¿Qué tan oscuro será el resto del 2019?

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En el estado Monagas se racionaban hasta 250 megavatios a cualquier hora del día cuando el único transformador operativo en Guri se recalentaba | Foto: Jesymar Añez Nava

Arranca el segundo semestre del 2019 y los daños inducidos por la mala praxis operativa en el Sistema Eléctrico Venezolano Interconectado, SEVI, dejaron los más dañinos apagones nacionales en 130 años de historia eléctrica nacional. Minimizaron a niveles inaceptables el mantenimiento de la infraestructura eléctrica durante los últimos cuatro años y agravaron la corrupción, manteniendo y, a veces profundizando la miseria energética. Somos el país que más dinero ha malbaratado para la electricidad y siendo la nación con la mayor reserva energética per cápita del mundo.

Así las cosas, cabe preguntar ¿qué más nos puede pasar? La respuesta tiene muchas aristas y todavía la férrea opacidad que acumula 3 mil 128 días consecutivos sobre los datos del SEVI, no ayuda, generando el más maligno de los apagones, el informativo. Éste coloca a toda la sociedad en un estado de completa indefensión. Veamos los factores agravantes y los atenuantes de esta continuada agonía.

Entre los agravantes:

1) La generación efectiva tanto térmica como hidroeléctrica registra sus niveles más débiles, un retroceso de más de 20 años.
2) La transmisión y la distribución, T&D, se encuentran muy disminuidas.
3) La logística de combustibles muestra carencias inéditas no sólo en la cantidad sino también en la calidad de los mismos, necesaria para propulsar el parque de generación termoeléctrica más costoso del mundo.
4) Sin olvidar la diáspora del talento humano especializado que, al igual que el resto de la sociedad, emigra para buscar mejores oportunidades por lo invivible que Venezuela se convirtió.
5) El canibalismo eléctrico de la infraestructura que elimina la flexibilidad operacional e imposibilita aún más el mantenimiento de los sistemas.
6) Opacidad informativa, lo poco que se filtra o se permite
el régimen es adrede y son pocos los especialistas con el talento para descifrar la delicada situación y reconocer las incongruencias técnicas que pueden conducir a conclusiones y, por ende, a promulgar mejoras erradas.
7) Muchos pescadores en río revuelto que ven la crisis de este sector medular para el funcionamiento y recuperación de Venezuela como “un negocio” y no como una vital necesidad para una nación.
8) Los daños son severos y tendremos que vivir con muchos de ellos por lo menos unos dos años o más de no acontecer en este 2019 el cese de la usurpación. Mientras se trabaja de manera coordinada en todas las fases de la cadena de valor eléctrica: generación, T&D, atención al cliente, tarifas, atención de la calamidad inicial, consolidación y decisiones futuras.

Entre los atenuantes y, aunque Ud. no lo crea, los hay, tenemos unos que minimizan la potencial ocurrencia de otros grandes apagones en 2019:

1. La estatal eléctrica, a raíz de los grandes apagones de marzo, ha racionado más, colocando al SEVI en una postura que si bien es muy limitada, por lo menos la hacen más segura dentro de lo que cabe.

2. Lecciones aprendidas, de los eventos de marzo 2019, hacen posible una operación más prudente.

3. La estatal tiene un plan, que ejecuta dentro de sus limitaciones, ha habido algunos aciertos, pero también hay grandes peligros. En el área de generación térmica, de tener éxito las medidas en progreso, todavía tardarían unos 120 a 150 días más para notar los efectos de mejoría.

4. La demanda eléctrica ha pasado sus mayores valores y eso pone menos presión en la infraestructura pese a sus limitaciones. La estrangulación de la demanda, ha desaparecido el segundo pico anual del SEVI, en los últimos dos años. Ver infografía.

5. La hidrología continúa siendo favorable y a los pronosticadores de “El Niño”, que nada tiene que ver con la crisis, la baja demanda hará que se vuelva a perder la energía en dos meses más, esperemos que en esta ocasión no se vuelvan a inundar negligentemente las poblaciones indefensas por tercer año consecutivo.


Tradicionalmente, el SEV, se ha caracterizado por tener dos picos cada año, el primero identificado como [1] ocurre entre abril y mayo. Un segundo [2], ocurre en el último cuatrimestre del año. En el caso tradicional, [1] y [2], ambos picos son el producto de los incrementos de las temperaturas por los equinoccios solares. El pico [2], muchas veces representaba la máxima demanda anual, cuando Venezuela tenía un sector exportador fuerte (petrolero y no petrolero).

Se observa que después de la crisis inducida (ex-profeso) del nivel del Guri en el año 2016, un quiere con la desaparición del pico [2], producto de políticas económicas erradas, que propulsan la hiperinflación, la diáspora y la pérdida de buenos empleos, que combinados con la corrupción y ausencia de mantenimiento de calidad y oportuno de la infraestructura eléctrica, terminan deselectrifincando Venezuela, con las implicaciones socioeconómicas que esto conlleva.

El SEVI continúa acumulando deterioro, donde la carga de abuso acumulado es excesiva en el equipamiento y, de no resultar exitosos los presentes intentos de la estatal eléctrica, se pondría en un constante jaque la gobernabilidad del gobierno de transición. Hemos llegado a un punto donde los mantenimientos se harán más difíciles de ejecutar y ya nada más nos puede fallar.

Debemos sembrar consciencia, donde todavía no se ha sembrado el petróleo, enfrentado honestamente la realidad, los sueños que compartimos nos permitirán construir mejores realidades para ser una gran nación.

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