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jueves, 22 octubre, 2020

Obreros imparten clases en escuela rural de Maturín

Los representantes cerraron la Escuela Básica Luisa Jiménez de Canelón porque no hay pupitres, agua y luz, además, la comida llega con gorgojos y la leche produce diarrea en los estudiantes. Son 400 alumnos los afectados por las deficiencias en la infraestructura

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Maturín.- En la Escuela Básica Luisa Jiménez de Canelón, en Maturín, la ausencia de maestros se suple con los obreros. Se trata de una queja manifestada por un grupo de representantes de niños que asisten a esta institución, ubicada en Viboral, una población rural en la zona norte de la capital de Monagas, y que la mañana del lunes 14 de octubre fue cerrada por los mismos padres.

Cuando los maestros no vienen los obreros son los que dan clases y eso no puede seguir pasando porque primero no están capacitados y segundo porque no tienen la capacidad para dominar a un grupo de 30 niños”, dijo Liliana Villafranca, mamá de una niña que acude al liceo que también funciona en ese espacio.


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Los docentes se ausentan por distintas causas, desde el reposo médico hasta por no tener pasajes. La situación ha sido planteada en la Zona Educativa, pero no han obtenido respuestas. Villafranca asegura que esta es una de las distintas fallas que presenta el complejo educativo, donde no hay ni pupitres, ni iluminación ni agua.

Debido a la falta de pupitres, los estudiantes ven clases sentados en el piso. Algunos representantes, como Glexy Yánez, llegan temprano al salón de clases para guardarle un pupitre a su hijo. “Aquí si no se viene a las seis de la mañana para agarrar un puesto el muchacho tiene que sentarse en el suelo para estudiar”, mencionó. Glexy, además, cuenta que en ocasiones se impide el ingreso de alumnos a las aulas porque no tienen el uniforme; “esta es una comunidad pobre, si no tenemos para comer mucho menos tenemos para comprar ropa”, sentenció.

En las aulas faltan pupitres para que todos los estudiantes se sienten a escuchar clases | Foto: Jesymar Añez

El agua es almacenada en dos tanques, uno para el uso del colegio y el preescolar y el otro para el liceo. El líquido es multiuso: sirve para preparar alimentos y para echarle agua a los baños, que están colapsados. La falta de iluminación facilita los robos en la institución, donde algunos salones no tienen puertas porque no sirven.

Los representantes que decidieron cerrar la institución afirman que tienen cinco años esperando respuestas de parte de los entes gubernamentales a los que también han acudido pidiendo ayuda. Hace un mes recibieron la visita del alcalde de Maturín, el oficialista Wilfredo Ordaz, quien se comprometió con entregarles la pintura para mejorar la apariencia de la escuela, solo que aún no ha concretado la donación.

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Sobre la comida, Villafranca indicó que no es suficiente, pues solo alcanza para dos días en los que se sirve arroz con caraotas o pasta. Los insumos de este mes tenían gorgojos y así se los prepararon a los escolares; “la alimentación de los niños no está garantizada. La leche que traen es mala, da diarrea y cólicos”, se quejó.

Son 400 estudiantes los que se ven afectados por las condiciones de la infraestructura. Los representantes aseguran que no abrirán las puertas hasta que la Zona Educativa realmente se comprometa con mejorar cada una de las fallas, amenazan con cerrar la avenida Alirio Ugarte Pelayo para hacer presión.

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