¿Por qué ser venezolanos nos permitirá construir el futuro que queremos?

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Aquí comparto con ustedes cuatro razones que me enamoran de mi gentilicio y me hacen sentir que sí podemos y que sí vamos a poder lograr la Venezuela que soñamos.

1) Hemos vivido lo bueno y lo malo; hemos tocado fondo. Estas últimas décadas nos han permitido madurar como nación, como sociedad e individualmente. Hace poco un amigo latinoamericano me preguntó, preocupado por la situación de su país: ¿Si nosotros tuviésemos que vivir muchas cosas de las que han vivido ustedes, ¿qué harías distinto frente a un gobierno similar? Le contesté: Unidad en la oposición, diversificar los tipos de monedas que tienes, no permitir que el poder sea centralizado, entre otros. Y me sentí orgullosa porque nuestra experiencia servirá también para que otros no repitan nuestros errores. Y aunque nadie aprende de errores ajenos, al menos que sirvan para guiar a otros.

2) Hemos aprendido a reinventarnos. Algunos en el exterior trabajando en Uber, otros en restaurantes, empresas, estudiando, pero todos teniendo la imperante necesidad de entender que comenzó una nueva vida en otro lugar y que hay que empezar de nuevo. Los que están adentro son héroes, se reinventan a diario; el padre que no es deportista pero busca planes para enfrentar los apagones y sube el Ávila con sus hijos con la mejor actitud; el que hace años tenía solo un trabajo, ahora tiene dos y lleva redes sociales; la madre que cocina nuevas recetas y crea; aquel al que le toca buscar agua en la Cota Mil e ingeniárselas para trasladarla. La capacidad de reinventarse es la que hace que las empresas exitosas se mantengan en el tiempo, creciendo y haciéndose líderes en el mercado.

3) Somos gente compasiva. Seguramente el país no es lo que nuestros padres soñaron económicamente para su retiro, pero los venezolanos de generaciones jóvenes, a los que nos tocará trabajar por reconstruir a Venezuela, estamos para nuestra gente, económica y moralmente. Somos capaces de movilizarnos a casa de la mamá de un amigo para que use nuestro teléfono y se puedan comunicar con él, de prestar nuestra ducha porque tenemos agua, de caminar kilómetros para poder enviar remesas, de compartir el pan incluso cuando no hay tanto. Nuestros padres de lo que sí pueden estar orgullosos es de la clase de gente que criaron.

4) Estamos preparados para lo que viene. Los venezolanos sabemos de escasez, inflación, bombas lacrimógenas, hambre. Sabemos de injusticias, pero también sabemos de medicina, de vocación, de béisbol, de economía, de petróleo, de muchas cosas. Con la ayuda de todos, podemos reconstruir a nuestro país. Está la experiencia, el conocimiento, las ganas y la conciencia colectiva de haber entendido el valor de nuestro voto. Juntos podemos.

Un amigo publicó hoy en sus redes este mensaje y quiero compartirlo con ustedes, «Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas». San Josemaría, Punto 77.

En la ley de la evolución de la vida, sobreviven los más fuertes. Pese a la montaña rusa de sentimientos, recordemos siempre que nosotros somos MUY fuertes.

Lo vamos a lograr.

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