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viernes, 25 septiembre, 2020

Recuerdos de la cuarentena

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Por Paulino Betancourt

Para bien o para mal, cuando hacemos memoria volvemos a visitar nuestra infancia hasta que se agota la estera de nuestros recuerdos. Las historias que contamos sobre nosotros mismos y las narraciones que tomamos, tienen sus raíces en nuestras primeras experiencias. Los recuerdos surgen de la experiencia y las experiencias dan forma a la persona en la que nos convertimos. Esta es la hipótesis que subyace en las preocupaciones de los padres, sobre los recuerdos que los niños de hoy mantendrán a raíz de la pandemia de coronavirus y la cuarentena que le ha seguido. ¿Qué recordarán ellos sobre este momento de sus vidas? ¿Quisiéramos que recuerden todos los detalles o que los pasen por alto? Trato de no pensar demasiado en el futuro de mi hijo. La vida de hoy se siente irreconocible de cómo era hace unos meses, entonces, ¿cómo podríamos saber lo que nos tocará en un par de décadas? Pero por supuesto, mi mente preocupada divaga y me pregunto ¿cómo recordará mi hijo esta pandemia que está marcando su juventud?

Mi hijo quizás lo recordará como el Virus Chino. ¿Cuándo veré a mis amigos? ¿Podemos ir a San Mateo a ver a la familia? ¿Cuándo regresamos al gimnasio? ¿Cuánto falta para ir al Liceo? Todas estas preguntas pueden ser respondidas con la misma respuesta: “Después del Virus Chino”. Una respuesta vaga e incierta pronunciada por padres que no tienen idea de qué vendrá, porque nadie tiene las respuestas para algo que nunca antes había vivido.

Tal vez pensará en las voces adultas taciturnas que discutían sobre las noticias. Recordará acaso aquella falta de combustible que desesperaba a todos, unos precios del petróleo venezolano llegando a su nivel más bajo en décadas o que las petroleras cesaban parcialmente sus actividades en Venezuela. Los rumores persistentes de intentos de golpes de estado, de rebeliones y las sombrías ruedas de prensa reportando contagiados y muertos por el coronavirus en el país. Recordará las realidades susurradas que se colaron por la rendija en la parte inferior de la puerta, mientras en familia los adultos discutíamos nuestros peores temores en una habitación cerrada.

Es posible que gran parte de lo que está sucediendo no se registrará en su memoria. Sin saber acerca de mis malabares para estirar lo que queda en las cuentas bancarias, las discusiones sobre aplazamiento de deudas o el alivio al escuchar sobre un pago pendiente. No sabrá acerca de mis decepciones personales por la cancelación de los sueños que tomaron meses, que no son importantes en el esquema de las cosas pero lo son para mí. Tampoco escuchará acerca de los ruidos en mis oídos mientras me desplazo por las noticias y la ansiedad que comienza a abrumarme. Quizás ignore que si bien esto es difícil para todos, somos afortunados y hay muchas personas vulnerables que enfrentan mayores dificultades.

Para comprender cómo inmunizar a los niños o aliviar los malos recuerdos, es útil comprender cuándo y cómo se desarrolla la memoria. Aunque no hay consenso científico sobre cuándo los niños se vuelven capaces de recordar experiencias, los estudios han encontrado que algunos parecen tener recuerdos de cuando eran bebés, pero la mayoría tiende a olvidar esos recuerdos cuando tienen alrededor de seis años. Los recuerdos hechos alrededor de los tres o cuatro años parecen durar un poco más. Estamos aprendiendo conceptos, pero es posible que no tengamos acceso consciente a las experiencias que tuvimos hasta los tres años. Este es un fenómeno muy real llamado amnesia infantil que está bien documentado.

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Los cerebros de los niños no funcionan como los cerebros de los adultos, lo que complica nuestra comprensión de los mecanismos de la memoria. Parece que el hipocampo, ubicado en el lóbulo temporal, es la maquinaria básica de la función de memoria en el cerebro. En los niños, el hipocampo también proporciona un “andamiaje” para aprender y consolidar los hechos en recuerdos a largo plazo, según un estudio de la Universidad de Stanford publicado en 2014. Una combinación de factores afecta esa codificación. Primero, hay una parte de sensación que literalmente se debe experimentar para formar un recuerdo. Luego hay una reflexión sobre si es algo bueno o malo. Aunque también tiene que ver con nuestra personalidad. Parte de ello se relaciona con los prejuicios y cómo reflexionamos sobre las cosas, deformando ligeramente los recuerdos. Si podemos ayudar a los niños a recordar de manera más positiva, también los preparemos para otros éxitos en la vida. 

¿Cómo llevarlo a la práctica? Lo fundamental es ser honestos. Aunque podría parecer una buena idea proteger a los niños de las noticias sobre el COVID-19, eso los aísla aún más. Es probable que los niños que no reciben una narrativa inventen la suya. Y esa narrativa puede ser más amenazante, algo que pudieran llevar con ellos en el futuro. Discutir las cosas en el momento ayuda a prevenir eso, y por supuesto, decirles que estamos preocupados pero lo superaremos juntos. Superar las cosas malas con nuestros hijos puede ser nuestro acto de heroísmo, una conmovedora historia e incluso nuestro momento de brillantez científica.

Si el estrés relacionado con el coronavirus dejará a los niños sensibles con malos recuerdos será, al menos en parte, una función de cómo nosotros los padres manejamos la crisis. Hay partes de esta pandemia que espero que mi hijo olvide completamente y partes que espero que recuerde. Espero que recuerde la solidaridad que mostramos y recibimos de familiares, amigos y vecinos.

Me complacería que mi hijo recuerde que hicimos lo mejor que pudimos. Estamos siguiendo la decisión de quedarnos en casa. Nos mantenemos informados. Fortalecemos el contacto con nuestros amigos más vulnerables y ayudamos en la medida de lo posible. Espero que recuerde haber leído más libros y las recetas de cocina inventadas, así como tantas cosas que se pueden aprender fuera de la Escuela. Espero que también recuerde el cumpleaños de su prima a través de Zoom y WhatsApp con toda la familia en línea, y el gel antibacterial a mano. Espero que recuerde la gratitud por la salud y lo hermoso que es sentir el contacto con otra persona.

Paulino Betancourt es investigador y profesor de la Universidad Central de Venezuela. @p_betanco

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