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martes, 17 mayo, 2022

Una crisis eléctrica continuada y recurrente

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Por: José Aguilar

Hay un severo déficit de energía en la «nueva cola» del Sistema Eléctrico Venezolano, compuesta por los estados Zulia, Barinas, Mérida, Trujillo, Lara, Portuguesa y Alto Apure. Esto se detecta coyunturalmente por una altísima indisponibilidad de las plantas de generación (90 %) ocasionada por una gerencia subestándar, signada por la politización sobre lo técnico, opacidad y una voraz corrupción, que han incidido en medidas antipreventivas, falta de mantenimiento oportuno y falta de planificación operativa y seguimiento. Hay veces que lo que ha provocado la deficiencia es la insuficiencia de la transmisión.

A este déficit se le suma una altísima infiabilidad de los sistemas de transmisión y distribución, sumado a una falta de fiabilidad en la cadena de combustibles requeridos y abuso de los embalses hidroeléctricos en los estados andinos, por su mala gerencia al sobre explotarlos muy por encima de su diseño conceptual.

Así mismo, la red de transmisión de que se dispone es operada de manera insegura y cualquier falla de ella en los estados antes mencionados impacta al centro, capital y oriente del país aumentando, primero, el espectro de afectación con bajones que a menudo derivan en apagones multiestados.

Todo esto hace que los planes de racionamiento, por bloques muchas veces no se puedan cumplir, con una tendencia a que son más prolongados que los cronogramas anunciados a la población afectada.

Falta de inversión no ha sido. Esta área geográfica ha recibido asignaciones por casi 10 millardos de US$, producto de la voraz corrupción, improvisación que sumado a la falta de mantenimiento de larga data hacen que ni 1 mil MW estén disponibles en esta área geográfica, pese a tener más de 6 mil 200 MW instalados.

Por si fuera poco, en el camino se quedaron 1400 MW inconclusos en el Zulia, y en los estados circunvecinos de la cola del sistema otros 750 MW quedaron en las promesas, de los cuales 570 MW también eran para significativos ahorros de combustibles. Esto sin incluir otros anuncios como la carboeléctrica y más ciclos combinados para Maracaibo, ofrecidos por el paria de Miraflores y sus consortes de turno en la región zuliana en el 2018. ¿Qué será de la vida de los más de 3 mil MW nuevos que se ofrecieron en el 2018?
El operador del Sistema se queja de la disponibilidad de combustibles en la «cola del sistema».

Dicha región debió tener siete ciclos combinados, dos completados y cuatro quedaron inconclusos y otro en el papel, eran para reducir las emisiones atmosféricas y hacer mejor uso del combustible, pero no hay ninguno operativo producto de los factores señalados. Si al menos los dos concluidos operasen, pemitiría el ahorro de 15 mil barriles de diésel o 70 millones de pies cúbicos de gas por día en cada caso.

De haberse cumplido esto, y que conste muy claro que hubo el tiempo suficiente y los recursos necesarios para hacerlo, sobrarían reales de haber imperado la honradez extrema con el erario público. Esto hubiese permitido el ahorro de 245 millones de pies cúbicos de gas o el equivalente a 52 mil barriles diarios de Diésel o gasoil.

Por los momentos, en el mediano plazo se impone la tarea de rescatar las interconexiones desvalijadas (por el canibalismo rojo rojito) con la hermana república de Colombia, por el Zulia y el Táchira. Esto pudiera proporcionar casi 500 MW de potencia, que obviamente tendría que pagarse.

Muchas voces declaran de todos los sectores, señalando los síntomas de la compleja problemática y proponiendo soluciones con matices regionales, pero esto es un problema nacional. De no formularse y ejecutarse una compleja coreografía técnica de acciones coordinadas en toda la cadena de valor eléctrica, será como arar en el mar.

La cola del sistema sobrevive al filo de un apagón y en las próximas 7 semanas el déficit de potencia en los estados señalados se ubicará entre 1200 a 1700 MW, de no averiarse algo más en el sistema y si es que cumplen los cronogramas de los planes anunciados.

A la actual administración en este siglo XXI, le quedó grande el desafío de suministro energético de Venezuela, induciendo una calamidad socioeconómica sin parangón, dejando vidas, sueños y generaciones a la deriva, en la miseria y el destierro.

La solución pasa por remover a los incacorruptos que por más de dos décadas se han abocado a la deselectrificación de Venezuela. Para ello, por lo crónico y recurrente con tendencia hacia la agravación de este írrito cuadro, la sociedad venezolana tiene y siempre ha tenido la palabra.

Impera una profunda rendición de cuentas y que la oscuridad fortalezca la memoria de la ciudadanía y sus medios de comunicación, porque esto es prohibido olvidar y eso nos debe conllevar a la remoción sin delación de los culpables.

JOSÉ AGUILAR | @SoyJoseAguilar

Consultor internacional de riesgos y generación de energía.

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