Quiebre rápido | Michael Jordan en la mira

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La serie The Last Dance fue vista por más de 23 millones de personas sin contar a los televidentes de Estados Unidos | Foto Prensa The Last Dance

La noche del 14 de junio de 1998 no apartaba la vista del pequeño televisor. Estaba sentado en el escritorio de Jhonny Villarroel, mi jefe en aquel momento, mientras observaba el evento más importante de la guardia dominical: el sexto juego de la final de la NBA. La redacción del diario El Nacional, en el antiguo edificio de Puerto Escondido, en Caracas, estaba casi desierta y solo esperaba el resultado del partido entre el Jazz de Utah y los Bulls de Chicago para completar la faena de fin de semana. En realidad, era más que eso. Desde la temporada 97-98 se hablaba de la disolución del equipo de Michael Jordan, lo cual agregó dramatismo a la jornada, pues podría ser desafío de despedida de la estrella y de uno de los mejores conjuntos de la historia. Entonces ocurrió lo que todos sabemos: en los últimos segundos Jordan robó el balón a Karl Malone, siguió con paso firme y calmado para luego burlar a Bryon Russell y anotar el doble que le dio el triunfo y el sexto título a Chicago. Fue un cierre de película. La gesta quedó inmortalizada en la foto del cubano Fernando Medina, una imagen que fue seleccionada como la número 1 entre las 100 mejores gráficas de todos los tiempos de la cadena Sports Illustrated: Jordan suspendido en el aire, Russell desequilibrado, mientras que el resto de los jugadores, las dos bancas y todo el Delta Center observaban el histórico tiro de quien es considerado el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.

The Last Shot, una imagen que quedó inmortalizada por el fotógrafo Fernando Medina | Cortesía

Fue el final de una era y el inicio de un mito. Un capítulo que sirvió de inspiración al director Jason Hehir para armar la estructura de The Last Dance, con las 500 horas de grabación de las interioridades del camerino de los Bulls en la temporada 1997-1998, guardadas durante dos décadas en los archivos de la NBA en Nueva Jersey. Sobre esa base se construyó el storytelling de la serie de 10 capítulos que tuvo una audiencia de 5,8 millones de televidentes en Estados Unidos, a través de la cadena ESPN, y 23,8 millones personas en todo el mundo en la plataforma Netflix. El secreto: el carisma que generó Michael Jordan durante los primeros 14 años de carrera; la imagen de un hombre triunfador en el deporte, que se abrió camino para reinar en la década de los 90; un relato que mostró a héroes como Phil Jackson y Scottie Pippen; grandes personajes secundarios como Dennis Rodman y Steve Kerr; villanos como Jerry Krause, Isiah Thomas y los Bad Boys de los Pistons de Detroit; la nostalgia por una época brillante del baloncesto mundial. Pero todo encuadrado en el marco de Hehir, un admirador de Jordan en su juventud, y bajo la supervisión del equipo de producción del jugador. Más que un documental, la exitosa trama es un producto de marketing bien elaborado. Aunque se basa en eventos registrados, es la historia contada bajo la óptica del realizador.

Con The Last Dance las nuevas generaciones conocieron un poco más del jugador que convirtió a un conjunto del montón, los Bulls de los años 80, en una dinastía que ganó seis títulos en ocho años; al atleta que sumó dos medallas de oro olímpicas; a la figura que después de la caída del Bloque Socialista sirvió de vehículo para llevar a Europa Oriental y a todos los rincones del mundo la cultura de la NBA, que al final dictó patrones a los jóvenes de la época. Pero durante el relato que pone a Jordan como eje, muchos se sintieron afectados. Uno de ellos es Craig Hodges, jugador que fue compañero de Jordan desde 1988 hasta 1992 y que no formó parte de los 106 entrevistados para la serie. Fustigó a la estrella por criticar en “su documental” interioridades del camerino (como las historias de drogas y libertinaje durante las noches), así como su negación a participar en la lucha en favor de los afroamericanos en Estados Unidos. El croata Toni Kukoc, quien formó parte de la escuadra campeona en 1996, 1997 y 1998, también dijo que fue injusto el trato que se le dio en el documental a Jerry Krause, el gerente que armó la estructura de los Bulls y a quien Jordan acusa de haber disuelto al equipo.

Otro de los que se molestó por los comentarios de Jordan en The Last Dance fue Horace Grant, una de las figuras con la que los Bulls levantaron los trofeos de 1991, 1992 y 1992. Grant se sintió afectado cuando Jordan dijo que fue él quien filtró interioridades del vestuario al periodista Sam Smith, escritor del bestseller “The Jordan Rules” que mostraba al líder del equipo como un tirano, un hombre poco empático y violento con sus compañeros. “Es solo rencor, hombre. Te lo digo, fue solo rencor de su parte. Y creo que lo demostró durante este llamado documental. Cuando dices algo sobre él, te va a cortar, va a tratar de destruir a tu personaje”, dijo Grant en una entrevista que hizo ESPN y fue reproducida por The Guardian. Para muchos, apenas se mostró la punta del iceberg del carácter volátil de Jordan. Si bien el propio protagonista contó parte de su debilidad por las apuestas, su violencia verbal y física contra sus colegas en los entrenamientos, queda abierta la puerta para la especulación por su retiro en 1993, luego de la muerte de su padre, debido a su presunta vinculación con las mafias de apuestas ilegales.

Aunque la promesa del documental era mostrar la última temporada de Michael Jordan con Chicago, quedó pendiente la opinión de Juanita Vanoy, su primera esposa y la mujer que fue clave en su transformación de un jugador talentoso a una superestrella de los deportes. Si bien la vida privada del astro siempre estuvo alejada de los medios, Vanoy no se ha referido a su exesposo desde su divorcio en 2007. Versiones indican que parte del acuerdo de separación, del que recibió 168 millones de dólares, incluía una cláusula de confidencialidad. Marcus, Jeffrey y Jasmine, los hijos de esta primera unión, solo aparecen en el último capítulo. Pero Yvette Prieto, la actual mujer de Jordan, no figura en el film, tampoco sus pequeñas hijas Ysabel y Victoria.

Podemos decir que es el mejor atleta de todos los tiempos o un egocentrista que llevó al extremo a sus compañeros por sus ansias de triunfo; una figura que forma parte del patrón de éxito de la cultura occidental o un hombre que no quiso luchar por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos; un competidor en el estricto sentido de la palabra o un abusador. Podemos opinar lo que sea, dependiendo del conocimiento que se tenga de Jordan, pero lo que sí queda claro es que The Last Dance es una de las grandes piezas de televisión que revolucionó a la audiencia durante la pandemia. Su éxito es innegable como la perfección de Jordan en las finales de la NBA. 17 años después de su retiro y 22 de aquella final que observé en la oficina de Jhonny en la vieja sede del diario El Nacional el nombre de Jordan es entonado por decenas de millones de personas en el mundo. La audiencia no va encontrar toda la verdad sobre el astro en la “docuserie” que acaparó la atención durante cinco semanas. Solo disfrutará la versión de Michael Jordan, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.

Williams Brito es periodista especializado en deportes. Graduado en la UCV con experiencia en el diario El Nacional y Líder en deportes. Coordinador de de Opinión de El Pitazo. @willibrito

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