Por una hallaca libre y soberana, 20 años después

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Por: Andreina Mujica

En mi casa mi mamá no hacía hallacas, pero era en mi casa donde se reunía la familia con tías y primos para hacerlas. Cuando no era así, me iba a la casa de mis amigos para aprender y disfrutar del bochinche familiar. Así me fui haciendo de varias familias donde sentía que pertenecía. Después de cinco años sin ir a Venezuela decidí hacer hallacas por mi cuenta.

Hallaca, parte uno. Hacer el guiso: 

Lo primero que hay que aceptar cuando no estás en Venezuela es la búsqueda de los ingredientes. Esto llevará tiempo, varios días, y eso tomando en cuenta que te den uno que otro dato, como donde comprar ají dulce o las hojas carísimas de las hallacas. 

Entre chinos, latinos y árabes uno va haciendo su comprita. Como se trata de productos de muy buena calidad se va cayendo el diminutivo y dejamos la pendejada de «la comprita».

Lo otro es aceptar que no puedes solo con productos venezolanos, que se necesita ayuda internacional, almendras, aceitunas, pasitas, sus cositas pues, que el trabajo duro lo hacemos nosotros, los venezolanos, que sí sabemos cómo se bate el cobre y cómo se hace una hallaca.

Hallaca, parte dos. Hacer la masa:

Venezolano que no conoce Harina Pan es sirio. Una vez que dejamos la teta materna pasamos a la arepa eterna. Así que de eso sí que conocemos. La Harina Pan se consigue hasta en la Luna, más fácil y económica que en nuestra patria, por obra y desgracia de ustedes ya saben quien (difunto, 1954-2013). Necesitará onoto o achiote, este y las hojas de plátano son el regalo de nuestros indígenas al sofisticado plato. Tenga a mano manteca de puerco, cochino, chancho o cochón, si no la consigue puede poner a hervir una pieza como la garganta de cochino y desgrasarla, eso lo convierte en un aceite rojo con el onoto y si le agrega el caldo concentrado de gallina esa masa no tendrá pérdida. Licue ají dulce y la vida será más bella cada vez que alguien pruebe su masa.

Se recomienda hacer con el caldo caliente para evitar grumos y amasar con el amor de una mamá panda. 

Hallaca, parte tres. Ensamblaje:

Compró las hojas de plátano, por el precio parecen hojas de seda traídas de Japón. Lávelas con un paño limpio dirección venas de la hoja para no romperlas. Prepare en una mesa los adornos: avellana, aceituna, tocino, huevo duro en rodajas, pimentón rojo (horneado sin piel) y cebollitas encurtidas.

La bolita de masa de 120 gramos es ideal, extendida hasta quedar planita y fina, una cucharada generosa de guiso para el relleno y estará lista con todo y adornos para el cierre.

Puede hacerlo al estilo pañal, también estilo regalo navideño, puede doblar los extremos hasta que la masa se dé el beso, y luego sellar ese amor en los extremos con sus manos antes de cerrar y pasar al pabilo.

Pabilo, única parte: Jamás conseguirá el pabilo criollo. Respire profundo y amarre con mecatillo, pabilucho, cuerdita azul de nylon, pero si consigue el pabilo de algodón, sospeche.

Sin embargo, no se vuelva paranoico, la gran mayoría quiere que el amarre sea el correcto para no perder tanto trabajo. Tiene que tener confianza en usted y en los demás.

Una suerte de rayuela va a cerrar su hallaca, es como un juego, pero no presione en exceso porque rompe todo lo anteriormente logrado. 

Es un proceso delicado, pero tiene que tener temple, disciplina y hacer las cosas paso a paso.

¿Se puede hacer hallacas solo ?

Sí, pero no logrará hacer suficientes. La hallaca es un gesto de amor, un trabajo en equipo, un resultado del amor por un país, es la resistencia en el paladar, si quiere tener el mejor resultado va a tener que hacer equipo. El día final apareció una familia de amigos y entre todos lo logramos, las hallacas y los bollitos quedaron tan buenos que los trato de «usted».

Haga equipo:

Busque a los mejores, escoger uno a uno. Todos participan porque al final se trata de probar que un país entero se resume en este plato. Debe sumar y no restar. Lo que crea conveniente, sacar de la ecuación a los que embarcan, esperar para hacer un buen equipo, crear unión en beneficio de todos los comensales. 

Saber que los ingredientes vendrán de lejos, aceitunas, almendras, pasas, pero que sólo si aceptamos que es trabajo de equipo lo lograremos. Si hay varios chef de cocina se vuelve a joder el guiso. Tiene que haber uno que dirija, a pesar de que todo mundo tiene su propia verdad sobre la hallaca, todos deben seguir los lineamientos, el resultado será óptimo: una hallaca deliciosa, con una masa gustosa y un empaque lo más regular posible.

Resultado una hallaca libre y soberana. 

Hay una consulta y es popular ¿quieres devolver la libertad a la hallaca?


ANDREINA MUJICA | @andreinamujica

Artista, periodista y reportera gráfica radicada en Francia.

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