¿Vamos bien? Parte III (final)

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Con la exposición de las moralejas 4 y 5 que me han quedado después de padecer más de 20 años de socialismo chavista, termino mi trilogía de artículos sobre reflexiones para descubrir si ¿vamos bien?

4. Las personas son sinónimo de esperanza

Porque ha sido tan duro vivir estos años de progresiva destrucción de todo lo que amamos de Venezuela y de ser venezolanos, tendemos a afirmar que hay que hacer algo para que más nunca nos pase algo así. Pero hay que saber que nada es definitivo en la historia de la humanidad. Puede volver a pasar esto que hemos vivido porque cada generación debe librar sus propias batallas.

Sin embargo, mientras que en cada momento histórico haya personas decididas a luchar por lo que es bueno y correcto, entonces hay esperanza. La vida misma de un ser humano puede verse como una tragedia por el más pesimista pero la existencia de una persona guarda en sí posibilidades infinitas de transformación, de conversión, de superación, de amor. Somos capaces de lo impensable, por eso, donde hay gente, hay esperanza.

Contar con lo inesperado del obrar humano puede verse como una amenaza constante pero en momentos de crisis hay que mantener viva la esperanza. Solo quienes hemos vivido situaciones tan extremas como la destrucción de nuestro país sabemos que si nos dejamos ganar por una visión trágica, pesimista y determinista de la vida, estamos perdidos y le dejamos el camino abierto a quienes quieren someternos.

¿Quiénes dirían hace unos meses que veríamos militares volviendo a estar al lado de su pueblo? ¿Quiénes dirían hace un par de años que el impopular Trump se involucraría tanto en la situación de Venezuela? ¿Quiénes veían venir a Guaidó? ¿Quiénes se imaginaban que volveríamos a disfrutar un concierto y que seríamos nosotros los protagonistas? Así las cosas, donde hay personas, hay esperanza, ¡vamos bien!

5. La educación es el mejor antídoto contra la manipulación

Cuando hablo aquí de educación no me refiero solo a la instrucción formal de las aulas de clases sino al modo de relacionarnos con todo lo que nos rodea de tal forma que vayamos cultivando nuestra humanidad para alejarnos de la barberie.

En este sentido, junto a la titánica labor de rescatar y renovar el sistema educativo venezolano en todos sus niveles, está la necesaria labor de reconstruir la familia.

Venezuela está llena de niños que han perdido su infancia, de madres que esta crisis ha puesto en la terrible posición de decirle a sus hijos «no tengo para darte de comer». Padres frustrados ante la imposibilidad de llevar el sustento al hogar. Familias separadas por la diáspora, destruidas por muertes violentas, distanciadas por diferencias políticas. Estas realidades requieren un profundo proceso de sanación, una re-educación intensa hacia la belleza, el perdón, el reencuentro… No creo que sea «comeflor» hablar de amor en un país lleno de tanto odio ¿no les parece tan evidente como a mí que más de un venezolano necesita una terapia intensiva de abrazos, cariño y afecto? ¿Qué educa, civiliza y humaniza más que el trato amoroso entre los seres humanos?

La educación también nos ayuda a superar la visión de la vida sobre la base de etiquetas como aquellas que intentan encasillar los debates políticos en izquierdas y derechas. ¿Es que acaso no tenemos otra opción? ¿No es posible conseguir un modelo político a la medida de nuestras necesidades? ¿Por qué anclarnos en un debate que respondía a un momento geopolítico de hace tantos años?

Quiero además destacar la importancia de educarnos para ser realistas, entendiendo esto como el ejercicio firme de buscar la verdad más allá de la opinión. ¿Entenderemos que podemos opinar que hay muchos sistemas políticos que se pueden defender pero que es cierto e innegable que unos son malos porque parten de premisas equivocadas? Muchos defendieron el chavismo pero ¿no fue fulminante el golpe que nos dio en la cara la realidad que hemos vivido estos años? Entonces, vale la pena estudiar para conocer la verdad y para corregir la opinión si es equivocada.

En definitiva, junto a la re-educación en el hogar debe venir la renovación del sistema educativo para insertemos rápidamente en el presente que está viviendo la humanidad y prepararnos para el futuro.

Solo si volvemos a la familia y volvemos a las aulas tendremos la posibilidad de aprender lo necesario para no dejarnos manipular en el futuro por discursos resentidos, anacrónicos y drásticamente equivocados en la concepción de la persona humana.

Para concluir, recapitulo… nos irá bien si hemos aprendido que:

  1. No debemos idealizar a las personas
  2. Sólo trabajar nos lleva honestamente a la superación
  3. La libertad no es sólo un valor, es un modo de entender a la persona humana
  4. Las personas son sinónimo de esperanza
  5. La educación es el mejor antídoto contra la manipulación

Así concluyo esta trilogía. Estas son 5 de muchas otras moralejas que nos deben llevar a una nueva madurez ciudadana. Los invito a pensar y enumerar las suyas para ver en qué coincidimos. Si reflexionamos, pensamos y aprendemos de esta experiencia, entonces ¡#Vamosbien hacia la reconstrucción de Venezuela!

Puede leer la primera parte de esta trilogía aquí: ¿Vamos bien? Parte I

Puede leer la segunda parte de esta trilogía aquí: ¿Vamos bien? Parte II

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