Reducir el gasto público: la «brillante» idea de los economistas para salvar al Gobierno

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¿De verdad hay gente que piensa que en Venezuela la solución a la inflación es la reducción del gasto público? Esa política económica, ultra liberal, busca reducir la inversión del Estado justo en el momento en que el pueblo necesita más de inversión y garantía de sus derechos más básicos para poder seguir viviendo.

Por: Angeyeimar Gil

Reducir el gasto público. Esta es la «novedosa» propuesta de algunos economistas que los medios de comunicación suelen entrevistar. Se dicen opositores y, entre tanto, Venezuela se debate entre la idea de que los comercios y la compra de mercancías es síntoma de que el país se arregló y el padecimiento diario del pueblo trabajador, que cada semana ve que su salario pierde poder de compra. La brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, se hace inmensa.

Pero esta apología la lanzan pese a que los que tienen apenas para vivir, van sintiendo que cada vez es menor su esperanza de mejorar. Y los que tienen mucho, abren tiendas que vende televisores de cien mil dólares o restaurantes de alturas, en los que ningún trabajador podrá subir a comer. Pero la «novel» idea es reducir el gasto público.

Frente a la dinámica natural del sistema capitalista, de hacer mas ricos a pocos y más pobres a muchos, en un juego de proporcionalidad entre la cantidad de riqueza de un lado y la cantidad de pobres del otro, algunos economistas parecen tener ideas brillantes, como esta de reducir la responsabilidad del Estado y del Gobierno en materia de distribución de la riqueza.

¿De verdad hay gente que piensa que en Venezuela la solución a la inflación es la reducción del gasto público? Esa política económica, ultra liberal, busca reducir la inversión del Estado justo en el momento en que el pueblo necesita más de inversión y garantía de sus derechos más básicos, para poder seguir viviendo.

Pero ¿Sabrán estos economistas que la estabilidad económica solo es posible con la inyección de capitales al aparato productivo nacional, que además se traduce en aumento de puestos de trabajo? ¿Que el gran detalle del espejismo económico, que solo duró unos meses, está más en sintonía con la promoción de las importaciones y el comercio, en detrimento de la producción nacional, lo que acentúa esa marcada desproporción en la economía?

Un poco de memoria

Es importante recordarles a nuestros lectores los altos niveles de corrupción que hay en el país. También que de los 5.509.563 trabajadores que pertenecen a la administración pública nacional, el 80,61% es del sector militar, principalmente de milicias, con un miserable salario, equivalente al de médicos y docentes universitarios de alta especialización.

También es importante no olvidar que los salarios que percibe el pueblo trabajador son irrisorios en relación con el costo de la vida y que la infraestructura y los servicios están en la peor decadencia de nuestra historia. ¿Cómo se les ocurre decir que una alternativa es reducir el gasto público? ¿De qué gasto público hablan, si Venezuela ostenta los salarios más bajos del planeta, principalmente en la administración pública? ¿Por qué no proponen la revisión de ese gasto, más que la apología retórica de reducirlo?

El gasto público, que incluye el gasto social, es en los gobiernos latinoamericanos la única expresión cercana a una redistribución de la riqueza nacional. Los mecanismos utilizados por los gobiernos, que representan gasto público social, son la única medida de confrontación de la pobreza que los Estados promueven. En ningún caso han sido mecanismos para disminuir la brecha de desigualdad social, que solo será posible cuando cambien las relaciones sociales de producción imperantes y la consecuente forma de distribución de la riqueza.

Pero veamos detalles. Según la Encovi 2022, 81.5% de la población se encuentra en pobreza y 53.3% en pobreza extrema. Aunque según este estudio hubo una disminución general de la pobreza, solo respecto a 2018, la tasa sigue siendo muy alta. Por ello se mantiene la necesidad de atenciones especiales y de políticas que contrarresten la pobreza. Y como todo en el chavismo, sin detallar en su planificación, diseño y ejecución.

En oportunidades, parece que los análisis de algunos economistas son mecánicos y responden a unas lógicas retóricas y axiomáticas que no dan cabida al análisis de la realidad y de sus múltiples determinaciones. Lógicas que, por supuesto, tienen como base una economía superficial, subjetiva, en la que se les olvida la humanidad.

Como si el juego económico no tuviese una representación directa en la vida de la gente, de la gente que pasa hambre y vive en las peores condiciones, y que esa misma ubicación los hace ser los primeros y más afectados cuando se toman medidas económicas de corte ultra liberal.

Es para estos economistas más sencillo decir cosas que supongan una acción verosímil en el sentido común y propagado por los medios, sin mayores costos para quienes están en el poder, o que no supongan cambios en las formas del Estado o del Gobierno.

Es más fácil plantear que el Gobierno reduzca el gasto público, y que desinvierta en la sociedad, que el riesgo de decir que la alternativa es que los que gobiernan, no lo hagan más. Es menos peligroso lanzar una idea abstracta, en la que la humanidad desaparece (como si eso fuese posible), antes que pensar en la gente, enfrentar al poder y señalarlos como los exclusivamente responsables del desastre económico ―hoy más palpable― que padece Venezuela.

A estos economistas les resulta muy complejo convocar al pueblo a organizarse para luchar. Promover la idea de que se debe seguir luchando por el aumento general de salarios con base en el artículo 91 de la constitución, que se debe exigir la reactivación del aparato productivo nacional y la protección frente a las políticas de importación, y que el Gobierno debe asumir su responsabilidad en la mejora de los servicios públicos que son derechos humanos.

Pero es al pueblo trabajador al que hay que decirle que las consecuencias de la crisis económica y la afectación más evidente del salario y de su capacidad de compra. los debe empujar a la organización y la lucha social. No a la repetición de ideas alejadas de su interés.


ANGEYEIMAR GIL | @angeyeimar_gil

Docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Trabaja como investigadora en la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna)

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