¿Realmente quieren los militares mantener en el poder a quien puede hacerles daño?

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Por Neho Sucre*

Hay quienes se preguntan si lo que impera en los cuarteles venezolanos es el miedo, en especial al castigo, a la persecución y a la pérdida de la libertad, pues aunque algunas personas dan fe de que existe en los grados bajos y medios un descontento generalizado, no hay acciones masivas que le acompañen y el alto mando militar continúa asegurando contar en sus filas con una sólida lealtad al gobierno de Nicolás Maduro.

Sería muy osado precisar si lo que prevalece es el temor. Sin embargo, lo que sí es posible corroborar es que han proliferado en los últimos meses las denuncias de tortura a miembros de la Fuerza Armada privados de libertad en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Debe reconocerse que los tratos crueles, en esencia, procuran no solo afectar a la víctima, sino también infundir miedo al grupo al que ésta pertenece, convirtiéndose de este modo en un mecanismo de represión social.

En comparación a otros momentos históricos de Venezuela, el escenario actual es tan atípico que el 24 de julio se conmemoró el Día de la Armada Bolivariana con ejercicios militares y sin el tradicional desfile aeronaval al que en el pasado podían acceder los ciudadanos en calidad de espectadores. Esto pareciera indicar que la unión cívico militar no va más allá de las palabras y de un restringido número de milicianos, quienes se han convertido en el relleno predilecto para todas las actividades, tanto las civiles como aquellas relativas a la Fuerza Armada.

Aunado a esto, mientras voceros de las cúpulas castrenses del chavismo enviaban mensajes de celebración y júbilo por el aniversario de la Armada, los familiares del capitán de navío Luis De La Sotta, miembro de este componente, seguían denunciando ante el mundo que él está siendo torturado en la DGCIM.

También permanecen las acusaciones de que la muerte del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo fue producto de los tratos inhumanos de los que fue víctima en las celdas del organismo de inteligencia, por lo que todo elogio a los hombres y mujeres de mar en su día resultó hipócrita y carente de sentido, viniendo de quienes pueden estar implicados en estas violaciones de derechos humanos y a sabiendas del sentimiento de profunda fraternidad que comparten los marinos.

Aunque el panorama parece sombrío, turbio y desolador, la historia de América Latina demuestra que cuando las élites dominantes incrementan sus niveles de represión, aunque logran intimidar en mayor medida, también pierden legitimidad, apoyo popular y respaldo internacional, por lo que les resulta más difícil mantenerse en el poder por largo tiempo.

Sumado a esto, cuando la amenaza llega a los militares, tiende a hacerse aún más débil el hilo que sostiene a los regímenes autoritarios, puesto que la lógica humana invita a pensar que nadie quiere mantener en el poder a quien puede ocasionarle algún daño. En esa dirección el gobierno de Maduro tambalea.

A la luz de estos hechos, lo cierto es que en la aparente “paz” de los cuarteles, habitan hombres y mujeres que cuestionan el estado actual de las cosas, ya que la uniformidad puede hallarse en la vestimenta de los efectivos, pero no en sus formas de concebir el mundo, aunque el discurso del alto mando chavista gira en torno a una unidad plena en la que no existe una idea distinta a la que ellos defienden.

*Neho Sucre, politóloga y militar retirada
Twitter: @NehoSucre

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