Superando estigmas para evitar nuevas pandemias

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Por: Paulino Betancourt

El primer caso de viruela del mono se reportó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 7 de mayo. La persona contagiada había regresado a Inglaterra desde Nigeria, donde se cree que contrajo la infección. Desde entonces, se han informado más casos en otras latitudes donde la enfermedad normalmente no está presente, incluidos varios países latinoamericanos y europeos.

Las nuevas y extrañas enfermedades infecciosas con las que el público no está familiarizado, como la viruela del mono, pueden generar un grado de miedo desproporcionado en la población. En parte, esto se debe a su naturaleza “extraña”, el miedo al contagio y la percepción de que se está propagando de manera rápida en la población. Este “pánico a los gérmenes” se intensifica aún más por las desagradables pústulas visibles causadas por la infección, aunque solo sean temporales. La información engañosa en los medios de comunicación, y especialmente en las redes sociales, podría alimentar aún más la ansiedad pública, como sucedió con el ébola en 2014.

El virus que causa la viruela del mono, que es endémico en algunos países de África Occidental y Central, se transmite a través del contacto cercano con una persona o material infectado. Desde que comenzaron a aparecer los casos de viruela del mono en algunos países, las noticias y las publicaciones en las redes sociales han estado circulando al respecto, algunas de las cuales se suman al estigma que rodea a la enfermedad. En muchos casos, aunque no todos, los contagios fueron en hombres homosexuales y bisexuales. Esto es desafortunado ya que existe un peligro real de que se genere más estigma hacia este grupo.

Algunas personas en las redes sociales han sacado conclusiones precipitadas y asocian la viruela del mono con los homosexuales. Los científicos han señalado que esta no es una “enfermedad de los homosexuales”, como lo han publicado recientemente en la revista Plos (https://speakingofmedicine.plos.org/2022/05/19/monkeypox-is-not-a-gay-disease/).

Hay lecciones que debemos aprender de la pandemia del VIH/SIDA. Algunos de los estigmas estaban motivados por creencias religiosas y culturales profundamente arraigadas en la sociedad que equiparaban injustamente su sexualidad con nociones de inmoralidad y estereotipos negativos de promiscuidad. Se culpó a las personas homosexuales como la fuente y la causa de la propagación del VIH, aunque también se dispersó a través de otras vías, como las relaciones sexuales sin protección, así como el uso de jeringas y derivados sanguíneos infectados. La situación era peor para las personas pertenecientes a una minoría étnica, donde los prejuicios y estereotipos raciales se sumaban al estigma.

Los funcionarios en salud pública entienden que el estigma y las suposiciones pueden tener consecuencias reales. El Programa de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA ya emitió una advertencia sobre los informes y comentarios sobre la viruela del mono donde se indica que “refuerza los estereotipos homofóbicos y racistas”. “Las lecciones de la respuesta al SIDA muestran que el estigma y la culpa dirigidos a ciertos grupos de personas pueden socavar rápidamente la respuesta ante el brote”, dijo la OMS en un comunicado de prensa.

Esto tuvo graves consecuencias para las personas infectadas con VIH/SIDA, especialmente en su bienestar mental y emocional. Afectó sus relaciones sociales, provocando el rechazo de sus parejas y el aislamiento. Resultó en algunos cambios en su comportamiento de salud, lo que provocó retrasos en la búsqueda de atención médica. Muchos no estuvieron preparados para revelar quiénes eran sus contactos, esto hizo más difícil las investigaciones de brotes y los esfuerzos de los equipos de salud pública que intentaron rastrear la enfermedad y detener su propagación.

Entonces, ¿cómo debemos abordar este brote? En primer lugar, las iniciativas de salud pública deben desarrollar un programa de educación claro, oportuno y transparente sobre la enfermedad, lo que ayudaría a disipar los temores de la sociedad. También es importante contar con un mayor acceso a fuentes confiables de información sobre salud. Además, debemos transmitir el mensaje sobre la viruela del mono con sensibilidad, sin avivar el miedo y la desconfianza.

Como sabemos muy bien por la experiencia con el VIH, el estigma no ayudará en la lucha contra la viruela. Nuestra mejor oportunidad de sofocar este brote rápidamente es a través de la detección temprana y la cuarentena de las personas infectadas, así como la protección de sus contactos cercanos mediante la vacunación, para romper así la cadena de transmisión y evitar una nueva pandemia.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat

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