Salario mínimo no cubre expectativas de los margariteños

Desde 2017 la hiperinflación ha impactado en el poder adquisitivo del pueblo venezolano

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Los margariteños mantienen como alternativa económica el comercio informal

Karina Vásquez

El Gobierno nacional aprobó hace apenas algunos días un nuevo sueldo mínimo que se sitúa en 250. 000 bolívares mensuales, sin contar con el bono de alimentación, que no tiene incidencia salarial y que equivale a 2.5 dólares aproximadamente, de acuerdo con la tasa de cambio en el mercado paralelo venezolano.

La crisis económica en el país no da tregua y el Fondo Monetario Internacional proyecta que la inflación en Venezuela llegará 200.000% a durante los primeros meses del año 2020. Por esta razón, el mandatario neoespartano Alfredo Díaz, refirió que cada vez que el Gobierno central aumenta el sueldo se incrementa más la pobreza.

«La realización de elecciones presidenciales paralelas a las parlamentarias permitiría de una vez por todas definir el futuro de Venezuela, pues de lo contrario continuará esta crisis, que el Gobierno Nacional no va a poder solventar solo», señaló.

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Díaz hizo hincapié en que para poder solucionar la crisis económica, social y política, se necesita confianza y estabilidad, lo que a su entender, solo sería posible con el llamado a comicios para Presidente de la República, por lo que considera que ya es la hora de hacer la convocatoria.

De igual forma, el mandatario neoespartano reiteró que cada vez que el Gobierno nacional aumenta el sueldo mínimo se incrementa más la pobreza en Venezuela, pues un trabajador no puede sostenerse con el monto aprobado. El gobernante regional consideró que el Ejecutivo debe entender ya que debe dolarizar y permitir que los venezolanos tengan la oportunidad de pagar en divisas norteamericanas.

Por su parte, Hortencia Salaz, margariteña, aseguró que el salario mínimo solo le alcanza para comprar un cartón de huevos, entre tantos gastos que necesita realizar una persona para sobrevivir. «Este es un sueldo de comida para hoy y hambre para mañana», denunció.

Rafael Velasquez, comerciante informal, dijo que es discapacitado y con el salario que gana su papá no puede comprar los alimentos para las tres comidas diarias. Por ello se vio en la obligación de salir a las calles a revender cualquier artículo que ya no usen en casa y que todavía tenga vida útil para otras personas a precios módicos para el bolsillo de los interesados en adquirirlo. 

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