¿Qué es el amor?

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Quizás el amor es el tema más común que vemos en la literatura, el cine y el arte en general, y el sentimiento más deseado en nuestras vidas, el que mueve muchas de nuestras acciones. Todos alguna vez lo hemos sentido, hemos disfrutado de este sentimiento, pero también lo hemos sufrido.

El concepto del amor es amplio y complejo. Lo entendemos generalmente como el vínculo de afecto que nace de la valoración del otro y procura el deseo de su bienestar. Pareciera ser intangible, pero se manifiesta en los gestos, acciones y palabras hacia las personas que amamos. El amor ha sido tema de interés interdisciplinario para la filosofía, la sociología, la psicología, los estudios culturales, el género, la sexualidad, la historia y, por supuesto, para la literatura.

Para Sócrates el amor es la búsqueda de la bondad y de la belleza absoluta, es el deseo de lo bueno y de lo que nos hace felices. Por su parte, la biología ha sido una fuente importante para su conceptualización en los hallazgos de las ciencias sociales. Recientemente, desde mediados del  siglo XX, las ciencias sociales han vuelto los ojos, con gran interés, sobre el tema del amor adscrito al tema de las emociones y sentimientos humanos. Y es, puntualmente, contemplado en la historia de la familia y la vida privada desde una perspectiva esencialmente doméstica. Pero ¿cómo lo entiende la ciencia?

Aunque cada uno de nosotros pueda tener su propia definición del amor, desde el punto de vista biológico se le ha caracterizado como un fenómeno integral que involucra nuestro cerebro y órganos productores de hormonas, como la hipófisis y la glándula adrenal, bases biológicas que lo sustentan.

Hay investigaciones que indagan sobre las regiones cerebrales que participan en el enamoramiento, mientras que otras, a través de experimentos de genética molecular, tratan de conocer las bases de los lazos afectivos y las interacciones sociales. En el amor participan varios mensajeros químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad, la obsesión y la depresión. Es un fenómeno que incluye patrones conductuales, cognitivos y emocionales característicos.

Liberamos grandes cantidades de serotonina que hacen que nuestro estado de ánimo mejore y causa que tengamos pensamientos obsesivos al recordar constantemente a nuestra pareja. También liberamos una serie de neuroquímicos, como la adrenalina, que nos hacen estar más enérgicos; o liberamos dopamina en grandes dosis, porque interviene a la hora de reforzar conductas placenteras. Esta descarga neuroquímica puede hacernos sentir plenos cuando estamos enamorados, pero también puede causar serios problemas cuando sufrimos un desamor, pues podemos acabar deprimidos y obsesionados con esa persona que tanto hemos amado.

Desde el punto de vista biológico, podemos distinguir básicamente dos tipos de amor: el amor de pareja o romántico y el amor filial (maternal o paternal). Ambos son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie, ya que el primero, en términos generales, lleva a la reproducción, mientras que el segundo permite que los hijos reciban los cuidados adecuados para su desarrollo. Así, el significado biológico del amor se encuentra en la perpetuación y supervivencia de nuestra especie.

Diversos grupos de psicólogos y psiquiatras han especulado que el enamoramiento dura unos cuantos meses y después se pasa a un estado más consciente y crítico de la realidad, durante el cual se empiezan a valorar las distintas características de la pareja. Es entonces cuando, en teoría, podemos definir si la relación que tenemos es realmente confiable, placentera y reconfortante.

El tiempo en que se pasa de una etapa a otra y en el que se mantiene la segunda, que es lo más difícil, depende de muchos factores. Entre ellos se han destacado los procesos de memoria y aprendizaje y la adaptación de nuestros sistemas sensoriales. Se ha propuesto que en una relación que recién inicia hay una gran cantidad de estímulos y situaciones novedosas que causan en la otra persona interés, placer y una buena dosis de aprendizaje. Pero después de cierto tiempo, los estímulos dejan de ser novedosos, el aprendizaje disminuye y se establecen pautas conductuales rutinarias que ya no despiertan el interés y la motivación iniciales. Por lo anterior se dice que el secreto está en variar las actividades y conductas que se presentan en una relación de pareja.

Hoy en día muchos de nuestros sentimientos están siendo influenciados por las redes sociales. Por lo que vemos o por lo que dejamos de mostrar. Las nuevas tecnologías de comunicación, con sus ventajas e inconvenientes, se han introducido en nuestras relaciones produciendo cambios importantes, tanto positivos como negativos. De hecho, también se han introducido en las relaciones de pareja. Por ejemplo, los adolescentes usan la tecnología para monitorizar a la pareja, así como comenzar y terminar las relaciones. El uso de redes sociales podría favorecer o perjudicar la relación de pareja. Pero esto es factor que dependerá del cómo se usen.

En nuestros tiempos, la revolución digital ha permitido una transformación en las interacciones sociales, entre ellas la mediación tecnológica para la conquista mediante herramientas que se han convertido en imprescindibles para la seducción en el vínculo amoroso. Las redes sociales suponen una sustitución de la forma de interacción en tanto que el instinto gregario ha sido una necesidad de lo humano. La virtualidad como alternativa nunca suplirá la fascinación de un encuentro cara a cara y menos aún el contacto físico con el ser que se ama.


KARINA MONSALVE | TW @karinakarinammq IG @psic.ka.monsalve

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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