17 pacientes psiquiátricos en El Tigre sobreviven gracias a la caridad

El Centro para la Atención de Salud Mental (Cepasam), está practicamente en cierre técnico debido a las carencias y necesidades que presenta en infraestructura, personal y recursos para atender a los enfermos con diversos trastornos que allí fueron recluidos y olvidados hasta por sus familias

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Los pacientes conviven en un espacio sin las normas requeridas. Foto: Marinelid Marcano

El Tigre.- 17 pacientes con trastornos mentales no solo sobreviven al abandono y olvido de sus parientes, sino que deben resistir la precaria situación de la sede del Centro para la Atención de Salud Mental (Cepasam) donde fueron recluidos, en El Tigre, al sur de Anzoátegui.

Rostros pálidos y arrugados, miradas pérdidas y un lenguaje característico del mundo irreal en el que su mente está sumergida es lo primero que se observa después de cruzar una vieja puerta de madera y una reja de seguridad, que da paso a un espacio gris en el que unos caminan arrastrando una silla, otros sonríen sin razón y dan la bienvenida como lo harían en su hogar; y están los que ni siquiera hablan ni miran.

Este centro, ubicado en la tercera calle Sur del sector Pueblo Nuevo Sur, fue fundado en 1987 bajo el nombre de Fundacadem (Fundación Amigos de Enfermos Mentales), hasta el año 2006, cuando la Gobernación de Anzoátegui, a cargo en ese entonces de Tarek William Saab, asumió las riendas a través del Instituto para la Salud de Anzoátegui (Saludanz). Subsiste de la caridad y bondad de quienes sin ningún interés brindan una ayuda a estos enfermos, que padecen hasta de desnutrición.

Cepasam está practicamente en cierre técnico por las condiciones en que se encuentra. | Foto: Marinelid Marcano

Estas personas adultas (cuatro hombres y 13 mujeres) con edades comprendidas entre 40 y 75 años y con padecimientos de bipolaridad, esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo y retardo mental, desconocen que el lugar donde viven, hoy minado de termitas, presenta un cierre técnico debido a la falta de recursos que permitan mantenerlo.

La directora y psiquiatra de Cepasam, Barbybell Sifontes, lo confirmó y aseguró que a pesar de la crítica situación del centro, siguen funcionando. “Aquí esto está en cierre técnico y uno se desespera aún más cuando no hay alimentos  ni medicamentos para darles a los pacientes, porque los recursos que da Saludanz no alcanzan ni para una semana de comida”.

Sifontes destacó que Saludanz hace poco les envió cinco aportes juntos que se desviaron para comprar detergente y desinfectante. “El aporte fue de 138.000 bolívares y preferí desviar la partida para comprar los productos de limpieza, porque eran necesarios”, aseveró.

La directora precisó que la sede no cuenta con red de cloacas y solo tiene dos sanitarios operativos, que colapsan. 

Las puertas de los baños están deterioradas por el comején, al igual que las paredes. | Foto: Marinelid Marcano

Explicó que el aporte mensual que recibe Cepasam es de 27.600 bolívares para cubrir gastos de alimentación, medicinas y productos de limpieza. La directora detalló que los días viernes una comunidad cristiana les lleva almuerzo a los pacientes; los miércoles y sábados unas fundaciones hacen lo propio y el domingo la organización Juntos por El Tigre también se encarga de llevarles el almuerzo.

“Del resto de las comidas nos encargamos nosotros, así sea trayendo de nuestras casas, y con la cooperación de parientes de solo cuatro pacientes que traen alimentos y los compartimos, porque las familias, que deben estar pendientes de sus seres queridos, los dejan aquí y se olvidan de ellos”, comentó.

Sin personal 

Otro de los graves problemas que enfrenta Cepasam es la falta de enfermeras y personal. Actualmente solo cuentan con 12 personas, de ellas tres enfermeras, pues a comienzo de año se fueron tres, y otras están de reposo.

Sifontes agregó que la falta de personal se sintió aún más cuando en marzo una mata de mango se cayó y tumbó un paredón de la parte posterior del centro, lo que ocasionó la fuga de dos pacientes.

Los pacientes no reciben ni atención de sus familiares. | Foto: Marinelid Marcano

“Era un domingo y tuve que venir porque la cocinera y el señor de mantenimiento no podían agarrar a las pacientes, mientras la enfermera de guardia trataba de controlar al resto. Gracias a Dios logramos rescatarlas y devolverlas al centro”, dijo.

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Sifontes recordó que el año pasado se escaparon dos pacientes y una fue rescatada por sus parientes y la otra sigue desaparecida, por lo cual ha tenido que rendir declaraciones en el Cicpc. Sin embargo, criticó el hecho de que en Cepasam no cuenten con una ambulancia para el traslado de los enfermos cuando requieran ir al hospital, o con un carro para transportarlos.

Incluso tocó sepultar a un paciente en bolsas negras porque no tenían cómo pagar la urna. “Antes la Alcaldía nos ayudaba con eso, pero ahora no tienen  presupuesto; solo la primera dama nos ayudó con la fosa y la familia del paciente, bien, gracias. Tuve que enterrarlo así porque ya el cuerpo tenía varios días en la morgue y estaba descompuesto”, apuntó.

Sin medicamentos 

Los programas de salud mental que suministraban medicamentos a Cepasam dejaron de funcionar, por lo que no cuentan con medicinas. Sifontes precisó que en febrero logró conseguir unas cajas de Quetiapina, que es lo que más requieren los pacientes, y les duró hasta hace poco.

“Y me duraron porque yo medico al paciente que más lo necesite, porque la Quetiapina tiene un costo en el mercado del millón de bolívares, igual que la Olanzapina, que no se consigue”, agregó.

Solo por medio de Farmapatria logró conseguir hace unas semanas siete cajas de Quetiapina, que lleva controlada para suministrar en casos de emergencia.

Solo el paredón 

El miércoles 5 de junio, el gobernador de Anzoátegui, Antonio Barreto Sira, visitó El Tigre para inaugurar un pozo de agua junto el alcalde de la ciudad, Ernesto Raydán y, al ser consultado sobre la situación de Cepasam, se limitó a decir que tenía conocimiento de la caída de un árbol sobre un paredón que esperaban pronto atender el asunto.

Después de que se cayó, el árbol sirvió de soporte para sostener el paredón. | Foto: Marinelid Marcano

Lo triste del padecimiento y penurias de estos pacientes es que fueron en el pasado personas productivas. Dentro de este grupo de 17 enfermos, hay médicos, ingenieros y politólogas con estudios internacionales en Relaciones Industriales y que vivieron en varios países. Hoy por hoy permanecen en el olvido de sus propias familias y del Estado, y tratando de sobrevivir de la caridad y bondad de otros. 

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