Primarias, presidenciales y posibilidad real de cambio

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Llegamos al proceso de primarias, que no es el proceso electoral presidencial en conjunto, pero sí su inicio. Visto lo que acontece, queramos o no, este proceso implicará un proceso de diferenciación y fractura (no absoluta) entre facciones ya fracturadas de la oposición

Por: Jesús Hermoso Fernández

Son muchas las determinaciones de la política nacional, pero principalmente las externas tienen mayor incidencia actual en el futuro del país. Y todo indica que, en este momento específico, no hay disposición del imperialismo estadounidense, ni de ningún imperialismo, de salir del régimen chavista ni de Maduro. Las pruebas sobran y rompen la mirada de quien se niegue a verlo.

Sin embargo, y dejando esto a un lado, la determinación insoslayable y de la cual depende en mucho el futuro del país, principalmente de cara a las presidenciales por venir, es el incalculable rechazo que ha alcanzado el liderazgo opositor. No solo por sus errores, sino por la deriva que implica estar sujetos a los designios de una u otra facción imperialista, en lugar de haberse ganado la autonomía política que algunas veces caracterizó al liderazgo político. Es fácil especular que el rechazo está incluso por encima de la repulsa alcanzada en cualquier momento anterior.

Pero también es una determinación el amplio rechazo que concita el régimen chavista y particularmente Maduro. Ciertamente también rompe récords anteriores. Sin embargo, negarse a ver que aún mantienen una base sólida y orgánica en un segmento importante de la población, es querer perder sentido de la realidad. Y esto es algo que la oposición no ha podido conquistar.

Pero sin estas consideraciones previas, cualquier análisis y definición sobre el asunto electoral, erraría. Tampoco se puede hacer equivalencia histórica. El que vivimos es un momento distinto, de transición y de cambio en la política venezolana, de reacomodo y de redefinición de las alianzas actuales, sobre todo por la determinación externa: el imperialismo. Por tanto, debe analizarse de forma también distinta.

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Hoy, cualquier decisión sobre cuál será el centro del activismo político opositor debe estar sustentado, en primer lugar, en las condiciones en las que se encuentra la masa opositora. Con sentido de realidad y sobre todo con sentido autocrítico —no solo de lo que tenemos, sino de lo que resultaría nuestra acción—, vista la falta de autonomía del liderazgo actual y la incidencia de la voluntad de negociación que existe de parte de los EE. UU. con el régimen chavista. Sin esas consideraciones, difícilmente se pueda alcanzar una definición correcta. Y es que la política navega principalmente sobre la realidad.

Llegamos así al proceso de primarias, que no es el proceso electoral presidencial en conjunto, pero sí su inicio. Visto lo que acontece, queramos o no, este proceso implicará un proceso de diferenciación y fractura (no absoluta) entre facciones ya fracturadas de la oposición. Nada conduce a pensar que se fortalecerá la unidad. Por el contrario, luce una batalla terrible en el horizonte.

Por tanto, tomar postura sobre tal o cual candidatura, supondría declarar no solo una parcialidad sobre la qué elegir, inconveniente para la unidad que requerimos, sino el inmerecido rechazo al que hemos aludido anteriormente. Además del rechazo que tendrá internamente cada toma de partido, por parte de las candidaturas que no reciban tal o cual respaldo. Esto luce inevitable.

Hubiese sido correcta la decisión de alcanzar mediante un acuerdo unitario, una candidatura única. Este planteamiento se hizo firmemente antes de alcanzar el acuerdo final de ir a la rebatiña de las primarias. Pero las primarias quedaron como acuerdo, pese a que no producen precisamente en un clima unitario.

Visto así, me inclino por una “neutralidad activa”. No se trata de neutralidad electoral de cara a las presidenciales, sino respecto a las primarias. Hemos planteado, en el artículo anterior, una propuesta política y programática de Reconstrucción Nacional. Una participación dirigida a asumir colectiva y orgánicamente una propuesta programática que entusiasme a la gente, parece más viable y es algo que requiere la oposición (la gente opositora, la gente que lucha, más allá de los partidos) en este momento.

Ciertamente unas elecciones (sobre todo de primarias) se reducirá inexorablemente a una competencia sobre cuál candidato concita más apoyos irracionales. Pero volvamos a las determinaciones anteriores. Una oposición sin fuerza, sin el respaldo y disposición de algunos países a salir del régimen chavista, difícilmente pueda lograr el objetivo. Pero construir un movimiento con identidad de propósitos pudiera ser una alternativa frente al futuro escenario electoral, para presionar, positivamente, al candidato que resulte electo, a asumir un programa y una propuesta que despierte el entusiasmo entre los venezolanos.

Visto así, participar en las primarias sin una candidatura, pero centrar la participación durante el proceso de escogencia con un llamado a la más amplia unidad nacional, puede permitir una participación más amplia de la gente. La candidata, mí candidata, es Venezuela. Luce fundamental impulsar un entusiasmo en torno de la unidad y una propuesta unitaria de reconstrucción para salvarla.

En mejor detalle, la idea es estimular, incluso como iniciativa “colateral” de la Plataforma Unitaria, un debate permanente en todos los actos posibles, y de todos los candidatos posibles, en torno de la propuesta programática inmediata.

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Además de esto, que se realicen asambleas y debates durante la campaña que trasciendan las candidaturas y que promuevan el acercamiento mediante el debate sobre la propuesta de Reconstrucción Nacional. Aprovechar la ventaja que aún se mantiene en redes y en la opinión pública en el campo digital.

Una iniciativa de este tipo puede concitar entusiasmo, incluso y de forma prioritaria, entre los trabajadores. Construir desde ya una campaña electoral distinta y autónoma, pero con la misma fuerza de una campaña electoral, que trasciende las diversas candidaturas. Una campaña para los que no se definen. Una campaña para los que se decepcionaron. Una campaña para todos los venezolanos, que estimule el activismo y el acercamiento de nuevos dirigentes a sectores que incluso están y estarán fuera del proceso de primarias, aunque posteriormente apoyen o no al candidato opositor que resulte electo para enfrentar al chavismo.

Es que luce vital llegarle al desprendimiento social del chavismo. Es urgente llevarle el mensaje. También a los trabajadores, a la clase obrera en particular, llegarles incluso a los opositores que rechazan hoy a los candidatos opositores y buscan una referencia, más allá de los partidos conocidos o financiados. Es, en definitiva, disputarnos la esperanza de que sí se puede salvar a Venezuela, primero en el campo de las ideas, y luego en el espacio de referencia de nuevo poder, algo que requiere conquistar la oposición para otros momentos por venir. Esto, al mismo tiempo, contribuye con la unidad requerida.

JESÚS HERMOSO FERNÁNDEZ@Jesus_Hermoso
Periodista de investigación. Editor. Escritor

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