes parciales y se mueven debido a una supuesta filtración de aguas negras que socava el terreno. 60 familias están en riesgo

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Mientras vas rodando no lo notas, pero cuando te bajas y caminas te das cuenta que las casas de la calle principal de El Encantado en el sector Santo Niño de El Campito, en Petare, están inclinadas.

Al principio no se ve, pero basta bajar un par de escaleras o recostarse de alguna de las paredes para sentir que las estructuras de las grandes casas de la calle principal están a punto de colapsar. Escaleras y columnas están atravesadas por grietas y en los pisos hay levantamientos del terreno que hacen que la cerámica se levante en forma de montaña y forme pequeños volcanes dentro de las viviendas.

Y la única pista que tienen de una posible causa es un hilo de aguas negras que atraviesa todo el barrio y que ellos mismos desviaron con una canal improvisada para mitigar los daños. Las fracturas comenzaron a aparecer hace dos años, pero en los últimos meses algunas familias vieron como sus casas empezaron a mostrar síntomas de un posible derrumbe y algunos incluso se vieron obligados a desalojar por los efectos continuos del corrimiento de tierra.

Aunque Protección Civil acude constantemente a la zona para “revisar” los daños que crecen a diario, los vecinos aseguran sentirse solos ante la amenaza de quedarse sin casa, o peor aún, que sus viviendas se derrumben con ellos dentro y pueda ocurrir una tragedia.

Jonathan Serrano ya no sabe a quién llamar. Su casa está llena de grietas por todas partes, se han levantado las cerámicas y ha tenido que vaciar cemento sobre algunos huecos. Los bomberos acudieron a su residencia y dejaron testigos aéreos y en el suelo (un mecanismo para medir el corrimiento del terrero). “Ellos vuelven para revisar, pero no ofrecen ninguna solución”, dijo Jonathan.

“Nosotros hemos ido para que nos ayuden, para que nos asignen viviendas, pero no pasa nada. Protección Civil solo viene a hacer reportes…Somos más de 60 familias afectadas por derrumbes que causan las aguas negras, todas las casas se están deslizando y estamos en alto riesgo”, contó Jonathan.


Lo peor es escuchar que las paredes crujen como una galleta, sobre todo cuando llueve

Isidra

El vecino dice que quienes han tenido que salir de sus casas lo han hecho porque ya sus viviendas se derrumbaron parcialmente y ahora están arrimados, pues no cuentan con recursos para comprar nuevas casas.

Este barrio data de más de 40 años de antigüedad y en él viven más de mil familias. Algunas de las propiedades en la calle principal de El Encantado, donde se presentan los deslizamientos, tienen hasta cinco pisos de alto, lo que genera aún más preocupación entre los habitantes de Santo Niño, pues el derrumbe de alguna podría provocar un deslizamiento masivo y tapiar viviendas que están en la parte baja.

No hay respuesta

Al menos 60 familias de Santo Niño tienen documentos avalados por los bomberos y Protección Civil en los que se declaran sus residencias en alto riesgo. Los que cuentan con esta credencial dicen que la respuesta del Ministerio de Vivienda y de las demás autoridades es que no hay refugios para atenderlos y mucho menos casas que asignarles.

Isidra María Vargas es otra de las afectadas por la situación; su casa de tres pisos sostiene lo que queda de la vivienda de sus vecinos que se derrumbó parcialmente. Isidra asegura que los bomberos le explicaron que, si los escombros no son derribados de manera controlada, se podría generar una tragedia en su propio hogar en el que viven nueve personas, seis de ellas menores de edad.

Para Isidra “lo peor es escuchar que las paredes crujen como una galleta, sobre todo cuando llueve”. La señora contó que tiene 44 años en la comunidad y lo que menos quisiera es perder su vivienda.

“No tengo dinero, ni material y yo lo único que pido son soluciones. Yo sé que la vida es problemática para todo el mundo pero yo ya soy de la tercera edad y esperaba vivir mi vejez en esta casa y ahora mira”, comentó la señora Isidra. Ella tapa las grietas que aparecen en sus paredes con sábanas y cortinas porque asegura que “le perturba” verlas y le parece que son un recordatorio de que se puede quedar sin vivienda.

En la zona ya hay al menos tres casas inhabitadas y con derrumbes parciales de sus espacios, no solo en la calle principal, sino en las escaleras de El Mango y otros sectores del mismo barrio. Muchos de los vecinos viven como si estuvieran en una mudanza permanente o hacinados en los espacios de las casas que aún no han sido tocadas por esas aguas negras a las que los vecinos acusan de robarles la paz.


Nosotros hemos ido para que nos ayuden, para que nos asignen viviendas, pero no pasa nada. Protección Civil solo viene a hacer reportes

Jonathan Serrano

Delmi Tarifa tiene 23 años alquilada en la planta baja de una edificación de Santo Niño y desde hace tres meses empezó a recoger sus cosas y a mudarlas de habitación para intentar ganarle a las fallas del terreno que se muestran en la casa, pero ellas han sido más rápidas y ahora ella, su hija y su esposo están hacinados en un cuarto en el que la cama ya está de lado porque el piso se alzó y creo una montaña dentro del espacio.

Su baño tiene una gran grieta que lo atraviesa, las paredes muestran fracturas en todas partes y Delmi dice que ya deben desocupar la cocina porque el piso comienza a levantarse. “Yo estoy recogiendo pero es con la esperanza de irme, aunque no tengo para donde. Le pedí al casero que me pasara a una casa de arriba y me dijo que no, ahora me dicen las autoridades que las diligencias las debe hacer el dueño y mientras tanto yo sigo aquí atrapada y en peligro”, contó.

Jonathan y su familia mantienen activa la lucha de todos estos vecinos por evitar un desastre en la comunidad. “Claro que me da miedo”, dice este joven cuando se le pregunta si le cuesta dormir en su casa y en ese barrio en las condiciones en las que se encuentra. Pero, como todos en la comunidad, asegura no tener dónde ir y recuerda que una de esas viviendas que hoy “se cae a pedazos” es el patrimonio, el esfuerzo de toda su familia”.

“Nosotros los único que pedimos es que vengan, que nos solucionen, que nos dican qué podemos hacer porque no es nuestra culpa que estas aguas podridas se lleven nuestra vida poco a poco”, rogó Jonathan.

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