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sábado, 18 mayo, 2024

Señor Biden y equipo, vean Simón antes de continuar la negociación con Maduro

Dos días antes del estreno de Simón en Venezuela, que ocurrió el viernes 8, se conoció de una denuncia contra la película

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Por: César Bátiz

Creo que escribo por muchas de las 1.500 personas que el sábado 9 de septiembre, asistimos a las dos funciones de estreno en Miami de la película Simón. En esa atmósfera que rodeó el film, nos quedamos congelados en nuestros recuerdos. Sugiero, sin temor a suponer lo errado, que a más de uno las imágenes y los diálogos tocaron la puerta y empujaron a la memoria la cifra indignante de más de 265 presos políticos, entre ellos el colega Roland Carreño; y el más reciente, al menos conocido hasta ahora, el estudiante John Álvarez. 

Por lo que vi, escuché y sentí la tarde del sábado, propongo al presidente Joe Biden y a su equipo que dirige las negociaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, ver Simón, así como darse un paseo por el Museo de la Memoria Histórica Helicoide, proyecto de Voces de la Memoria, antes de continuar la negociación.

Seguro que todos los involucrados por el lado estadounidense están informados de las violaciones de DD.HH. ejecutadas por el gobierno de Maduro y los más de 8.500 testimonios que recibió la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de las víctimas y sus familiares. Pero nunca está de más redundar sobre todo cuando se tiene al frente de la mesa de negociación a expertos en armar narrativas patológicas para escabullirse de sus responsabilidades.

No hay que caerse a mentiras. El gobierno de Maduro negocia el levantamiento de sanciones y entrega de recursos con la gestión de Biden, que lo hace en nombre de la oposición venezolana, en la procura de condiciones electorales y liberación de presos políticos. De allí que la negociación pareciera el camino inevitable, pero, con ánimo de justicia y no de venganza, sin olvidar a las víctimas que refleja la película.

Simón, la ópera prima de Diego Vicentini, cineasta nacido en Venezuela pero desde los 14 años en EE.UU., ayudará a Biden y a su equipo a repasar lo olvidado y sobre todo, a ser empáticos con los venezolanos.

Ciertamente, la película de Vicentini es una ficción basada en hechos reales, pero contados de una forma que en el rostro y las palabras de Simón se pueden ver y escuchar a los cerca de 60 asesinados, miles de heridos y centenas detenidos desde las protestas de 2014 hasta 2021. 

El sábado, tras la primera de las dos proyecciones de ese día, Vicentini dijo que su película estuvo motivada por una deuda que sintió con esos jóvenes que desde 2014 salieron a protestar en las calles de Venezuela, mientras él se encontraba ya en EE.UU. Por eso, si Simón sirve para mantener alerta al gobierno estadounidense y a los miembros de la Unión Europea frente a Nicolás Maduro y su séquito que quiere perpetuarse en el poder, Vicentini se podrá dar por satisfecho más allá de los premios que seguro recogerá gracias a su film.

¿Por qué el gobierno de Maduro no censura a Simón?

Dos días antes del estreno de Simón en Venezuela, que ocurrió el viernes 8, se conoció de una denuncia contra la película de Vicentini, introducida ante la Fiscalía General de la República, por Gabriel Costanzo, exjuez y exempleado de la Defensoría del Pueblo.  Aseguró el abogado que el film desarrolla «un discurso cinematográfico explícitamente violento y amenazante».

Paralelamente corrió la información sobre que la película sería retirada de la cartelera, pese a tener la autorización del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cenac), información creída por muchos pero desmentida por el mismo Vicentini.

El hecho que se dé por veraz la información inicial no tiene nada de extraño, pues lo natural ante un gobierno como el de Maduro, es pensar que el recurso de la censura está a la mano. Si no indague qué pasa en las cabinas de las emisoras de radio, donde productores y locutores viven al filo de una llamada desde Conatel.

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Al encontrarse en medio de una negociación, de una investigación de la CPI y de una campaña electoral de la primaria opositora, el gobierno de Maduro mide, como siempre el chavismo, sus movimientos. 

En este caso, el costo político de la censura es más alto que el permitir que ciudadanos que ya están en contra de la gestión oficialista, vayan a una sala de cine a percatarse que la película aún continúa más allá de las cuatro paredes de la sala.

Por eso, porque la película sigue en vivo y directo, más allá de la presunta normalidad, insisto, señor Biden y equipo, vean Simón antes de continuar la negociación con Maduro.

CÉSAR BATIZ | @CBatiz

Periodista egresado de la Universidad del Zulia, especializado en Periodismo de Investigación. Director de El Pitazo.

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