Vacunar a los NNA contra el Covid: perspectiva desde la protección integral

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Por: Angeyeimar Gil

Venezuela siempre ha asumido la vacunación como una opción de prevención. En 2015 llegó a tener una tasa de vacunación cercana al 100%, aunque la ausencia de vacunas ha disminuido esta cifra, pero no por decisión de la gente, sino por falta de inmunizaciones. Inclusive, en medio de la pandemia por Covid-19 el país, con el apoyo de organismos internacionales como Unicef, ha recibido más de 7 millones de vacunas del esquema nacional, con una respuesta positiva de la población.

El esquema de vacunas supone garantía del derecho a la salud establecido en la Convención sobre los derechos del niño en su artículo 24 y en el artículo 41 de la Ley orgánica para la protección de los NNA.

La diatriba actual sobre la vacuna contra el Covid-19 genera angustia y preocupación en madres, padres y responsables, al desconocer información sobre la necesidad y efectividad de la vacunación, así como la procedencia de las vacunas, su efectividad y seguridad. La discusión afecta el proceso de inmunización, a pesar de ser un país de Latinoamérica, región más afectada por la distribución desigual de vacunas.

A principios del siglo XX el mundo vivió el terror de la Poliomielitis y tardó un siglo en ser completamente controlada. La vacuna —con el virus inactivo— fue el final del miedo masivo a una enfermedad que mató a muchos y dejó con parálisis a otros tantos; los niños y niñas fueron los principales afectados. Aunque solo el 1 o 2% de los afectados terminaba en muerte o con parálisis permanente, y el 95% de los afectados no presentan síntomas, la aplicación de la vacuna fue una regla, masivamente aceptada y aplicada.

A diferencia de la vacuna contra la Polio, la vacuna contra el SARS-CoV-2 no contiene el virus inactivo, lo que la hace más segura. No hay riesgo a contaminarse. Sin embargo, esta vacuna ha generado más dudas y en algunos países el rechazo a la vacunación. El mayor dilema se produce cuando la sociedad se plantea la vacunación de niños, niñas y adolescentes siendo la población menos afectada.

¿Es necesario vacunar a los NNA?

Aunque la vacuna es una medida de prevención ante daños severos que puede ocasionar la enfermedad, la duda es si realmente es necesario vacunar a los NNA, así como si hay beneficios individuales o si la apuesta es a un beneficio colectivo, que a primera vista pareciera apuntar a la segunda opción. En este caso, es necesario hacer un análisis ético sobre la política de la vacunación a NNA.

Hasta ahora, los riesgos importantes son para una población específica, en la que no se encuentran los NNA. La prontitud de la pandemia no nos ha permitido conocer los efectos a largo plazo de la infección en los NNA. Pero el virus ha sacado a los NNA de sus espacios de socialización natural. Y cada vez que se reinician actividades, en pocas semanas se restringen nuevamente las actividades frente a los contagios.Y en cualquier sociedad, a menor educación menor nivel de salud.

Si bien el Covid-19 no afecta mortalmente a NNA directamente, sí lo hace con quienes se relacionan con ellos, sus familiares, sus docentes y los retorna al confinamiento, afectándolos directamente en su derecho a la educación y al esparcimiento. Además de los daños emocionales, duelos y tristeza ante las pérdidas de seres queridos.

En este sentido, hay dos ventajas importantes. La primera es prevenir daños aún desconocidos por el contagio, evitando riesgos en caso de mutación. La segunda, es la inmunización del entorno, al disminuir peligros para adultos cercanos, que minimiza muertes, duelos y la suspensión de la escolaridad.

El que los NNA no puedan consentir la vacunación, como sí hacemos las personas adultas, puede asumirse como una utilización de esta población para un bien colectivo sin que ellos reciban un beneficio directo. Ante esto, es necesario aclarar que los riesgos individuales son inexistentes, por ser una vacuna que no supone riesgo de contagio, a diferencia de la vacuna contra la Polio. Son más los beneficios que pueden obtener, como ya indicamos.  

¿Cómo lograr mayor confianza?

El país debe hacer esfuerzo por vacunar a la población de riesgo (que solo alcanza 32,6%, muy bajo); garantizar la existencia de dosis suficientes para esta población, incluido un tercer refuerzo, tal como indican especialistas, antes de arrancar con las vacunas para niños y niñas que corren menos riesgo de muerte. Y en caso de dar inicio formal a la vacunación de la población de 3 a 11 años, que sea ordenada y universal, apoyándose en ambulatorios y escuelas, como ha sido la historia preventiva en el país.

Previamente, es necesario que haya información oficial. Madres, padres y responsables deben conocer la vacuna que se utilizará. Su aprobación, a cargo del órgano oficial especializado a nivel nacional debe ser pública y debe conocerse la disponibilidad de dosis para una vacunación universal con los refuerzos correspondientes. Además, debe haber claridad sobre la manera en que debe aplicarse la dosis según las edades, a partir de estudios científicos públicos que, según especialistas, se aproxima a la tercera parte de lo que corresponde a personas adultas.


ANGEYEIMAR GIL | @angeyeimar_gil

Docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Trabaja como investigadora en la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna)

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