Reconversión para que todo siga igual

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Foto Banco Central de Venezuela

Por: Carlos Hermoso

Nuevamente causan incertidumbre y angustia en la ciudadanía las decisiones de la administración de Maduro implementadas por el Banco Central de Venezuela (BCV). Quitar ceros al signo monetario oficial y producir un bolívar digital, nada resuelve. Pero sí causa mayor zozobra. La gente no termina de entender el asunto. Desde distintos ángulos se propagan ideas erróneas al respecto. Además de las mentiras del gobierno, se afirman cosas, principalmente por los economistas, que en nada ayudan a esclarecer

Una vez más nos vemos en la obligación de repetir las ideas acerca del dinero como equivalente universal. El valor de las mercancías se expresa en el precio. Sus fluctuaciones obedecen al desarrollo tecnológico y las fuerzas de la oferta y la demanda. En la medida en que avanza la composición de capitales —esto es, que se incorpora tecnología al proceso productivo—, los precios tienden a caer. Lo que explica, por ejemplo, que anden en el mercado distintas mercancías cuyos precios no guardan correspondencia con bienes agrícolas, por ejemplo, que requieren de muchísima menos tecnología. A la inversa, los bienes con baja composición resultan más caros. Japón no logra superar la caída de precios a la que ha conducido este desarrollo. Aunque en la caída de precios algo puede haber como resultado de la emisión de una menor proporción de papel moneda y dinero electrónico que el correspondiente a la riqueza que representa la masa monetaria.

Cuando estas variaciones al alza o a la baja no son el resultado de las determinaciones anteriores, cuando se hacen generalizadas, son el resultado de la cantidad de papel moneda y dinero electrónico. Cuando se emite mucho papel moneda y dinero electrónico en relación con el PIB y el oro en la economía, abovedado o en manos diversas, se produce la inflación. A la inversa, se produce deflación.

La inflación en Venezuela, a momentos galopante hasta llegar a hiperinflación, ya es una tradición. Es una política monetaria que conduce al incremento de la explotación obrera, absorbe riquezas al quitarle partes del salario al trabajador, favorece la importación de bienes al disminuir la capacidad productiva nativa. La caída de la demanda desestimula la oferta del producto nativo, con todo y que el dueño de medios cuenta con mejores condiciones para explotar al trabajador. Esa política hambreadora es exclusiva responsabilidad de los gobiernos. La inflación es inducida. Eso es cierto. Inducida por el ente emisor. El BCV emite papel moneda y dinero electrónico muy por encima de la riqueza que representa. De allí la inflación.

En Venezuela, la brutal inflación, la hiperinflación de años, les ha permitido a los gobiernos quitarles durante años los sueldos y salarios a los empleados públicos. Ha llevado a la pobreza a la clase obrera. Ha convertido el hambre de los trabajadores en la mayor ventaja comparativa para el capital. Aun así, no se localizan inversiones en áreas distintas a petróleo y minería. Salvo los que realizan las empresas que han logrado una mayor centralización de capitales, principalmente el grupo Polar.

Eso sí, mientras despoja a los trabajadores del salario, paga religiosamente la deuda externa e interna. Es que ése es su objetivo. Mientras los ingresos por concepto de petróleo y minería no sean suficientes, el salario seguirá siendo de hambre. Pero orgullosos se sienten Maduro y sus secuaces de honrar los compromisos con los acreedores.

Es que la inflación se convierte en un impuesto indirecto. Es un mecanismo que absorbe la riqueza para cubrir el presupuesto de ingresos. El dueño de medios de producción aumenta el precio de las mercancías, pero no aumenta el salario del obrero. O sea, se incrementa la explotación. Aumenta en términos nominales la ganancia capitalista. Se incrementa el volumen del impuesto sobre la renta que recibe el Estado. Además, los impuestos indirectos se incrementan en correspondencia con la inflación. He allí el despojo del trabajador.

Luego, quitar ceros no cambia esta realidad que es resultado de la política económica.

Por su parte, la creación de un bolívar digital tampoco agrega mucho a la economía. Facilita las transacciones y la contabilidad. Pero su emisión sigue estando sujeta al arbitrio del BCV. Por lo que, si se emite por encima de la riqueza que representa, igual se producirá inflación.

De tal manera que podemos prever que menos ceros y un bolívar digital no agregan más que unos días de mayor especulación y uno que otro rollo con el vuelto. El menudeo, pues. Pero de resto, habida cuenta de que la política económica no va a cambiar, seguirá habiendo inflación, salarios de hambre y poco, muy poco, crecimiento económico, ni que hablar de desarrollo.

A su vez, la dolarización seguirá su curso. No le queda de otra a la camarilla gubernamental. En torno del dólar seguirá habiendo mayor especulación. Sigue habiendo presión de demanda sobre esta mercancía. Con la paradoja a cuestas de que sigue perdiendo poder adquisitivo en el mercado mundial. En Venezuela no se aprecia lo suficiente esta baja del dólar, ya que la elevación de la inflación y de la presión de demanda hace que su precio se siga elevando en correspondencia.

De tal manera que no debe incrementarse la angustia con estas nuevas decisiones. De lo que se trata es de salir de la dictadura y erigir un nuevo gobierno con sentido popular y nacional, que aplique una nueva política económica, rescate nuestro signo monetario con base en el desarrollo diversificado del aparato productivo. Que, desde un principio, haga valer la orientación de afianzar la concentración de capitales, destinando ingentes recursos a la producción de bienes y servicios. Que evite a toda costa el endeudamiento público, propiciando el incremento de la producción y protegiendo el mercado interno.

Entretanto, hay que luchar por el rescate del salario y en defensa de los derechos laborales. Por la derogatoria de las leyes de zonas económicas especiales y la de antibloqueo, que desconocen los derechos laborales y atentan contra el interés nacional. Contra el aumento de precios. No al pago de deuda, sí a la honra de la deuda social adquirida con el pueblo venezolano. Plataforma de lucha que supone suficiente motivación para la unidad de los trabajadores.


CARLOS HERMOSO CONDE | @HermosoCarlosD

Economista y Doctor en ciencias sociales. Profesor de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político.

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo.

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