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lunes, 16 mayo, 2022

Toda historia tiene un final

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El hombre experimenta la muerte. En la historia de la salvación, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, lejos de esquivarla, la mira de frente y con lucidez.

El adiós deja el sinsabor de la despedida, provoca la aflicción de quienes quedan. Jesús también vio la muerte. Es un pensamiento amargo para quien disfruta de los bienes terrenos y perspectiva deseable para quien sufre. Ezequías llora por la muerte muy próxima y Job la llama a gritos. Morir es el destino común de los hombres.

Las noticias sobre la muerte de Carmen Victoria Pérez y Carlos Cruz-Diez me han llevado a reflexionar sobre el ocaso de la vida. Hay tiempo para hacer el bien, sin pretender que el fin de una vida sea el motivo para las revisiones sobre ¿qué he hecho?

No existe edad justa para morir; en todo caso, el momento llega. Aunque hemos estado cerca de ella, pertenecemos a una sociedad que no ha sido educada para aceptarla, sino para resignarse cuando llega el momento. Ante esta necesidad inevitable, ¿cómo no sentir que la vida, ardientemente celebrada, es un bien frágil? Una sombra, un soplo, y al final todos tenemos la misma suerte.

Aceptar la muerte como decreto de Dios subraya la humildad de la condición humana frente al creador inmortal. Quien es polvo, al polvo vuelve.

Carmen Victoria Pérez marcó la época de oro de la televisión venezolana. Dejó el testimonio de saber retirarse a tiempo, abrir paso y marcar la distancia entre las generaciones. Comenzó de la mano de Renny Ottolina y terminó al lado de grandes figuras, como Guillermo González, Amador Bendayan, César González y Gilberto Correa. Se convirtió en la estrella titilante de la noche más linda de Venezuela y su aparición en los primeros 30 segundos era tan esperada como el anuncio de la ganadora al final del certamen. Así fue por 10 años de los casi 70 que tiene el concurso. Carmen Victoria moldeó la animación con elegancia, sin chabacanerías ni exhibicionismos, para ser la referencia como la dama de la televisión. Voz, talento, dicción, sin herencia. Marcó un antes y un después de su aparición en la pantalla. Clara en su propósito de vida. De esto da cuenta cada entrevista reciente, en las que exponía con seguridad que si la vida le tenía facturas pendientes no se las cobraría. Vaya lección.

Sin terminar de asimilar esta noticia, directo desde la ciudad de la luz conocemos la partida a los 95 años del maestro Carlos Cruz-Diez. Una persona amable, agradecida con la vida, quien en cada amanecer creaba sus propios colores, con el juego de las luces y las sombras. Abría espacios a la imaginación de quien se detenía, y se detiene, a contemplar sus obras. Salió a Europa no a buscar nuevas ideas, sino por el contrario, a mostrar las suyas.

Cruz Diez nunca se alejó de Venezuela. Estuvo cercano en cada obra plasmada. Y aunque hoy es parte de los selfis de quienes se han ido por el aeropuerto internacional Simón Bolívar en busca del progreso, la Cromointerferencia será el ícono del retorno de tantos migrantes venezolanos, quienes regresarán, porque así como no tenemos cultura de la muerte, tampoco tenemos espíritu de migración. Los abuelos volverán a ver crecer a sus nietos en sus patios. Los domingos seguirán siendo familiares y los sueños se harán realidad en este gran país.

Con las referencias de Carmen Victoria y Cruz-Diez se va parte de la Venezuela decente. Cuando todo esto pase se tendrá que hacer un acto en el Poliedro o el Teresa Carreño como homenaje nacional a quienes en los últimos 20 años de la vorágine robolucionaria han dicho adiós con el sinsabor de la despedida. Será así porque quienes han sido movidos por la envidia de no haber construido nada, han pretendido poner un paño de invisibilidad al talento de muchos venezolanos que jamás pensaron en que al momento de su muerte habían perdido la libertad.

*César Emilio Torres, periodista en oficio y profesor universitario autojubilado del sistema educativo. Dedicado al fortalecimiento del emprendimiento social itinerante, Escuela para el Desarrollo de la Inteligencia #MetodoEDI

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