Smart City ¿Qué tan lejos estamos de tenerlas ?

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ANALÍTICA


Por: Heberto Alvarado Vallejo

Una de las grandes discusiones de los últimos años ha sido el “Desarrollo Sostenible”, cómo lograr que la sociedad avance sin generar un mayor impacto en el medio ambiente, hacer un consumo racional de los recursos y reducir considerablemente el impacto que trae al planeta nuestras formas de alcanzar el progreso.

Dentro de esta conceptualización, el rol de las tecnologías de la información, las telecomunicaciones, la robótica, la informática y las energías alternativas tienen especial importancia. 

Las naciones que se han propuesto desarrollar ciudades inteligentes en sus territorios han logrado avances cuantiosos en los últimos 30 años. Vemos cómo se implementaron políticas  bien definidas para lograr el sustento de esta iniciativa. 

¿Por qué dan estas naciones tanta importancia al tema? En menos de 30 años el 85% de la población mundial vivirá en ciudades. En estos centros urbanos se incrementará de forma alarmante el consumo de recursos energéticos. Adicionalmente, bajo los conceptos actuales de desarrollo, podría hacerse insostenible la administración pública, la generación de riqueza e incluso la convivencia ciudadana.

Por ello, se han visto avances impresionantes en las últimas décadas en diversos segmentos socio económicos y político administrativos. Específicamente en áreas como el Gobierno Electrónico, la Educación en línea, el transporte, las telecomunicaciones y la generación eléctrica.

Avances que las naciones con planes claros de desarrollo entienden deben impulsar para no agotar los recursos de la Tierra y para seguir siendo productivas en las próximas centurias. 

¿Qué necesitas para tener una Smart City?

Las ciudades inteligentes, necesitan antes que cualquier otra cosa, convencimiento político y ciudadano de su importancia. Luego de esta revisión, podríamos enumerar una serie de variables que deben seguirse para lograr el objetivo.

Desde el punto de vista político administrativo, una ciudad inteligente apuesta al Gobierno Electrónico. En este principio, que tiene una serie de escalas para su concreción definitiva, se concibe al Gobierno como un administrador, que aminora los trámites burocráticos, facilita al ciudadano, a través de las tecnologías de la información, el acceso a recursos, pago de impuestos, obtención de solvencias, documentos.

El gobierno electrónico apunta a todos los entes de Gobierno, desde la alcaldía, la gobernación, los ministerios e incluso los poderes públicos del Estado.

Uno de los grandes temas del Gobierno Electrónico, correctamente ejecutado, es que inhabilita la dependencia ciudadana del funcionario, eliminando así la corrupción. Adicionalmente, acorta la plantilla de empleados públicos y agiliza los procedimientos.

Una Smart City también cuenta con servicios públicos plenamente operativos, con ciudadanos con plenas garantías para su movilización. Metro, tranvías, ciclovías públicas, trenes. Estos servicios cuentan con diversas fuentes de difusión de sus horarios de servicios: aplicaciones móviles, páginas webs, redes sociales. Desde ellas el ciudadano puede comprar sus boletos y saber con certeza los horarios de llegada de las unidades o las condiciones de la vialidad a determinadas horas del día.

La autogeneración eléctrica es otra de las premisas fundamentales de las ciudades inteligentes. Un tema sin dudas apasionante y cambia paradigmas establecidos desde la misma creación del servicio eléctrico, en los cuales las empresas públicas o privadas, son responsables de abastecer la electricidad a empresas y domicilios.

En una Smart City se proyecta el futuro de la generación eléctrica: paneles solares, energía eólica, por ejemplo. Dichas fuentes de energía complementarán y en algún momento sustituirán las fuentes tradicionales de generación eléctrica.

Ciudadano digital e inteligente

Sin ciudadanía el concepto de una Ciudad Inteligente quedaría postergado para eternidad. Los ciudadanos son la clave del éxito porque de ellos depende, no sólo el funcionamiento y justa mejoría de los servicios que se ofrecen en ciudades inteligentes.

Es el ciudadano el garante, el fiscalizador del correcto desempeño de la administración de los recursos. Un ciudadano inteligente también es consciente de su impacto en el medio ambiente y de su papel para alcanzar el desarrollo sustentable.

Por eso, es fundamental que la ciudadanía se construya desde los cimientos de la formación del individuo. La familia y la escuela son piezas importantes para consolidar ciudadanos activos.

