¿Por qué Maduro no salvó a Citgo?

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Por Antonio Sucre

Sin lugar a dudas, uno de los valores más apreciados en cualquier ser humano es la Honestidad. Esa capacidad, muy particular de algunos individuos, para hacer de la verdad y la transparencia en la acción y el discurso, un modo de vida. Dicho comportamiento es especialmente valorado en personajes públicos, que son capaces de transmitir confianza, credibilidad y un liderazgo moral incuestionable. Así, El Libertador le escribía al Mariscal Sucre una carta privada fechada en 1824, en la que sentenciaba: “(…) usted sabe que yo no sé mentir, y también sabe usted que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento (…)”. ¡¡Qué lejos están los politiqueros de turno de los preceptos humanos morales del Padre de La Patria!!

En esta hora histórica que transita el país, el oscurantismo ha copado todos los espacios. No existe el debate de ideas, ni el respeto a las opiniones discrepantes. Ejercer la Honestidad puede ser considerado “Traición a la Patria” o “colaboracionismo”, traduciéndose en cárcel (sin juicios ni pruebas) para el primer “delito”, o en linchamiento político, moral y hasta físico, para el segundo. En su afán de proteger intereses individuales, los secuestradores del poder político mienten ya sin un ápice de vergüenza. Se ofrecen cifras falsas, se prometen fantasías que nunca se cumplen, y se levantan calumnias que distraigan la atención de los problemas verdaderamente urgentes de la nación. ¿Cuánta verdad subyace a este océano de mentiras? ¿Cuántos “leales siempre” han sido traidores toda su vida? ¿Qué verdades se empeñan en esconder tras los barrotes de todas las cárceles civiles y militares del país? El oscurantismo impide determinar el origen del caos económico actual, sin lo cual es imposible ofrecer un diagnóstico cierto y muchísimo menos un tratamiento adecuado a la aparente enfermedad terminal que sufre nuestra agotada Patria.

La evaluación sistemática de las razones del colapso económico del país, debe ser realizada en forma objetiva y no distorsionada políticamente por los sectores en pugna, tanto del sector que gobierna como del que lidera la oposición desde la Asamblea Nacional, ambos con el interés común de construir una épica a la medida de su conveniencia, distorsionando las causas raíz que han precipitado un colapso económico sin precedentes en la historia moderna y mucho menos comprensible en un país con los ingentes recursos naturales de los que dispone Venezuela.

• Por un lado, los voceros del “madurismo”, han modificado su discurso paulatinamente, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos, para terminar atribuyendo todas las causas al Imperio Norteamericano y a la guerra económica que se ha emprendido contra el país y desde comienzos de marzo de este año, a una causa mas concreta: “la Guerra Eléctrica”.
En todos sus análisis superficiales, se abstienen de autoevaluarse críticamente en torno a aquellas decisiones de su gobierno que hayan impactado de forma más específica y que hayan actuado como detonantes de la crisis que actualmente vive nuestra nación, por las ambiciones desmedidas de los grupos de poder que rodean a Nicolás Maduro, cuyo principal objetivo es tomar el control directo de todos los recursos generadores de divisas del país.

• Por su parte, el sector opositor, además de compartir el interés en secuestrar para sus grupos de poder los recursos del Estado, tiene como objetivo borrar al Chavismo como movimiento social y político, eliminando todo lo positivo que bajo el liderazgo de Hugo Chávez se consiguió en la primera década de este siglo para la economía del país y la satisfacción del Pueblo en general. Por esta razón, prefiere trasladar toda la responsabilidad del desastre actual al Presidente Chávez, sin que tenga posibilidad alguna de defenderse desde la eternidad en la que se encuentra. El “madurismo” hace un silencio cómplice a esa tergiversación, ya que está acostumbrado a cabalgar sobre el legado del Comandante, como aquel hijo descarriado que despilfarra toda la fortuna y valores que le dejo su padre muerto y prefirió vivir de la chequera que este le lego hasta usar los últimos fondos que le quedan disponibles.

Pero cuál es el detonante que precipitó este colapso que sufre el Pueblo venezolano? Ese elemento hay que buscarlo en la decisión de Maduro de comenzar, en el último trimestre de 2017, una purga, al mejor estilo stalinista, contra el corazón económico del país: Petróleos de Venezuela, su gerencia y sus trabajadores patriotas, quienes en circunstancias muy difíciles sostenían la producción petrolera, a pesar de que Maduro le exprimía hasta el último centavo de dólar que generaba.

