Retorno a clases: lo deseable, lo necesario, lo posible

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Por: Luisa Pernalete

Viene el nuevo año escolar, aun en medio de la pandemia y la cuarentena prolongadísima. El Gobierno ha dicho que el retorno será presencial. El período que va del 16 de septiembre al 1 de octubre se utilizará para preparar a los maestros y a los padres y representantes, y luego, clases presenciales bajo el esquema de 7 más 7.

Hay que decir que el impacto de las escuelas cerradas, de la educación a distancia por tanto tiempo, ha sido negativo en los estudiantes en todo el mundo, no solo en nuestro país. Recordemos, entre otros asuntos, que la escuela tiene una función socializadora y que esta no se cumple a distancia. Recordemos además que en Venezuela la escuela cumple con un factor de protección muy importante, sobre todo en entornos violentos, pues un chico con uniforme o que estudie siempre tiene más elementos para ser protegido de las pandillas de delincuentes que reclutan niños y adolescentes.

Además de lo expuesto, es necesario tener presente que la educación presencial, con  maestros buenos, pendientes de cualquier cambio de conducta en los  alumnos,  protege a los niños  de la violencia intrafamiliar, porque están atentos y pueden preguntar qué pasa. Con las escuelas cerradas, esa “vigilancia” no existe. No olvidemos que en los centros educativos de sectores populares también se les suministran alimentos a los estudiantes. Se supone que este año escolar el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas va a funcionar en nuestro país.

Y si hablamos del aprendizaje, hay que decir que la educación a distancia no ha ayudado mucho a los estudiantes. En algunos países, como México, se habla de un retroceso de dos años. Aquí, que no se mide nada, al menos es lo que se supone, no sabemos cuánto hemos retrocedido, pero sí sabemos de mucho muchacho que no ha sido atendido de ninguna manera y de mucho pequeño que no aprendió a leer o se le olvidó. ¿Cuántos veían la televisión educativa? ¿Cuántos iban a asesorías presenciales? ¿Se ha aprendido o se ha desaprendido? Las brechas entre atendidos y no atendidos ha crecido en Venezuela.

Tampoco sabemos cuántos se han ido del todo. Recuerden que antes de decretar la cuarentena, a mediados de marzo del 2020, Unicef daba el dato de un millón de muchachos fuera del sistema escolar en el país. ¿Cuántos ahora? Los que más han sufrido con la educación a distancia son los más pequeños y los del área rural. Así que lo deseable es que se pueda tener algún grado de presencialidad. Lo deseable es que las escuelas se abran. Lo deseable es que tengamos suficientes docentes como para atenderlos.

Lo deseable es que cada centro educativo haga su diagnóstico no solo de su infraestructura, sino también de su personal y de la situación de su entorno: cómo están los servicios y como está la pandemia, y según ese diagnóstico deberían tomarse las decisiones. Que no haya una medida igual para los cerca de 26.000 planteles que hay en el país. Que la decisión sea descentralizada es muy importante. Y en esta decisión, de si retornar con presencialidad o no, y con cuánta presencialidad, los padres y representantes sean consultados y tomen sus decisiones también.

Lo necesario. Que las escuelas estén reparadas, que los servicios públicos mejoren, que las escuelas y las familias tengan agua para que los estudiantes puedan lavarse las manos. Que se apliquen los protocoles de seguridad. La doctora Lila Vega, de la Red de Padres y Madres, siempre recuerda que la seguridad frente a la pandemia tiene que ver con uso adecuado de tapabocas, mantener la distancia física, el lavado frecuente de manos e identificar casos sospechosos de contagio.

Es necesario también que se le aplique un plan de vacunación al personal que trabaja en las escuelas. El presidente de la Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados (Andiep), Fausto Romeo, informaba que en algunas entidades, como el Estado Nueva Esparta, todos los docentes de los centros afiliados a Andiep están vacunados. Es necesario ver la capacidad de vacunación de los niños y adolescentes y no con cualquier vacuna.

Es necesario también que se mejore la distribución del combustible, sobre todo en el interior. Es necesario que se revisen nuevamente los ingresos de los docentes, pues a pesar del último ajuste, ese salario no alcanza para vivir con dignidad, como lo contempla el artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Es necesario que se haga una evaluación realista del año escolar pasado. Es necesario, pues, que el estado cumpla con sus obligaciones. Es necesario que no se quede en anuncios, que invierta lo que tiene que invertir y con celeridad.

Lo posible. Es posible un retorno descentralizado, progresivo, escalonado. No se puede tener a todos los chicos en un mismo día, pero se puede por grupos después del censo y de que sepamos cuántos han quedado. En bachillerato, por ejemplo, un día pueden asistir los estudiantes de primero y los de quinto año, que tendrán menos tentación de estar juntos. Otro día, los de segundo y los de cuarto año. Otro día, los de tercer año. Es posible buscar asesoría de los que saben. Es posible aprender de otros países, no para copiarse, sino para aprender de ellos. Es posible hacer equipos en las comunidades para hacer ese diagnóstico necesario que mencionamos en las líneas anteriores.

Es posible hacer un plan de “repaso” del año escolar anterior luego de ver cómo han llegado los estudiantes, y partir de él sobre bases realistas. Es posible, y necesario también, darles herramientas a los docentes para que puedan fortalecer competencias, como la comprensión lectora, base de cualquier aprendizaje, y herramientas para el acompañamiento psicoafectivo. Es posible, y deseable, que también haya un plan de acompañamiento para los docentes, en especial los del sector oficial –el 85% de la educación del país–, pues su salud mental está resentida y requieren de formación y de ayuda.

Es posible recuperar los aprendizajes del año pasado, pues aún con errores se ha aprendido. Es posible recurrir a universidades y equipos especializados en educación para pedir esas ayudas que mencionamos como posibles y necesarias.

En fin, la educación es algo serio, no se puede improvisar. Hay que consultar antes de tomar decisiones, establecer un plan de monitoreo por centro que permita ajustar las decisiones. Insistimos en las medidas descentralizadas y que se comprenda cada caso. Los supervisores están para orientar, no para exigir ni penalizar en función de medidas rígidas. Sentarnos a esperar que todo se arregle tampoco es la idea. La Unesco está insistiendo en la necesidad de algún grado de presencialidad, siempre resguardando la seguridad de los actores. Tenemos que hacer algo por los estudiantes.


LUISA PERNALETE | @luisaconpaz

Educadora en zonas populares por más de 40 años. Utiliza el sentido del humor como herramienta pedagógica.

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