Algunos expertos han indicado que cualquier conceptualización de una Ciudad Inteligente parte primero por iniciar cambios profundos en el método educativo. Una educación, que se estancó en el método del siglo XIX, requiere sin dudas una drástica y acelerada evolución a un sistema mucho más en línea con las realidades y exigencias del mundo de hoy.

Emprendimiento Inteligente

Como vemos hasta ahora  una Ciudad Inteligente incorpora al gobierno y al ciudadano. El primero reduce su carga administrativa y el segundo asume responsabilidades en su formación, pero sobre todo en su rol dentro del ecosistema de la ciudad inteligente.

Otro elemento  a considerar es el emprendimiento y la acción de la empresa privada. En los próximos años, las sociedades más atractivas para la inversión serán las que mejores condiciones reúnan para el buen desenvolvimiento de los negocios.

Serán a la vez, centros de generación de innovación y empresas de emprendimiento. 

Hemos visto en esta última década como algunas ciudades se destacan sobre otras en la generación de condiciones para impulsar y hospedar a las llamadas Startup. Algunas de estas ciudades están en Latinoamérica, pero, mayoritariamente se encuentran en Asia, Europa y Norteamérica.

Ciudades con profesionales capacitados, excelente infraestructura, servicios y gobiernos menos controladores están tomando la vanguardia y comienzan a acercarse a esta noción de ciudad inteligente.

Interconectadas 

Las ciudades inteligentes toman como elemento fundamental la interconexión. Para ellas, el principio es fundamental. Es como el aire para respirar. Sin este principio la Smart City no pasaría de una mera teoría.

Cuando hablamos de interconexión, no solo me refiero a acceso a internet, wifi gratuito, redes de super alta velocidad, fijas y móviles.

Una interconexión, incorpora elementos como el Internet de las Cosas, la domótica, la robótica, la inteligencia artificial y la automatización de buena parte de los procesos. 

Hogares Inteligentes, Vehículos autónomos, sensores que recopilan y comparten datos de todos los procesos humanos que estén directamente vinculados con la ciudadanía digital: impuestos, servicio médico preventivo, estado de salud, requerimientos, solvencias u otro tipo de solicitudes del ciudadano.

Este principio debe saberse diferenciar de la televigilancia y otras desviaciones que lamentablemente han surgido con el uso de las tecnologías de la información. Prácticas, de control social, que algunos gobiernos asumen para coartar el empoderamiento ciudadano. 

¿Qué tan lejos estamos en Latinoamérica?

Muy lejos. Si bien algunos países de la región, como Chile, Uruguay y Costa Rica han asumido una postura firme para el desarrollo de Smart City y todo el ecosistema que se necesita para llegar a este modelo de ciudad, los esfuerzos siguen siendo cortos en comparación con otras sociedades.

Países como Brasil y Colombia han apostado también a algunos elementos del ecosistema de la Ciudad Inteligente. En estas naciones se consolidan las principales startup de la región y han hecho importantes esfuerzos para generar condiciones en algunas de sus capitales para fomentar el desarrollo sustentable y la interconexión, de la mano con mejoras palpables en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Sin embargo, si entramos en profundidad, hay principios de las ciudades inteligentes que no se han iniciado con plenitud. El Gobierno electrónico, no ha pasado de ser un servicio meramente transaccional, donde algunas de las funciones de la administración pública se realizan a través de páginas webs.

Mucho más lejana está la participación ciudadana. Por una parte por desconocimiento del propio individuo y por otra por la ausencia de mecanismos para impulsar la contraloría de la gestión pública por parte del ciudadano.

En materia de interconexión, poder adquisitivo, formación e infraestructura, buena parte de las ciudades latinoamericanas están lejos de competir con rivales de otros países del mundo, con los cuales nos llegamos a comparar en alguna oportunidad.

La consecuencia directa de este aletargamiento será una merma incuantificable de nuestra competitividad como región en general.  Lo alarmante del asunto, es que nuestros gobiernos están hablando de ciudades inteligentes y acceso a las tecnologías de la información desde hace décadas, con avances mínimos.

Esta lentitud, promueve la fuga de talentos y por lo tanto aleja aún más la posibilidad de alcanzar niveles de competitividad para los próximos 30 a 50 años.  

Es por este motivo que veo con preocupación el presente, porque nos aleja mucho más rápido de lo que podemos analizar de un futuro de prosperidad y mucha competitividad.


HEBERTO ALVARADO | @Heberto74 @Hormigadigital

Periodista, director de Hormigatv.com.

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