¿Quién ganó en Carabobo hace 200 años?

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Por: Alberto Navas Blanco

Indudablemente esa campaña militar fue un triunfo político y militar, es decir, estratégico, de las fuerzas armadas de la Unión Colombiana, comandadas por el general caraqueño Simón Bolívar y Palacios, con el apoyo de las unidades militares neogranadinas, británicas, etc, pero fundamentalmente por los aguerridos soldados venezolanos de aquella época, comandados por el extraordinario liderazgo social y militar del general José Antonio Páez Herrera, nacido en Curpa (Portuguesa) en 1790. Del resultado de esta brillante campaña político militar surgen los dos principales liderazgos que aún hoy marcan la simbología histórica venezolana; en primer lugar, el Libertador Bolívar, quien se consolida como líder central y unificador tanto para Venezuela como para con otras naciones de la América del Sur: Nueva Granada, Ecuador, Panamá, Bolivia y Perú, con destacada proyección panamericana sobre el resto del Norte, Centro y Sur América. 

Bolívar, como nos lo ha enseñado el Dr. Germán Carrera Damas, nuestro profesor en la Escuela de Historia de la UCV en los años de 1970, fue el creador inicial de la doctrina de la autodeterminación de los pueblos, 100 años antes que los postulados declarados por el presidente Wilson de los EE. UU. Bolívar fue un éxito histórico continental, que no nos perdonan algunos pueblos hermanos de Hispanoamérica que maltratan y deportan a nuestros connacionales migrantes en este siglo XXI, olvidando que Venezuela fue refugio de todas las nacionalidades desde la Guerra Civil Española, las dictaduras del Sur y la pobreza y violencia en el Caribe y América Latina de la segunda mitad del siglo XX. 

En segundo lugar, también emergió en Carabobo el liderazgo nacional que tendría el general José Antonio Páez, quien venía acumulando victorias contra las fuerzas españolas hasta 1818, cuando en enero de ese año en el Hato “Cañafístola” se unió a las fuerzas de Simón Bolívar. Este Páez ya había derrotado en Mucuritas, en enero de 1817, al brigadier Miguel de La Torre, quien luego iba a ser el comandante de las fuerzas realistas en el campo de Carabobo de 1821, un factor psicológico importante en la observable desmoralización que sufría el ejército español desde 1820, con la partida del general don Pablo Morillo hacia España. Páez fue líder en la separación de Venezuela de la Unión Colombiana, basado en su prestigio social, político y militar, que le valió ejercer la Presidencia de la República en 1830 y 1838, echando las bases de la Venezuela republicana en aquella Venezuela cacaotera y cafetalera, que empezó a progresar y a estabilizarse durante la primera mitad del siglo XIX. Finalmente, durante la malhadada Guerra Federal (1859/1863) Páez ejerció una malograda dictadura militar, en la que caballerosamente reconoció su derrota por la que salió al exilio luego del Tratado de Coche de 1863. Cuando Bolívar vino a Venezuela por última vez en 1827, pese a los recelos mutuos inevitables, entendemos que ya había dejado tácitamente aceptado el predominio político y militar de Páez sobre el entonces Departamento de Venezuela. Por todo ello resulta absurdo inventar peleas anacrónicas entre ambas figuras autoras de nuestra nacionalidad, cuyas diferencias eran obvias, pero que ambas apuntaban hacia la consolidación de Venezuela independiente y republicana. Aunque desde Bogotá la lealtad del general Francisco de Paula Santander era aún menos sólida, también este personaje debe ser entendido en sus propias circunstancias para respetar la objetividad crítica de la historia.


Bolívar, como nos lo ha enseñado el Dr. Germán Carrera Damas, nuestro profesor en la Escuela de Historia de la UCV en los años de 1970, fue el creador inicial de la doctrina de la autodeterminación de los pueblos, 100 años antes que los postulados declarados por el presidente Wilson de los EE. UU.

