¿Qué nos enseña la caída del Muro de Berlín?

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Foto: Cortesía

Este 9 de noviembre se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín y, como cada año, esta fecha nos debe llamar a la reflexión sobre los aprendizajes que dejó el traumático experimento de amurallar a una ciudad, a una nación y a un imperio, el Soviético, para impedir que la gente buscase libertad y progreso en otras latitudes.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el filósofo alemán Karl Dietrich Bracher, luego de haber servido en la Verhmach y de haber sido hecho prisionero en 1943 por fuerzas aliadas, dedica su vida al estudio de la República de Weimar y al totalitarismo como fenómeno. En su trabajo hace énfasis constante en calificar como totalitarios tanto al régimen nazi como al orden soviético-comunista y su influencia en Europa del este, incluida la República Democrática Alemana

Un elemento nominal que llama la atención es que, a efectos del gobierno de la República Democrática Alemana (cada vez que el nombre de un país incluya un adjetivo, lo más probable es que carezca de esta condición) el Muro se llamaba Barrera de Protección Antifascista. Este era el pomposo nombre que escondía el empeño de evitar la masiva fuga de la fuerza laboral y la intención no de perseguir, sino de controlarlo todo, que resultó en un país gris, sin color, sin alegría, sin creatividad. Es aquí donde es fundamental la reflexión de Bracher sobre la pretensión totalitaria de ambas formas de gobierno (la del Nacional Socialismo y la del Comunismo), en tanto ambas pretendieron un control total de la realidad social, de los grupos y de las personas, hasta en sus aspectos más íntimos.

Del mismo modo, el periodista y escritor Timothy Garton Ash, describe a la Stasi (la policía política de la RDA) y los mecanismos de control en la Alemania del Este, como el retrato casi perfecto del estado totalitario Orweliano. Inspirada y controlada por la KGB.

Después de la reunificación alemana, los archivos de la Stasi fueron desclasificados y Garton Ash tuvo acceso al que habían elaborado sobre él en los años en que trabajó en ambas alemanias investigando para su doctorado. Este archivo, los detalles, la cantidad de personas involucradas y los oficiales de la Stasi que las contrataban, hablan del enorme esfuerzo que hacía el gobierno de Alemania del Este por controlarlo todo. Uno de cada 50 alemanes tenía relación con la policía política. Y es justamente esta la primera característica de este régimen totalitario.

Otros elementos fundamentales del régimen de la RDA eran la mentira y el terror, la mentira sobre la que se fundamentan todo en estos gobiernos, las noticias sobre logros que no existen, las mentiras sobre lo que había detrás del muro, la mentira sobre la soberanía del país que no era otra cosa que un títere de la Unión Soviética. Y el terror impuesto por la persecución a quien pensaba distinto, o los castigos que recibían quienes trataban de escapar y burlar el Muro.

El terror impuesto por la desconfianza del sistema de informantes (mismo esquema impuesto hasta la fecha en Cuba, Corea del Norte y que empezamos a ver en Venezuela), el terror de las atrocidades cometidas por una eficiente burocracia estatal que funcionaba, por cierto, mejor que en el resto de los países del bloque soviético, siendo probablemente el mejor ejemplo, después del de Adolf Eichmann en los famosos testimonios de su juicio, de lo que Hanna Arendt llamó “la banalidad del mal”. Personas sin demasiada formación doctrinaria, sin demasiados vínculos con el partido de gobierno, sin ser intrínsecamente malos, cometiendo terribles atrocidades, simplemente por seguir órdenes.

Todo régimen totalitario busca perseguir y aterrorizar a la disidencia, controlarlo todo y construir las mentiras que sean necesarias para justificar y darle apariencia de legalidad a las pretensiones de permanencia en el tiempo, pensamiento único e impunidad ante cualquier crimen cometido en nombre de la revolución, la patria o cualquier otra entelequia detrás de las cuales suelen esconderse las élites de tiranos.

Otro elemento característico de estos años en Alemania fue la enorme diáspora que huyó en un número de hasta tres millones antes de la construcción del Muro y las decenas de miles que lograron escapar burlándolo. Cualquier sociedad de la que la gente huya masivamente dejándolo todo atrás, es una sociedad que ha fracasado y en la que no vale la pena vivir. Por ejemplo, fueron muy simbólicos los eventos ocurridos en Hungría en 1989 cuando la frontera con Austria fue abierta y miles de turistas de la RDA que se encontraban allí prefirieron escapar a Austria antes que regresar a Alemania, provocando un alud de cruces de Alemania del Este a Hungría. Que la gente esté dispuesta a cruzar a pie una frontera, dejando sus autos del lado húngaro y un hogar en Alemania del Este, con todas sus pertenencias habla de la opresión y la depauperación característica de estos regímenes y, sobre todo, del instinto de libertad que es parte fundamental de la naturaleza de la persona humana.

Por último, es interesante reflexionar sobre la enorme alegría y esperanza que significó para los alemanes la caída del Muro y la reunificación. La manera en que la economía de Alemania del Oeste oxigenó y permitió recuperarse a la de Alemania del Este una vez unificadas. La manera en que Alemania encaró su pasado y supo aplicar las dosis correctas de justicia y perdón para mirar hacia adelante y recuperar el espíritu nacional y el camino común al desarrollo. El Muro y su caída simbolizan como pocas cosas la maldad de la que es capaz el hombre, pero también lo mejor de nosotros y el instinto de libertad que nos impulsa. 

El Muro de Berlín representa el fracaso del experimento comunista-totalitario y la tragedia en que se han convertido los países que lo han intentado. El hecho de convertir a un país en una cárcel, de dividir a una ciudad, sus calles, sus cloacas, sus edificios y parques deben ser recuerdo constante del fracaso socialista.

Todo lo anterior debe servir, cada año, para que entendamos cómo funcionan los sistemas totalitarios y poder enfrentarlos, no queda de parte nuestra perdonar o no a quienes infligieron tanto daño, eso solo pueden hacerlo quienes sufrieron estos terribles crímenes, pero sí debemos aprender para que nunca más vuelva a ocurrir y, en el caso venezolano, para sacar cuanto antes al gobierno socialista del poder. Allí reside la importancia de aprender y actuar en torno a una fecha como esta.

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