Maduro y su errada política económica, le negaba a PDVSA, desde su llegada al poder, los recursos necesarios para la realización de las inversiones y los mantenimientos que una empresa con la envergadura que Petróleos de Venezuela requiere. Para entender esto, es necesario revisar las estadísticas de producción que mensualmente publica la OPEP, en base al promedio estimado por 6 diferentes fuentes secundarias.

En este gráfico puede apreciarse cómo, hasta las nefastas decisiones de Maduro en septiembre 2017, la producción petrolera se sostenía por encima de 1,97 millones de barriles diarios, nivel que había sido acordado en diciembre de 2016 cuando se firmó el acuerdo de productores OPEP+, que permitió posteriormente la recuperación de los precios del crudo que habían colapsado desde lo mas de $100 por barril en 2014.

Es importante destacar que durante el 2016, según la OPEP, la producción de Venezuela fue de 2,154 millones de barriles por día que se logró con un promedio de precios para el crudo venezolano de $34 por barril, llegando a ser, en el mes de febrero de ese año, inferior a los $20, precio que se fue recuperando paulatinamente luego del acuerdo de países productores, el cual se logró gracias a las gestiones de la gerencia petrolera chavista y que ahora el “madurismo” olvida intencionalmente para atribuírselo Maduro de manera personalísima e individual, borrando de un plumazo la acción de una gerencia petrolera que, no sólo contribuyó a la recuperación de los precios del crudo, sino que además, sostuvo la producción durante el más largo periodo de precios bajos que se haya registrado en los últimos 45 años.

Sin embargo, a finales de 2017, Maduro tomó la decisión de nombrar en la Junta Directiva de PDVSA, a una serie de comisarios políticos propios y representantes de los grupos de poder que lo rodean, TODOS completamente IGNORANTES de la industria petrolera. Esta decisión, sin lugar a dudas, aceleró y agudizó el caos económico en el país, con el cual Maduro quedará para siempre ubicado en el basurero de la historia económica mundial. Tamaño error histórico fue “complementado” de forma nauseabunda, al ordenarse la persecución y encarcelamiento de profesionales que, no sólo contribuyeron al rescate de PDVSA luego del sabotaje de diciembre de 2002, sino que además, participaron en la construcción de la Nueva PDVSA, en una verdadera épica histórica que dirigió el Comandante Chávez para colocar la empresa y sus recursos al beneficio de todo el pueblo venezolano.

Para esta “razzia”, Maduro utilizó a un fiscal designado a dedo, cargado con una serie de carencias personales que quedan descubiertas con sólo verlo o escucharlo, que además lleva consigo una serie de testaferros entre los que destacan sus inseparables amigos de la empresa Conkor, que lo acompañan desde su época de gobernador de Anzoátegui, y quienes constante y abiertamente se lamentaban que PDVSA no se entregara antes a sus deseos de riqueza.

De este modo, Maduro, sumergido en su profunda ignorancia, consideró que dirigir una empresa, con la complejidad técnica y económica de PDVSA, era como manejar un autobús. Allí afloraron todos sus complejos personales, acumulados posiblemente desde la época de la presidencia del Comandante Chávez, cuando toda la empresa era leal al Comandante y su ideal patriota, cosa que NUNCA ocurrió, ni ocurre, ni ocurrirá con Maduro, que siempre envidió la forma en que Chávez respetaba a PDVSA y ésta, en un solo cuerpo, con todos sus trabajadores, se dedicaba a ayudarlo a convertir a Venezuela en una referencia política y económica a nivel mundial.

Al evidenciarse una pérdida de 1.1 millones de barriles en un periodo de 16 meses, y vistos los estragos nacionales causados por la decisión de “tomar” PDVSA, es necesario recordar 2 frases que marcan la historia de esta tragedia, la primera, dicha por el propio Maduro cuando entrega la conducción petrolera del país al Mayor General de la Guardia Nacional, Manuel Quevedo, dándole la orden de elevar la producción de petróleo en 1 millón de barriles, “pero eso sí, los quiero ya”, a lo que Quevedo respondió que “si he podido construir un millón de viviendas, mucho más fácil subiría un millón de barriles por día”. Ambas frases reflejan la ignorancia y el desprecio que estos personajes sienten por la industria petrolera.

Es interesante observar que pasó en el país a partir de ese histórico momento en noviembre de 2017.

