Que hablen los alumnos                                                                                     

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Por: Luisa Pernalete

Beatriz está en 5 grado. Estudia en una escuela de Fe y Alegría en el municipio San Francisco, de Maracaibo. Estaba feliz de volver a un patio de recreo, ver compañeritos, tener a una maestra al frente. Cuando le pregunté cómo se había sentido este año, contestó animada: “Me sentí acompañada por los otros niños, por la maestra. Al principio un poco nerviosa, pero después me fui calmando”. Su mamá dice que no ha querido faltar ni un solo día a clases.

Falta poco para que termine este difícil año escolar, porque la emergencia humanitaria compleja no ha terminado, porque los servicios públicos siguen fallando, el combustible sigue escaseando, aunque en algunas ciudades haya mejorado este aspecto. Los docentes están hasta el 30 de junio, otros hasta el 15 de julio. Sugiero aprovechar estos días que faltan para darle la voz a los alumnos. Así ya van recogiendo aprendizajes e insumos para el próximo período.

Recomiendo que comiencen por preguntar cómo se sintieron cuando les dijeron que volverían a tener clases presenciales. ¿Les gustó la noticia? A los más pequeños les pueden pedir que hagan un dibujo que exprese qué rostro tenían ese primer día: ¿alegría? ¿fastidio? ¿miedo? Pregunten si se sintieron bien recibidos después de casi dos años de educación a distancia. Recuperen alguna anécdota simpática.

¿Y durante el año, cómo se fue desarrollando el trabajo? ¿entendían mejor los temas que cuando era a distancia? ¿Se ayudaban en el salón? ¿Las tareas fueron muchas, pocas, suficientes, aburridas, interesantes? ¿Qué fue lo que más les gustó de lo que aprendieron? ¿Qué no les gustó? En el bachillerato había que preguntar —tal vez el profesor guía— ¿cuál fue la materia que más les gustó? ¿Porqué?  ¿Cuál les resultó más difícil? ¿Sugerencias?

Una estrategia clave que puede resultar para pequeños, medianos y grandes: hagan que se imaginen qué harían su fuesen la maestra o el maestro, ¿qué hubieran hecho en el salón? ¿qué hubieran enseñado? Y más aún: y si fueran parte del equipo directivo, ¿qué hubieran hecho en el colegio? ¿Cuáles actividades especiales hubieran organizado? ¿Qué les gustaría hacer para finalizar este año escolar y qué propondrían para el próximo si pudieran hablar con los directivos?

 ¿Cómo estuvo el comportamiento entre los alumnos? ¿Costaba poner atención? ¿Se hicieron a principio de año los acuerdos de convivencia? ¿Se cumplieron? ¿Hubo peleas con golpes en pasillos y en el patio? ¿Se trataron en clase temas sobre violencia escolar, se habló del acoso escolar? Si no se hizo, ¿creen que se debiera hacer?

Pregunta importante, ¿saben de compañeros que abandonaron los estudios? ¿Es posible recuperarlos? Caso especial los “niños dejados atrás”, esos cuyos padres se fueron a las minas, o a otros países y se quedaron con los abuelos, tíos, hermanas mayores… ¿Se han sentido acompañados en la escuela?

Dar la palabra a los alumnos siempre ha sido necesario e importante, pero más ahora, después de casi dos años de educación a distancia, durante el cual los alumnos estuvieron lejos de la mirada, del trato directo con los educadores y, de una u otra manera, adquirieron autonomía, para mal o para bien. Pero la educación ya no será la misma, ni aquí ni en el resto del mundo.

Tiene que ser más creativa, más participativa, menos “bancaria”, para decirlo en términos de Pablo Freire. Eso requiere cambios, más trabajo en equipo, más empatía con los alumnos, de la edad que sean.

También los padres y representantes deberían ser consultados sobre cómo se han sentido este año, y cómo han visto a sus hijos con este retorno. Pidan sugerencias para el próximo año. Recuerden que la escuela y la familia juegan en el mismo lado de la cancha. La familia es la primera aliada de la escuela.

Estas conversaciones no tienen que ser todas para un solo día, dediquen un rato en  cada ocasión, y hasta de repaso les puede servir. Y si logran que unos cuantos colegas del plantel lo hagan, luego les servirán insumo para sus reuniones de evaluación del año. ¡Claro que también el personal debe expresar cómo se ha sentido con este retorno, qué ha aprendido, qué herramientas quisiera tener para el próximo año! Hay organizaciones como Fe y Alegría que están muy dispuestas a colaborar con los educadores; también universidades como la UCAB –tanto en Caracas como en Guayana – cooperando también.

 Si he logrado captar la atención de docentes, dispuestos a dar la voz a sus alumnos, me encantaría conocer los resultados de ese diálogo.


LUISA PERNALETE / @luisaconpaz

Educadora en zonas populares por más de 40 años. Utiliza el sentido del humor como herramienta pedagógica |

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