Preguntas sin respuestas de las tragedias que han dejado las lluvias

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¿Se sabía 10 días antes que los suelos estaban erosionados y podía haber una desgracia?; si se sabía, ¿por qué no se hizo nada?; si no se sabía ¿por qué el usurpador dijo eso? ¿Cómo una persona,  en la tercera década del siglo XXI, se niega a dar información en una zona afectada por las lluvias y deslaves?  ¿Realmente puede dirigir algo? ¿Qué concepto tiene sobre ciudadanía, desarrollo, paz y prosperidad quien sostiene que no debe darse información? Cualquier ciudadano con un poco de perspicacia puede hacerse estas preguntas.

Por: Gloria Cuenca

Los últimos días han sido de horror para numerosas familias venezolanas. El agua se lo ha llevado todo dejándolos a la buena de Dios. Son los propios, “abandonados del destino” (frase usada por mí, hace muchos años, para cuestiones de orden personal).  

Considero que lo último que le puede pasar a un humano no es que el destino lo alcance, no. Lo peor es que lo abandone. Lo deje absolutamente a merced de gente irresponsable y sin un mínimo de piedad para con el prójimo.

De repente, empezamos a encadenar y relacionar situaciones para llegar a donde está el nudo; la nuez de esta terrible situación. Decía mi difunto esposo ante los insoportables interrogatorios a lo que lo sometía: “El que habla se enreda. Así me acojo al precepto constitucional: me callo” ¡Cuanta razón tenía!

No es fácil aprender a callarse, lo sé por experiencia propia.  Sin embargo, fue de las primeras cosas que aprendió la recientemente muerta Isabel II, quizás a esa prudencia deba en parte el reconocimiento y la veneración que se siente por ella, aún en quienes no somos monárquicos. Pero, no debo desviarme del tema central, la dramática situación que vive nuestro país.

Ciertamente ha llovido mucho, de eso no hay dudas. Sin embargo, el gobierno de un país tiene entre sus obligaciones y objetivos proteger a sus ciudadanos. Eso es lo que nos han dicho siempre. ¿Debemos esperar protección de un gobierno?

Pues sí, solo que este no es un gobierno, sino un desgobierno. Como si fuera poco, al desastre que producen las lluvias hay que agregar que no se puede informar lo que pasa. ¿Por qué? ¡Vaya usted a saber!

Lo segundo, si se le ocurre hablar y decir la angustia por la que está pasando, el régimen lo apabulla, lo amenaza y lo más probable, lo encarcela. No queda otro remedio: ¡hay que desdecirse!

Lo tercero: si a usted se le ocurre pensar, puede ser que la tragedia sea peor: que además de ser víctima del desastre natural, termine preso o perseguido por el régimen. ¿Por qué? Ese señor que ocupa la presidencia, (¿o la usurpa?) advirtió hace 10 días —él lo sabía—, que la situación era compleja en la zona donde ocurrió el deslave, por el exceso de aguas.  ¿Y entonces? ¿Por qué no hizo nada? Mucho para especular y fantasear, pero no se trata aquí de eso.

En cuarto lugar, está el hecho de que las lluvias no fue lo peor. Se habla de la rotura del dique, en el pueblo de Tejerías, de lo que hay fotografías. ¿Cómo es posible que un dique se rompa?

Evidentemente es un caso para el periodismo de investigación. ¿Se podrá dar respuestas en algún momento a estas preguntas?  Cualquier ciudadano con un poco de perspicacia se las hace.

Según el colega Casto Ocando, en un primer informe revela al respecto que el hijo del mandamás estaría explotando minas de níquel en la zona. ¿Con permiso de quién? ¿Bajo la supervisión de cuales expertos? Tampoco esta pregunta tiene respuesta.

Nosotros, con imaginación, podemos darnos cuenta: ¡son revolucionarios y la ideología lo puede todo! El hecho es que hay una manipulación, una utilización del terreno, aparentemente, sin debida supervisión; menos aun conocimiento de lo que implica el trabajo de un geólogo.

¿Cómo harán los chinos para calarse a estos personajes? Ellos, vivieron aquello de “no importa de qué color sea el gato, lo que importa es que cace ratón”. Sólo después de asimilar esa consigna y hacer uso de ella, expresada por el pragmático líder Teng Siao Ping, crecieron y pasaron a ser la primera economía del mundo.

Las lluvias pueden causar desastres, no solo aquí sino en muchas partes. Lo insólito es que, sabiendo que puede ocurrir un deslave, no se haga nada para proteger a los habitantes de la zona. ¿No les importa? ¿No quieren hablar? ¿Cómo saber qué pasa por la mente absurda y extraña de esos personajes?

De allí el título. Son demasiadas preguntas y no hay una respuesta satisfactoria para ninguna: ¿Se sabía 10 días antes que los suelos estaban erosionados y podía haber una desgracia?; si se sabía, ¿por qué no se hizo nada?; si no se sabía ¿por qué el usurpador dijo eso? ¿Cómo una persona,  en la tercera década del siglo XXI, se niega a dar información en una zona afectada por las lluvias y deslaves?  ¿Realmente puede dirigir algo? ¿Qué concepto tiene sobre ciudadanía, desarrollo, paz y prosperidad quien sostiene que no debe darse información? ¿Cómo entender que alguien exprese que la información angustia? ¿Qué hacemos? ¿Nos callamos las malas noticias? ¿Por qué no se preocupan por hacer cosas que alivien el sufrimiento humano? Tendremos que reflexionar sobre muchas cosas.

Pedirle a Dios, como siempre que nos proteja. No hay de otra.

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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