¿Qué hacer con la oposición venezolana?

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Esta pregunta se la hacen, al mismo tiempo, Maduro, los cubanos, los rusos, la Unión Europea, los Estados Unidos de Norteamérica y la diplomacia latinoamericana. ¿Cómo hacer que las oposiciones venezolanas se decanten, unifiquen y coordinen? ¿Cómo hacer que los verdaderos opositores tengan el valor para actuar directamente sin seguir con la estupidez de querer estar bien con todos? ¿Cómo hacer que alguna de las facciones opositoras sea capaz de imponer su línea sin el constante boicot del resto?

Acertijos. Frente a Chávez, los “opositores” padres de la Cuarta República y sus franquicias, PJ y UNT, vivieron, se enriquecieron y sobrevivieron con la franela azul. Negocios, contratos, tolerancia, belicosidad de micrófonos, complicidades de whiskies y parrillas. Todos lo sabían pero nadie lo decía porque había dinero para comprar casas en Miami o República Dominicana, cargos a repartir y barril a 100 o 120 dólares. Cada uno, desde su “antichavismo chavista”, logró crear su espacio.

Hoy, con Maduro bloqueado, los cubanos desesperados y los militares saqueando lo que queda del país, las negociaciones son mucho más magras, mezquinas y pobres. De hecho, hasta días después de pasado el susto de la amenaza militar colombo-norteamericana, seguían en la rebatiña. Los partidos de la extinta Mesa de la Unidad Democrática siguen buscando desbancar a Guaidó y Leopoldo. El nuevo escenario es apuntar a un nuevo período en la Asamblea Nacional, sacando a Guaidó de la Presidencia y jugando a “la conciliación nacional”. Ojalá me equivoque, pero todo apunta a un pacto entre Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática para ocupar “un nuevo espacio de lucha en la Asamblea Nacional”. Obviamente, dándole toda la impunidad y margen posible a Maduro, Diosdado y su clan. Se conformarán con elecciones parlamentarias, municipales o regionales y la promesa de unas presidenciales controladas. Meter algunos nuevos diputados y aspirar, en el caso de UNT, a la Alcaldía de Maracaibo, su caja chica tradicional.

¿Por qué el alcalde chavista de Maracaibo y el gobernador chavista del Zulia no han hecho ninguna crítica, investigación o cuestionamiento contra la ex alcaldesa de Maracaibo, esposa de Rosales, cuando tuvo una gestión terriblemente cuestionada y opaca? ¿Por qué el chavismo, léase Diosdado Cabello, José Vicente Rangel y Maduro, permitieron el retorno de Manuel Rosales y le toleraron las maniobras clientelares que fueron notorias en la alcaldía de Maracaibo y el resto de las alcaldías de UNT? En fin. El juego de ser opositor con Chávez (una oposición de redes sociales, estridencias y bailoterapias) se está reeditando con Maduro.

Y la comunidad internacional lo sabe. La oposición venezolana es un saco de gatos, incapaces de ponerse de acuerdo entre sus vanidades y corruptelas. Por eso no garantizan la gobernabilidad. Por eso nadie hará un esfuerzo real por ellos. Son como la oposición siria, corrupta, acomodaticia, floja y mediocre, incapaces de ejercer un liderazgo sostenido. Y siempre con sus divisiones internas, dispuestas a venderse al mejor postor. El oro del Arco Minero paga las rumbas chavistas y algunas concentraciones opositoras.

El camino de la oposición verdadera pasa por una guerra de dos frentes contra Maduro y su clan y contra los opositores que le hacen juego. ¿Le alcanzarán los cuatro meses que le quedan a Leopoldo y Guaidó frente a la AN? ¿Y qué pasa si Rosales cumple su sueño de ser presidente de la Asamblea Nacional en un escenario de elecciones presidenciales? ¿Algún día dejaremos de ser una republiquita de líderes negociadores de contratos? ¿Cuándo tendremos líderes históricos, estadistas, en vez de buhoneros?

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