Sin garantía de justicia no hay paz ni diálogo posible

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La paz no es la ausencia de guerra o la violencia, tampoco es la tensa calma del miedo. La paz es una búsqueda constante por el bienestar de todos los ciudadanos en una sociedad. Es decir, el ideal supremo del bien común. La justifica en cambio, es una virtud cardinal, que se centra en el principio de darle a cada uno lo que corresponde, es decir, recibir o asumir la responsabilidad de los actos realizados o los delitos cometidos.

Por: Rixio Portillo


El título que acompaña esta nota no es una frase abstracta, ni un idealismo etéreo y absurdo, es un axioma real para poder llegar a condiciones mínimas de convivencia. Entender la dimensión profunda de cada una de las palabras de esta, puede ser la clave para  intentar ponerla en práctica.

Aquí no aplica el principio matemático de que el orden de los factores no altera el producto. La sociología no es una ciencia natural. Sin justicia no habrá paz, acá el orden de los procesos si es correlativo, uno obligatoriamente depende del otro.

La paz no es la ausencia de guerra o la violencia, tampoco es la tensa calma del miedo. La paz es una búsqueda constante por el bienestar de todos los ciudadanos en una sociedad. Es decir, el ideal supremo del bien común.

La justicia, en cambio, es una virtud cardinal, que se centra en el principio de darle a cada uno lo que corresponde, es decir, recibir o asumir la responsabilidad de los actos realizados o los delitos cometidos.

En Venezuela hacemos las cosas al revés

El problema es que en Venezuela hemos intentado construir la casa por el tejado, hemos intentado hacer el camino al revés. Todas las formas de diálogo y negociación han obviado el tema de la justicia, que no consiste únicamente en meter presos a unos y liberar a otros.

La persona humana no es un objeto intercambiable en una negociación, moralmente es deshonesto hacerlo. Sorprende que la dignidad humana no sea entendida aún en esta etapa. La persona humana no es una mercancía de trueque.

Una de las diferencias equidistantes del proceso colombiano es este, la justicia restaurativa, la forma en cómo se reconoce el mal que se ha hecho y gradualmente se va respondiendo a las víctimas a través del encuentro y la reconciliación.

En Venezuela esto puede sonar a utopía, porque el principal responsable de la crisis no quiere admitir su cuota de culpa, y esto de alguna manera cierra la posibilidad de cualquier avance.

Por lo que la paz seguirá siendo un sueño, mientras el bienestar se construye sobre las arenas movedizas con un crecimiento efímero que se alimenta de una burbuja financiera, lo cual solo profundiza la brecha social entre ricos y pobres; y los ricos siguen haciendo de las suyas, en nombre de los pobres.

La alcabala de la reconciliación y la confianza

El papa Francisco, en su mensaje para la beatificación de José Gregorio Hernández, dio claves de poder comenzar este camino de justicia y paz, que pasa por la reconciliación, pero la polaridad y efervescencia de la cotidianidad venezolana, ahogó el arribo del fondo del mensaje.

La idea propuesta es sencilla y al mismo tiempo compleja. La invitación es a fecundar e implorar “el espíritu de reconciliación; porque siempre hay problemas en las familias, en las ciudades, en la sociedad, hay gente que se mira un poco de costado, que se mira mal, y hace falta la reconciliación siempre, ¡la mano tendida! Y es una buena inversión social la mano tendida”, ha dicho el papa.

Pero una reconciliación que sea sobre la justicia, sobre el reconocimiento humilde del mal hecho, con la disposición de enmendar. Y esa enmienda pasa por un clima de confianza.

Y Francisco lo dijo explícitamente: “Que las instituciones públicas sepan brindar siempre seguridad y confianza a todos”, por lo que el primer paso está del lado de quien ostenta la autoridad.

Por tanto, aunque se vea lejos la meta, y la conversión sincera de las intenciones, hay que seguir apostando por el bien, insistiendo con la justicia, para sanar las heridas de estos largos y oscuros años que nos ha tocado transitar, pues la justicia será condición necesaria para una Venezuela que realmente viva y crezca en paz.

Sino, seguiremos sin tener país y continuaremos errando por las venas abiertas en el flujo migratorio más grande del continente.

RIXIO G. PORTILLO | @rixiogpr / Instagram: rixiogpr
Comunicador. Creador del blog Domus Ecclesia. Profesor de la Universidad de Monterrey.

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