¿Quiénes van a la Transición?

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Si en Venezuela hubiera una transición pacífica, o mínimamente cruenta, sería como hacer una fiesta o una gran cena, con una lista de invitados que agradarán a unos y escandalizarán a otros, pero a fin de cuentas deberán estar en la mesa para que el proceso político cuente con garantías mínimas de estabilidad y longevidad. Y sí, las rabietas éticas y los caprichos fantasiosos del “todo o nada”, se quedarán en eso, en fantasías bélicas y delirios reaccionarios.

En la mesa de la transición habrá que incluir, porque son los dueños de la mesa, la comida y la cocina, a los militares. Amos feudales que se han apropiado de todos los negocios lícitos e ilícitos del país, dominando las actividades de nuestra economía primaria y extractiva. Es decir, el petróleo, el gas, el oro y la minería. Además de cobrar peajes y tener “participaciones extraordinarias” en actividades asociadas a la pesca, la agricultura y la ganadería. Invitados VIP, pues. Ochenta por ciento de impunidad y garantías para sus activos, familias y amantes.

Otra tanda de invitados deberá incluir, respiremos hondo, a los dirigentes de segunda generación del chavismo, gobernadores y alcaldes en funciones, líderes mediocres castrados ante la egolatría de Hugo Chávez, Maduro y Diosdado, que obtuvieron el poder por jugarretas electorales del CNE, la ANC y los propios errores opositores. Serán necesarios para darle representatividad a la menguante militancia chavista.

También debemos incluir parte de ese entramado perverso de grandes “empresarios” que han financiado la Revolución nacional y regionalmente. Cada anillo de Poder chavista, en Caracas o en el interior, tiene su corte de empresarios enchufados, dueños de medios de comunicación y contratistas que bien o mal siguen aferrados al chavismo por miedo a perder negocios o tener que responder a la Justicia. De allí sale buena parte del dinero que financia campañas electorales y colectivos. Hay que darles cierta impunidad o amnistía para que terminen de saltar la talanquera sin miedo a cacerías.

Y ahora la lista de los Opositores. En teoría deberían entrar todos, por eso del llamado a la Unidad que hace el equipo Guaidó. Y sí, otra vez con un pañuelo en la nariz, deberán estar los abuelos del desastre de Maduro, esos adecos y copeyanos, más sus mutaciones de los últimos veinte años, que engendraron el sistema populista, demagógico y corrupto que pervirtió a la Cuarta República, debilitó a las instituciones y le abrió las puertas al populismo mesiánico de Chávez.

Que nadie piense que las corruptelas e injusticias sociales que le dieron pie al discurso chavista deberían quedar exoneradas, por más que el chavismo/madurismo/castrismo haya superado mil veces los peores errores de la Cuarta. Esa vieja dirigencia cohabitó con Chávez. Intentaron lucrarse con el Gobierno de Chávez y de Maduro, muchos lo lograron, sólo que nunca pensaron que el caos llegaría tan lejos.

Cerremos la cena con la “sociedad civil”, sobre todo actores gremiales, académicos y no gubernamentales que deben poder entrar a la Transición como guías expertos en sus respectivos campos. No podemos volver a cometer el error de darle el monopolio del Estado a liderazgos partidistas mediocres, corruptos y ahora hambrientos de venganzas y negociaciones.

Como verán, el magno evento de la Transición requerirá estómago de hierro, la paciencia del Santo Job, la tolerancia de Mandela y una visión histórica que nos permita construir las bases de lo que sería la Sexta República, una Venezuela moderna, federal, descentralizada y liberal. No se trata de quitarle la chequera petrolera a Maduro para dársela a un dirigente con las mismas prácticas y diferente camisa. Se trata de construir y hacer realidad las políticas propuestas en el Plan País.

Y a los colectivos, pranes, guerrilleros del ELN y las FARC, los militantes de la milicia y otras anomalías de la violencia proto-fascista que el chavismo creó, dulces sueños, no están invitados. Serán parte de una lista aparte, para ir neutralizando los gérmenes del próximo movimiento foquista y desestabilizador.

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