Venezuela la Cuba de siglo XXI

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Según estudios, la popularidad de Nicolás Maduro ha caído al 15,1% | Foto Archivo

Por Marcos Hernández López

A los presidentes con tendencias autoritarias no les gusta el sistema de división de poderes y la existencia de otros poderes independientes. Como estrategia, el gobierno de Maduro para avanzar en su ilógica de afianzarse en el poder tiene su Asamblea Nacional Constituyente como su traje a la medida para legitimar lo inconstitucional, además este poder puede ser utilizado para las amenazas políticas germina en un tipo de violencias visibles e invisibles, muy difícil de ver a simple vista, ya que son las propias estructuras psíquicas de las personas las que las hacen frágiles. Nuestro análisis se puede explicar desde un enfoque del daño antropológico, anomia social y secuestro emocional. La sociedad venezolana, evidentemente, percibe, interpreta y reacciona ante la amenaza política de diversas formas inducidas por el régimen para frenar su proceso irreversible en su decadencia política-electoral.

Por diferentes móviles sociales la Gran Caracas lleva varias noches de cacerolazos. Sin embargo, protestar en Venezuela hoy día es considerado traición a la patria, la consigna de régimen no importa que se pase hambre, lo significativo es mantener la revolución cueste lo que cueste. No obstante, la amenaza, la violencia y el miedo gravitan sobre la conciencia y la conducta de todos los venezolanos. El gobierno del extinto comandante Chávez y Maduro transfiguraron la vida normal de la gente, la modificación conductual-existencial ha puesto muchos venezolanos en niveles vulnerables. 

Evidentemente, en nuestro país existe una violencia estratégica, el régimen es supra, amenaza, por encima del derecho y de las leyes, siempre apuntalado en la violencia estratégica. La agresión al adversario ya es práctica gubernamental común: los vejámenes a los dirigentes políticos detenidos en varios estados del país por protestar por una mejor calidad de vida contra el régimen de Maduro, la tortura psicológica hacia los presos políticos, las diversas violaciones a los Derechos Humanos, las continuas amenazas despidos a empleados públicos por sospecha de “infidelidad” electoral hacia el Socialismo Siglo XXI, la negación –juegos de hambre– de los Clap a los que no apoyan el proyecto revolucionario, bonos con el carnet de la patria, todo un verdadero chantaje, en otras palabras es un instrumento que pretende recompensar la lealtad del 20% de la población que aún se mantiene estoicamente con Maduro.

Lo que no razona o no quiere razonar Maduro, es que lo grave está en que la mayoría de venezolanos ya no creen en su discurso y menos que la compleja crisis país es causada por una “guerra económica” apoyada por empresarios apátridas, recibiendo órdenes del imperio norteamericano. En nuestro análisis integral se revela 77,5% de los entrevistados no cree en la guerra económica y sanciones como un argumento para comprender y soportar la aguda crisis económica y social. Es decir, Maduro inventó una “guerra económica” potenciadas por las sanciones que ya parece hasta sospechosa incluso en su propio capital político. 

Desde su llegada a Miraflores, en abril de 2013, Maduro deja deslizar su  discurso como si Venezuela es la Cuba del Siglo XXI, divisionista y fabricando eventos ficticios, lo que sí es una verdad verdadera, la crisis económica se ha transformado en algo complejo por su reconfiguraciones, según los diversos análisis paradigmáticos, nuestras investigaciones cuantitativas y cualitativas, esta realidad está derivando en que más 82,0% de los entrevistados no vacilan en señalar que Nicolás debería salir del poder este año a través de cualquier mecanismo constitucional. Haciendo una abstracción de nuestras investigaciones de opinión, las derivaciones hacen llegar a inmediatas conclusiones, Nicolás perdió la calle, la popularidad, de acuerdo a nuestros números, está un poco por encima de 15,1%, es irreversible el desgaste del Socialismo Siglo XXI. Se perdió la magia revolucionaria que los atornilló durante 20 años en el poder central, irrumpió el desamor hacia un proyecto político que ilusionó pero no concretó los sueños de los que aspiraban a un mejor país. Es casi imposible llegar al final de una gestión con una opinión nacional en contra, sanciones, contradicciones, la injusticia social, la incapacidad de dar respuesta a las diversas problemáticas en la falta de gasolina, gas y agua… El tiempo se le agotó Socialismo del siglo XXI, sólo queda el delirio de mantener una revolución a la fuerza.  En síntesis, ¿cuál es la realidad de la revolución bolivariana? La unidad Chavista está fracturada, existe un divorcio afectivo entre sus jerarcas. El “Madurismo” que emerge es perdedor, fracasado y con fama de ineficiente, corrupto y fatigado. Estamos viendo un proyecto revolucionario en decadencia, ya es un proceso del pesado, con un líder preso en su propio laberinto.

Marcos Hernández López es sociólogo, docente universitario | PhD Gestión de Procesos | CEO Consultora Estudios de Opinión. TW e IG: @Hercon44

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