Realismo Mágico: “El Faes nos roba, el hampa nos cuida”

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Ésta fue la consigna en una protesta registrada hace pocos días en el barrio José Félix Ribas en Petare . Ver para creer.

“El FAES nos roba”

La Fuerza de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana (FAES) son, al igual que otros cuerpos del CICPC o la GNB, grupos tácticos altamente entrenados que han desempeñado en los últimos años numerosas y evidentes violaciones a derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales y forman parte de los instrumentos de represión política de la dictadura .

La FAES es repudiado por la población en donde ha llevado los operativos (como en José Félix Ribas) dado los excesos con los que opera, en las cuales muchas veces los mismos funcionarios incluso roban hogares. En otras palabras, hampa y FAES se han convertido para los ciudadanos en sinónimos con la diferencia de que unos operan con uniformes y otros no.

El nivel de descomposición institucional debido a una visión militarizada de la Seguridad Ciudadana, la politización de ésta y la ausencia absoluta de controles hace que el FAES pueda incluso resultar más peligroso que el hampa debido a que opera en nombre de las fuerzas que deberían proteger a los propios ciudadanos.

Pero, “el hampa nos cuida” ¿Cómo es eso?

“El Hampa nos cuida”: Consecuencias (¿no?) intencionadas de las Zonas de Paz

En el año 2015, José Vicente Rangel Ávalos, en aquel momento viceministro de Seguridad Ciudadana, declaró que múltiples áreas del país (principalmente en la región centro-costera) en donde se conocía operaban grupos delictivos organizados serían “Zonas de Paz” . Esto significaba que las fuerzas de seguridad no entrarían a cambio de su desarme y abandono de actividades delictivos. No es exagerado afirmar que el Estado cedió el monopolio del uso de la fuerza en territorios a grupos criminales de manera intencionada o con intenciones extremadamente genuinas.

El vacío que dejó el estado fue llenado por parte de los grupos criminales, beligerantes o terroristas, según el caso quienes ejercen control social en el territorio. Por control social hago referencia a que el grupo armado establece reglas o normas formales o informales por los cuales se rige la sociedad que habita en la zona controlada. En otras palabras, los criminales sustituyen al Estado en funciones de orden público, por ejemplo. Realismo mágico en estado puro.

Los grupos delictivos más organizados, suelen preocuparse por mantener el favor o simpatía de la población de las zonas geográficas donde se desenvuelven, ya que facilita sus operaciones y puede incluso suponer una protección ante arremetidas de fuerzas del estado.

Es así como es común ver en varias poblaciones en Colombia, México o Afganistán, como las personas están en contra de acciones violentas contra los grupos armados que cumplen funciones de Estado en territorios abandonados por el gobierno. En Venezuela, muchas veces la población defiende a personas ampliamente conocidas como criminales ya que estas pueden ofrecer protección, ayudas o incluso servicios básicos. Sectores como el 23 de Enero, colectivos como La Piedrita o Alexis Vives, operan claramente como vigilantes previniendo, por ejemplo, la comisión de robos y sancionando (de manera extra judicial, por supuesto) en caso de que sean cometidos. Literalmente, hay sectores donde el hampa nos cuida. El Estado dejó un vació que fue llenado por los grupos criminales.

¿Deberían seguir existiendo la FAES?

La FAES fueron creadas para realizar operativos que, por su complejidad, peligrosidad o naturaleza, requieren de personal altamente entrenado y especializado. Es muy común que cada país o incluso cada fuerza de seguridad o defensa de tamaño considerable tenga un escuadrón “élite” o especializado para atender situaciones extraordinarias.

Una acción urgente para asegurar que los cuerpos de seguridad sean funcionales en Venezuela es la simplificación de la compleja y ancha estructura de fuerzas especiales y repensar sus funciones. Además de la necesaria despolitización en todos los cuerpos policiales y un re-entrenamiento importante en materia de uso progresivo y diferenciado de la fuerza, derechos humanos y muchos otros temas relevantes, se debe mantener a los grupos o escuadrones especializados para situaciones extraordinarias. La FAES solo debe continuar existiendo si ello se concluye de un análisis institucional y normativo de todos los cuerpos de seguridad, así como el cumplimiento de funciones constitucionales y velar por su cumplimiento.

La FAES, CONAS, SEBIN o cualquier otro cuerpo o escuadrón especializado no puede andar patrullando las calles, por lo contrario deben dedicarse de manera exclusiva a su razón de ser. Lo mismo aplica para los militares. De no hacerlo, solo se puede esperar que estos grupos se desvirtúen o cometan excesos. El CICPC es, lastimosamente, el mejor ejemplo de ello. ¿Desde cuándo un Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas se dedica a patrullar y montar puntos de control?

¿Cómo se hace con el hampa?

Este asunto es increíblemente complejo. No existe una solución única para retomar el control de territorios en donde no hay presencia del estado y es controlado por la delincuencia o grupos irregulares. Países como México, Colombia y Brasil han tomado una aproximación de “mano dura” con operaciones de policías especializadas o militares, con resultados variados.
Sin embargo, la “neutralización” del hampa no es suficiente para garantizar la disminución de la delincuencia o que la población vuelva a confiar en las autoridades policiales o militares. Es necesario que se abarquen estos temas desde una perspectiva integral de política pública que atienda las carencias de la población que llevaron, en primera instancia, a que el hampa y la delincuencia pudiesen tener un rol protector en la comunidad.

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