Trazo a trazo, cuando cambiar hábitos es una necesidad

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Por: Karina Monsalve

La conducta de los seres humanos, sus acciones individuales o colectivas, la vida estresante y agitada de hoy en día lleva a las personas a adoptar estilos de vida no saludables, empobreciendo su calidad de vida. Esto afecta directamente su salud, afecta su estado de ánimo y hasta sus actitudes hacia el entorno familiar y social. 

El estilo de vida propio de nuestro país incluye comportamientos que constituyen un factor de riesgo para la salud. El hábito de fumar, el sedentarismo, las dietas hipercalóricas y el consumo excesivo de alcohol provocan obesidad, hipercolesterolemia e hipertensión, los cuales a su vez pueden desencadenar las enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, pulmonares y hasta cáncer. Estos factores de riesgo ligados al estilo de vida se encuentran entre los principales contribuyentes a la morbilidad y la mortalidad.

En general podemos definir el estilo de vida saludable como ese conjunto de patrones conductuales o hábitos que guardan una estrecha relación con la salud. Es decir, comportamientos que se ejecutan de manera estructurada, que se aprenden a lo largo del proceso de socialización y una vez adquiridos son difíciles de modificar.

Existen pruebas contundentes de que un estilo de vida saludable basado en el ejercicio habitual, una dieta equilibrada, una tensión controlada y la abstinencia al tabaco está asociado a una vida más larga y saludable. A  pesar  de  ello,  las  conductas  que  pueden  dar  lugar  a  dichas  enfermedades  son  habituales y modificarlas implica cambiar costumbres muy arraigadas. Muchas personas tratan de promover y fomentar cambios en la conducta de otras personas y por supuesto también en la suya propia, para lo que pueden  solicitar a su vez la ayuda de  otros.  Por consiguiente, es esencial identificar  estrategias y planteamientos efectivos que motiven el cambio y consoliden las nuevas conductas  saludables adoptadas. 


El hábito de  fumar, el sedentarismo, las dietas hipercalóricas y el consumo excesivo de alcohol provocan obesidad, hipercolesterolemia e  hipertensión, los cuales a su vez pueden desencadenar las enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, pulmonares y hasta cáncer

Karina Monsalve

Ahora, ¿cómo podemos cambiar las conductas que no son adecuadas para beneficiar ese estilo de vida sana?

El cambio conductual y por consiguiente actitudinal, es un proceso complejo que implica no sólo aprender algo nuevo, sino olvidarse de algo que está muy arraigado en la personalidad y en las relaciones sociales del individuo. Diversas teorías han propuesto modelos para entender el comportamiento humano y facilitar el cambio conductual. El problema recae en que la conducta humana es muy compleja, depende de tantos factores que no es posible dar una receta. 

El sistema tradicional de cambios de conducta, que aún se utiliza en algunas consultas médicas y campañas de los medios de comunicación, se basa en ofrecer consejos e información de forma directa.  Aunque la información es importante para  educar a los consumidores, rara vez es suficiente para modificar las conductas. Este planteamiento parte de la premisa de que las personas no disponen de conocimientos (sobre lo que deberían hacer) y que una mayor información dará lugar a un cambio de actitud, al infundir  el deseo de cambiar. Sin embargo, no se tienen en cuenta los muchos y muy complejos factores que condicionan el comportamiento.


El cambio conductual y por consiguiente actitudinal, es un proceso complejo que implica no sólo aprender algo nuevo, sino olvidarse de algo que está muy arraigado en la personalidad y en las relaciones sociales del individuo

Karina Monsalve

La  autoevaluación y otras técnicas de autorregulación (establecimiento de  metas, inducción,  autoevaluación, retroalimentación sobre resultados o revisión de metas) han sido herramientas eficaces también del cambio conductual.

El proceso de diseñar una intervención de  cambio  conductual  comienza  con la  comprensión de la  conducta en cuestión y la elección del enfoque general, tras lo cual se puede proceder a diseñar, bajo la supervisión de un especialista, las técnicas específicas encaminadas a modificarla. La teoría transteorética de cambio propone que las personas hacen los cambios de conducta en etapas, y que se mueven en forma secuencial a través de estadios mientras experimentan diferentes procesos de cambio. De allí que el cambio conductual hacia una vida sana se hace trazo a trazo, es decir, cumpliendo un proceso de varias etapas que se acerquen hasta alcanzar el objetivo deseado. 

El desarrollo armónico del ser humano implica, además de la satisfacción de las necesidades básicas un crecimiento como persona que para alcanzar ese estado adecuado de bienestar físico, mental y social se debe ser capaz de cambiar los hábitos inadecuados.


KARINA MONSALVE | @karinakarinammq

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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