Roles de género y sus estereotipos

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Estamos siendo testigos como nunca antes en la historia de la humanidad del cambio de la concepción del término del género. Hay un cuestionamiento constante sobre lo que se es y de cómo se nace. El género se considera una de las variables sociales de mayor relevancia, puesto que se construye mediante las interacciones sociales y a la vez las regula dividiendo el mundo social en dos categorías básicas: hombres y mujeres. Sin embargo, actualmente ni siquiera lo biológico pareciera tener la última palabra.

Así, más que una característica, el género es una variable que determina en gran medida el orden social y las interacciones del mundo. Cuando este se une a las características sexuales, se habla de estereotipos de género, entendidos como un conjunto estructurado de creencias acerca de lo que deben ser los hombres y las mujeres, más allá de las explicaciones biológicas.

Por su parte, los estereotipos son el conjunto de creencias positivas o negativas que caracterizan a un grupo social y que permiten incluir a las personas en diferentes grupos sociales. Cuando son negativos se relacionan con el prejuicio, opiniones que sin evidencia suficiente de su veracidad son relacionadas con las personas de otros grupos distintos del propio, incluyendo emociones negativas y creencias irracionales que llevan a la discriminación.

Existen estereotipos marcados desde la antigüedad según los cuales el rol de la mujer se representa en papeles de dependencia y el de los hombres como independientes. Pero desde el punto de vista psicológico, el género es la construcción psicosocial de lo femenino y lo masculino. Con el paso del tiempo, los avances en la ciencia y la tecnología, así como las propuestas de los movimientos feministas y posmodernos, favorecieron la participación activa de la mujer en la vida socioeconómica, política y cultural del mundo.

La sociedad ha reconocido que los estereotipos de actividades y conductas masculinas y femeninas son inexactos y resultan limitantes para el desarrollo de un niño. Es común ver en la publicidad a las mujeres en papeles familiares que se responsabilizan por la crianza y el cuidado de los hijos, su educación y la organización de la unidad doméstica, y la expectativa en relación con los hombres establece que sean fuertes, independientes, que no lloren, que sean competitivos.

Cada día estas competencias se van desdibujando en nuestra sociedad, y lo que antes era exclusivo de los hombres, ya hoy en día lo comparten las mujeres, y viceversa. En Venezuela observamos con mayor frecuencia que la mujer en su generalidad cumple con una multiplicidad de roles que en algunos casos va en detrimento de su salud física y mental.

La literatura científica ha señalado diferenciales empíricos entre hombres y mujeres en relación con necesidades especiales de atención, riesgos específicos de atención ligados a actividades difundidas como masculinas o femeninas, percepciones de enfermedad, conductas de búsqueda de atención y grado de acceso y de control ejercidos por las personas sobre los recursos básicos para la protección de la salud. De acuerdo con estas investigaciones, las mujeres actualmente están inmersas cotidianamente en roles asociados a ámbitos públicos, como las universidades, el mundo laboral, y también como dirigentes y líderes de organizaciones. En comparación, los hombres aún se perciben en su mayoría en una forma apegada a los estereotipos culturales.

Varias de las investigaciones consultadas coinciden en la apreciación de que son las mujeres las que tienen mayor disposición a tener una visión menos estereotipada de sus propios roles que la que muestran los hombres sobre sí mismos.

En un amplio contraste presenciamos sociedades minoritarias en las que el rol de las mujeres está denigrado desde el punto de vista occidental en todas sus facetas, como es el caso de la sociedad Afgana, en la que la mujer ve cercenados sus derechos. Claro está, es una realidad mucho más compleja y, desde luego, mucho más diversa. El factor fundamental que impone la desigualdad y discriminación entre mujeres y hombres en este caso es la estructura patriarcal antigua. El caso de Afganistán es uno de los más extremos y las causas proceden de la particular experiencia histórica de ese país

No obstante, el mundo sigue girando en torno a la apertura y la búsqueda de mayor equidad y democracia, buscando que haya flexibilidad de pensamiento y aceptación de los distintos roles sin importar el género. Esto requerirá no solamente un reacomodo radical del condicionamiento tradicional, sino también una transformación de los términos en los cuales han estado acostumbrados a encontrar una justificación de sus motivaciones y la realización de sus ambiciones, así como la profunda reapreciación de su identidad, en especial de las expectativas acerca de los roles que, según supone la sociedad, deben desempeñar en sus vidas.

KARINA MONSALVE | TW @karinakarinammq IG @psic.ka.monsalve

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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