Alberto Navas Blanco

La campaña de Carabobo era ya planificada por el Libertador y sus asesores muy cercanos como el general Carlos Soublette desde 1820 y tuvo sus raíces estratégicas en el año 1819 una vez consolidada la base republicana en Angostura. La visión estratégica de Bolívar supo explotar tres factores fundamentales. Primero una concentración de fuerzas militares patriotas que desde Oriente y Occidente avanzarían coherentemente hacia el centro de Venezuela, especialmente a San Carlos, Caracas y Valencia, proceso en el que se destacaron las fuerzas de Páez, Urdaneta, Bermúdez, Carrillo, Arismendi y otros. Aprovechando con ello la tendencia retrógrada que experimentaba el ejército español al mando del Mariscal Miguel de La Torre, que retrocedía hacia el centro desde el occidente, buscando un punto de concentración y apoyo de otras fuerzas realistas desde Caracas y el alto llano de Guárico. Las cuales afortunadamente fueron divididas y separadas del plan de La Torre por los movimientos de “diversión” planificados por Bolívar y su estado mayor. En segundo lugar, Bolívar supo aprovechar el desamparo logístico con el que la monarquía española de Fernando VII había dejado al ejército expedicionario de don Pablo Morillo desde 1815 y luego, desde 1820, bajo el mando de La Torre. Recuérdese que ese funesto rey tenía también que enfrentar las conspiraciones militares internas de índole liberal que también estallaron en 1821 con la famosa rebelión de Riego. El ejército de Morillo sufrió desgaste desde el hundimiento de buque insignia “San Pedro Alcántara” en 1815 frente a la Isla de Margarita, perdiendo armas, pertrechos, hombres y un supuesto tesoro real para financiar la guerra “pacificadora”, en esas mismas fuerzas se encontraban muy posiblemente oficiales simpatizantes con los liberales. En tercer lugar, Bolívar debió entender la dimensión psicológica de repliegue que se había instalado en el bando español desde 1820, basada tanto en el deterioro cuantitativo y cualitativo del personal militar español, las deficiencias logísticas, los informes de lo que hoy llamamos “inteligencia” y las operaciones exitosas que venía acumulando el bando patriota. La famosa entrevista de Santa Ana entre Bolívar y Morillo el mes de noviembre de 1820, en la que estuvo presente Miguel De La Torre, parecía una especie de capitulación temprana que implícitamente ya reconocía a la República con el consecuente Armisticio. La retirada personal de Pablo Morillo a España dejándole el mando a La Torre el 3 de diciembre de 1820, no podía ser de peor presagio para el nuevo comandante del ejército español, quien tendría que frenar el avance del ejército libertador, entre quienes venían las fuerzas del general Páez quien lo había derrotado ya tres años antes en Mucuritas. Este factor psicológico sobre la moral de las fuerzas realistas desplegadas en la sabana de Carabobo en junio de 1821 no debe ser subestimado. No por casualidad estas fuerzas se emplazaron en una posición adecuada para un posible repliegue hacia Puerto Cabello, lo cual era militarmente normal, pues siempre hay que prever una posible retirada, pero, en este caso, la tendencia operativa y psicológica española apuntaba desde hacía tres meses hacia una retirada progresiva, siguiendo el añorado camino de Morillo para el regreso hacia la España.


también emergió en Carabobo el liderazgo nacional que tendría el general José Antonio Páez, quien venía acumulando victorias contra las fuerzas españolas hasta 1818, cuando en enero de ese año en el Hato “Cañafístola” se unió a las fuerzas de Simón Bolívar

Alberto Navas Balcno

Finalmente, el repliegue de La Torre y sus fuerzas, que aún contenían unos 2000 hombres, hacia la fortaleza de Puerto Cabello, los mantuvo relativamente fuertes hasta finales de 1823, pues pese al sitio naval y terrestre que los cercaba éste era frecuentemente burlado por la escuadra española que les proveía de recursos de resistencia desde Cuba y Puerto Rico. Por todo ello, dada la caída de la fortaleza de Cartagena de Indias, pero principalmente por la derrota de la escuadra española por la flota republicana comandada por el Almirante Padilla en la batalla naval del Lago de Maracaibo del 24 de julio de 1823, se derrumbaron las posibilidades de subsistencia española en la fortaleza de Puerto Cabello, por lo tanto las últimas fuerzas españolas en Venezuela no tuvieron otra alternativa que la retirada, proceso en el que el general José Antonio Páez tuvo un rol determinante. La victoria de Puerto Cabello y del Lago de Maracaibo en 1823, son estratégicamente tan importantes como la campaña de Carabobo que ya había terminado con el triunfo patriota el 24 de junio de 1821, como un choque rápido y contundente que, junto a los otros dos eventos señalados de 1823 terminaron de sellar la guerra y contribuyeron a disuadir a la llamada Santa Alianza de la monarquías europeas para que no intentaran  expediciones militares conducentes a recuperar las antiguas colonias españolas. 

Bolívar y Páez emergieron entonces como las figuras preeminentes en el destino de la Unión Colombiana y de Venezuela respectivamente, aunque posteriormente se les pueda atribuir errores políticos que, en todo caso, serían menores a sus éxitos. Los comandantes españoles también fueron militares honorables y leales a su causa. El general don Pablo Morillo recibió honores desde España investido como conde de Cartagena en 1815 y Marqués de La Puerta en 1818, al regresar a España fue designado como Capitán General de Castilla la Nueva, y al caer el trienio Liberal tuvo que salir hacia Francia, falleciendo finalmente en Beréges en 1837. El Mariscal Miguel de La Torre también había sido investido como conde de Torre-Pando de Torrepalma en 1836 y designado como Gobernador y Capitán General de Puerto Rico en 1823, para fallecer en Madrid en 1843.

Napoleón Bonaparte admirado ocultamente por Bolívar, ambos cesaristas, señalaba la importancia de la llamada “Gran Estrategia” como el nivel político de la guerra más elevado, por encima de la estrategia y la táctica; en ello radica el éxito de los combates, batallas, campañas y guerras, al saber manejar la política y dentro de ella la guerra.  Por algo tan exitoso el refrán europeo de la primera mitad del siglo XX: “La guerra es tan importante, que no se debe dejar solo en manos de militares”, con estos consejos ya viejos, tal vez algún día recuperemos la Guayana Esequiba y el Apure ya militarmente comprometido.



ALBERTO NAVAS BLANCO 
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Licenciado en historia de la Universidad Central de Venezuela, doctor en ciencias políticas y profesor titular de la UCV.

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