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viernes, 14 mayo, 2021

¿Vamos bien? Parte II

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En la primera parte de esta trilogía expuse la primera moraleja que me ha quedado después de vivir 20 años de socialismo chavista: 1. No idealizar a las personas. En esta serie de escritos estoy buscando reflexionar sobre el camino que nos ha traído hasta aquí y que debe llevarnos a una renovada madurez ciudadana. Quiero descubrir con ustedes si de verdad vamos bien…

En esta edición les expondré dos moralejas más:

2. Sólo el trabajo conduce a la superación

Como el personaje que está en boca de todos es Juan Guaidó, voy a empezar a ejemplificar con una anécdota sobre él…

Indica mi ficha de columnista al final de este artículo que soy periodista pero parte de lo que define mi ejercicio profesional es que soy productora de radio, así que les cuento mi versión del advenimiento de Guaidó como líder político.

Todos sabemos que poco a poco Voluntad Popular se fue quedando sin voceros. Leopoldo López preso, Freddy Guevara en la embajada chilena, David Smolansky y Carlos Vecchio en el exilio. En 2017 y 2018, cuando había que contactar a algún vocero de ese partido teníamos pocos números de teléfono disponibles en las salas de producción. Guaidó no era ni la primera ni la segunda opción. Era poco conocido, antes de él estaban Juan Andrés Mejía y Florido, en su momento, la propia Manuela Bolívar. Pero qué pasaba si no lográbamos pautar esos voceros, todos sabíamos que contábamos con Guaidó: “él siempre atiende y siempre puede”. Así que poco a poco, Juan Guaidó se fue entrenando, estaba disponible, lo entrevistaron una y otra vez aunque usted no le haya prestado mucha atención.

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Con esto quiero decir, que Guaidó no es un improvisado, no llegó donde está hoy sólo por un golpe del destino. Tiene años trabajando.

Esta es mi moraleja: Usted puede esperar un golpe de suerte en la vida, puede depender siempre de dádivas, puede flojear lo que quiera pero lo único que puede llevarle honestamente a la superación es trabajar.

Tenemos que hacer campañas intensas para recuperar el valor del trabajo, esa actividad enriquecedora que muchos hoy desestiman porque para gran cantidad de personas es más caro ir a trabajar (pasajes, comidas, inseguridad) que no hacerlo. En hiperinflación, la frustración le ganó al amor al trabajo y la superación. Ese chip tenemos que cambiarlo cuanto antes.

Nos irá bien si empezamos a cambiar los chanchullos, guisos, enchufes y palancas por trabajo, trabajo y más trabajo.

Venezuela tiene casos de empresas, empresarios, emprendedores, trabajadores que han resistido todos estos años porque no han perdido la convicción de que el esfuerzo enriquece el espíritu y lleva el sustento al hogar, con todas las dificultades que conocemos.

Sólo trabajar nos devolverá el amor propio, nos hará sentirnos orgullosos de nosotros mismos y nos hará ser ejemplo para otros. Seamos fuerzas trabajadoras y multiplicadoras del valor del trabajo.

Si estamos convencidos de que progresaremos trabajando, entonces, sí ¡vamos bien!

4. La libertad no es sólo un valor, es un modo de entender a la persona humana

Quienes hemos sido oposición desde que inició el gobierno de Hugo Chávez, hace más de 20 largos y batallados años, tenemos esa misma cantidad de tiempo en tensión absoluta ante la pérdida continua de espacios para ejercer la libertad.

Cuando se estudia filosofía política es posible categorizar los modelos de ejercicio de gobierno en una escala que va desde aquellos que sacrifican más libertades para conseguir igualdad social (modelos socialistas) hasta los que asumen la libertad como principio irrenunciable que define toda la construcción institucional (modelos liberales).

Después de 20 años de experiencia propia en el avance del socialismo chavista, es más enfática mi posición: sólo es posible tener una sociedad sana si concebimos y tratamos a la persona humana como un ser tan libre como responsable de su propio destino.

Si entiendo que los ciudadanos son personas libres, tal como yo, respetaré su vida tanto como defiendo la mía. Velaré porque se garantice su propiedad privada, defenderé el derecho que tienen los demás a expresarse tal como defiendo mi propio derecho de hacerlo. Si entiendo que la persona es libre asumo que es capaz de trabajar, de ponerle precio a su esfuerzo y vender al precio que considere, ya veré yo si les compro o no. Si entiendo que las personas son tan libres como responsables asumo la importancia de que funcione un sistema de justicia que garantice el imperio del Estado de Derecho donde el que abusa o transgrede la ley, la confianza, la libertad del otro, recibirá un castigo por ello.

Después de 20 años de un gradual y sistemático asedio a todo el sistema de libertades humanas, estoy convencida de que quiero un modelo político que no sacrifique libertad por igualdad porque nada es más injusto que negarle a alguien el derecho de labrar su propio destino.

Si estamos listos para hacer de la libertad un principio irrenunciable que nos defina como sociedad, entonces, sí, ¡vamos bien!

Puede leer la primera parte de esta trilogía aquí: ¿Vamos bien? Parte I

Puede leer la tercera parte de esta trilogía aquí: ¿Vamos bien? Parte III

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