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martes, 24 noviembre, 2020

En Maturín se gastan 17 salarios mínimos en 8 productos alimenticios

El trueque vuelve a ser parte de la cotidianidad en las comunidades de la capital de Monagas, donde también aseguran que las remesas son fundamentales para comer y comprar medicamentos. Los ciudadanos aseguran que el salario dejó de alcanzar una semana después de su aprobación

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Maturín.- En la capital de Monagas, Maturín, hacer un mercado sigue siendo cuesta arriba porque el salario mínimo solo alcanza para un paquete de arroz. Las familias necesitan 17 sueldos para comprar 8 productos de la canasta básica: un kilo de carne de res, un pollo, un paquete de harina de maíz, un kilo de pasta, otro de arroz, un kilo de queso, un litro de aceite y un cartón de huevos.

En esos artículos se gastan 7.165.000 bolívares en el mercado municipal de Los Bloques; 13,41 dólares, calculados a una tasa no oficial de 534.000 bolívares por dólar. La diputada de la Asamblea Nacional, María Gabriela Hernández, dijo este 2 de noviembre en sus redes sociales que los precios son mayores en los mercados periféricos de Maturín y en los otros 12 municipios del estado.

Joselyn Gutiérrez, ama de casa, dice que así como aumenta el dólar aumentan los precios de los productos de la cesta básica alimenticia al punto de que comprar carne o pollo resulta un lujo en la capital de Monagas. “En mi comunidad la gente ha optado por comer recortes de pollo porque es más barato”, mencionó Gutiérrez, quien reside en el sector Los Cortijos, de la parroquia Las Cocuizas.

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Esta mujer, madre de dos gemelos, indicó que en un mercado de 15 días gastan hasta 150 dólares y para obtenerlos su esposo debe rebuscarse entre la mecánica, la refrigeración y, cuando hay gasolina, las carreras en su taxi. Mencionó a El Pitazo que para comprar los alimentos recorre hasta seis establecimientos porque deben estirar los ingresos.

En la casa de Blanca Noguera, estudiante universitaria, la situación es similar. Su padre no tiene un ingreso fijo sino que depende de la paga que realiza por su trabajo independiente que lo obliga a tener 100 dólares quincenales en el bolsillo para adquirir carbohidratos porque las proteínas y los productos de higiene personal o de limpieza no están incluidos.

“La situación es más difícil para los educadores jubilados porque si comemos no nos queda dinero para comprar los medicamentos para la tensión”, expresó Minerva Hernández, maestra jubilada residenciada en la zona norte de Maturín. Su familia sobrevive por las remesas que mensualmente le envían sus dos hijas desde Argentina, pero quienes no tienen esa opción se valen del trueque para alimentarse.

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