Superbigote, Cilita y el storytelling

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Por Radamés Graterol

Superbigote y Cilita

Era víspera de Nochebuena  en una de las tantas poblaciones hermosas de nuestra Venezuela profunda. Allí, con un frío sabroso, los hermanitos Juancito y María colocaban a la pata del viejo, pero remozado arbolito de Navidad, dos cartas al Niño Jesús en la que pedían, con una fe inquebrantable, infinidad de juguetes, entre los que destacaban la muñeca Lol promocionada en Disney Channel y una bicicleta de carreras igualita a la del tricampeón quiboreño de la Vuelta a Venezuela Olinto Silva.

Los hermanitos se durmieron temprano y ansiosos, buscando que amaneciera más rápido que el resto del año. Luego, en pleno alba, con el canto del gallo, los únicos regalos que saltaron a su vista fueron un muñeco de Superbigote, con la imagen del presidente Maduro, y la muñeca Cilita, simulando a la primera dama, Cilia Flores.

El storytelling

Partiendo de esta pequeña historia y la pregunta formulada por un paisano publicista tocuyano, Antonio Saldivia, ¿qué persigue el Gobierno nacional regalando juguetes de Superbigote y Cilita?, intento destacar que las campañas comerciales y especialmente las campañas políticas desde tiempos remotos, pero en especial desde las década de los noventa, han utilizado el storytelling (arte de contar historias) como una técnica para acercarse a las audiencias a través de contenido más ligero, entretenido y amable.

Y es que según los expertos Orlando D’Adamo y Virginia García Beaudoux, el objetivo de usar el storytelling, es conquistar las mentes y corazones de los ciudadanos, ya sea en rol de consumidores, usuarios o electores. Y no solo resaltando los atributos de los productos, candidatos o gobernantes, sino también generando una cercanía emocional.

¿Cómo construir buenas historias?

Para construir y narrar buenas historias hay que comenzar destacando las emociones por encima de los argumentos. Por eso los mensajes deben estar cargados de historia humana, familiar, cotidiana, que se identifique con el target. Un ejemplo es el libreto de Barack Obama en Estados Unidos, en el que se sobredimensiona la vida de un afroamericano esforzado que se abrió paso en un mundo de blancos para convertirse en un líder de su nación.

Para persuadir a la audiencia, los relatos perfectos son aquellos humanos, diferentes, simples, viralizables y transformadores. Los que construyen tramas que logran empatía porque se sienten en carne propia.

En tal sentido, el storytelling para el mercadeo político tiene alguna o varias de estas características: la victimización, que, tal como la palabra lo indica, es hacerse víctima ante un mal o los más poderosos para atraer solidaridad; la utilización de mensajes simples y concisos cargados de mucha emocionalidad; la postulación de soluciones factibles basados en demostrar que hay posibilidad de vivir en otra situación mejor; la recuperación de los principios y valores que mueven a las personas, como la resucitación de los sueños y las esperanzas.

En el conjunto también se cuentan la construcción de una identidad basada en el personalismo-chavismo-fidelismo. Se trata de revivir a los líderes fundadores de las naciones, revolucionarios históricos y sus ideas. Un ejemplo es el intento de rescatar el bolivarianismo usado por el extinto presidente Hugo Chávez y establecer un enemigo culpable de todas las adversidades contra quien luchar y vencer, como es el caso del imperialismo.

Mi humilde opinión

Basado en estos  estudios y mi experiencia política, considero que la utilización de esas figuras de Superbigote y Cilita en juguetes e historietas tiene varios objetivos:  fortalecer la identidad personalista del presidente y su esposa paulatinamente por encima del simbolismo de Hugo Chávez; suavizar la figura del presidente autoritario; construir el arquetipo de un padre protector invencible, héroe capaz de vencer a los enemigos internos y externos; construir una fidelidad a mediano plazo con un sector de la población ante la posibilidad de su prolongación en el poder y, por supuesto, distraer la atención de los problemas principales que aquejan a nuestra amada Venezuela.

No sé qué percepción tengan los Juancitos y Marías venezolanos sobre un presidente que es responsable de quitarles las comiquitas por las interrupciones eléctricas, de hacer que sus padres no puedan sustentarlos como se merecen e inclusive de que no haya el dinero suficiente para regalarles algo digno en Navidad.

En fin, tenemos 22 años escuchando cuentos de camino en un país donde la realidad supera a la ficción.

RADAMÉS GRATEROL | @radamesgraterol

Politólogo venezolano egresado de la Universidad Central de Venezuela. Profesor
universitario, exalcalde y consultor político

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