Sexagenario y sus dos hijos menores sobreviven a la desnutrición en Guanipa

El albañil Geraldo Azacón, de 66 años de edad, presenta una marcada desnutrición, al igual que los dos hijos, de siete y cinco años, que tiene a su cargo. El hombre se quedó sin empleo en 2016 y habita en una humilde vivienda en el sector Colinas de San José, en Anzoátegui, donde los vecinos tratan en lo posible de garantizarle una comida al día

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La vivienda en la que habita la familia de Geraldo Azacón, está en pésimas condiciones. Foto: Nehomar Guerra

Guanipa.- Con signos de una marcada desnutrición, mirada perdida  y padeciendo de otras afecciones por su condición se encuentra Geraldo Azacón, de 66 años de edad. El hombre, a quien le cuesta levantarse de la cama, tiene a su cargo dos hijos, un varón de siete y una hembra de cinco años, quienes también padecen de desnutrición.

En una humilde vivienda ubicada al final de la calle Venezuela del sector Colina de San José de Guanipa, sur de Anzoátegui, habita esta familia, cuya madre padece problemas mentales —según lo declarado por los vecinos— y se la pasa en la calle.

Azacón, quien se dedicaba a la albañilería, con voz quebrada y lágrimas en los ojos contó que desde el año 2016 se quedó sin empleo luego de que terminó un proyecto enmarcado en el programa Transformación Integral de Hábitat (TIH) de la Gran Misión Vivienda en el municipio.

La crisis económica que existe en el país, y que se fue acentuando cada vez más, impidió al hombre conseguir otro cupo laboral, por lo que “mataba tigritos” limpiando patios o realizando cualquier otro oficio, los cuales dejó de hacer por la misma situación y por el deterioro de su salud. 

“Trabajo no hay, y yo no tengo a nadie; bueno, los vecinos y estos niños, porque la mamá no trabaja, no hace nada, se la pasa por ahí”, dijo Azacón.

El sexagenario, bastante afligido, agradece la ayuda que puedan brindarle, porque asegura que no tiene para comer y mucho menos dar a sus hijos.

Carlos Sequea, representante del Consejo Comunal, declaró que hace unos días se percataron de que Azacón no se asomaba ni a la puerta, por lo que decidieron ir a ver qué sucedía.

“Me llamó la atención, porque él siempre salía a ver qué conseguía, pero ya tenía varias semanas que no lo veía y cuando llegamos estaba tirado en la cama sin fuerza y los niños sucios y con hambre”, acotó.

Explicó que desde entonces comenzaron, entre todos los vecinos, a llevarle algo de alimento y hacer diligencias para que un médico lo examinara.

“Logramos que un médico viniera y le mandó a hacer unos exámenes de sangre y un eco abdominal para determinar alguna enfermedad aparte de la desnutrición”, dijo.

Sequea precisó que los niños también requieren evaluación médica y psicológica, por lo que pidió a las autoridades del municipio apartar las diferencias políticas y ayudar al sexagenario y sus hijos.

También pidió al Consejo de Protección de Niño Niña y Adolescente actuar, ya que los pequeños no están recibiendo educación; aunque el mayor está inscrito en una escuela, no asiste.

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