• En primer lugar se inició uno de los ciclos de hiperinflación más trágicos en la historia de país alguno, al sumar más de 16 meses consecutivos con una inflación igual o superior al 50%. Ese mes representa también el último en el que PDVSA cumplió con el pago de la deuda a los mercados financieros y que nunca antes se había suspendido, ni siquiera en los peores momentos de los precios petroleros en 2016.

• Igualmente, dejándose llevar por la ignorancia o por los negocios subyacentes de los grupos que lo rodean, Maduro anuncia, con bombos y platillos, el lanzamiento del “Petro”, del cual, ahora, hasta él mismo trata de olvidar, por el escandaloso fracaso que significó y por lo cual el país fue víctima de una serie de burlas a nivel mundial. Recordemos que primero se definió como una “criptomoneda”, luego cambió a un “criptoactivo”, posteriormente mutó a “unidad de cuenta”, para terminar siendo una viva imagen de su autor: “LA NADA”.

• Algunos otros indicadores que se desplomaron en los últimos 18 meses fueron: la producción agrícola (por falta de fertilizantes que PEQUIVEN dejó de producir) y la caída del PIB que, aunque ya venía descendiendo en años anteriores, nunca había sido al nivel del 2018 que superó el 20% de caída.

Sumado a lo anterior, debe hacerse mención al daño más perjudicial que se hizo con el error histórico ya mencionado: el que se ha generado contra los trabajadores petroleros, caracterizados por su lealtad al Comandante Chávez y por ser fieles defensores de su legado histórico, pues ahora son objeto de una persecución implacable con acusaciones mediáticas, tipo “shows” muy comunes por parte del gobierno de Maduro, comandadas por el Fiscal General, pero sin pruebas concretas, lo que ha llevado a diferir constantemente las audiencias preliminares de los trabajadores detenidos, al mejor estilo de las dictaduras más rancias, en las que el retardo procesal martiriza a los acusados sin pruebas.

El Fiscal General, en su deplorable papel de verdugo, se jacta ante los medios de comunicación del número de trabajadores “acusados” pero obvia referirse al número de condenados en los casos relacionados con PDVSA, ya que, debido al criminal retardo procesal, sólo una mínima cantidad de procesos han culminado en condenas (sospechosamente, todas al aceptar los hechos al ser quebrados los principios de los acusados, a cambio de medidas cautelares utilizadas como vil chantaje). Paralelo a ser testigos de esta persecución sin precedentes, sintiéndose despreciados por sus propias autoridades y sufriendo las consecuencias de la criminal pérdida de su poder adquisitivo, los trabajadores petroleros, desde noviembre de 2017, han optado por dejar la empresa a la que se entregaron en cuerpo y alma. En poco más de 4 meses luego del inicio de la “razzia”, lo hicieron más de 30.000 trabajadores, muchos de ellos preparados en uno de los planes de formación profesional de los que el Comandante Chávez se sentía más orgulloso, como lo era el “Batallón Faja Petrolífera del Orinoco”, que había formado en el trabajo a más de 2.000 ingenieros egresados de las universidades nacionales.

Hoy existe una intención manifiesta por parte de voceros de Maduro, en mostrar que, el derrumbe ocurrido a partir de 2017, es producto de las sanciones impuestas por los Estados Unidos. Practicando la Honestidad a prueba de todo, debe decirse que esto NO ES VERDAD. Para el momento en que Maduro cometió el error que hoy pagamos todos los venezolanos, las sanciones de EEUU solo prohibían transacciones de bonos de PDVSA en el mercado financiero a ciudadanos norteamericanos o la adquisición de nuevos financiamientos para PDVSA en el mercado de valores norteamericano.

Pero más allá de esto, cabe preguntarse: ¿El gobierno de Maduro no fue capaz de prever un escenario de sanciones? ¿Por qué no se migraron las cuentas de la Nación a países aliados? ¿Qué se hizo para mitigar el impacto de las sanciones? Un hecho no revelado y que quedará para la historia es que a Maduro, antes de septiembre de 2017, se le entregó un plan de acción contra medidas más fuertes que podían ser tomadas por el gobierno norteamericano (como en efecto se tomaron en enero de 2019). Allí se recomendaba salvaguardara CITGO cambiando el registro de su empresa propietaria PDV HOLDING desde Delaware-Estados Unidos, a la Isla de Dominica, país miembro de Petrocaribe y donde no se hubiese aceptado la nueva Junta Directiva AD-HOC que se designó en enero de este año desde la Asamblea Nacional. Pero Maduro, en su desconfianza y desprecio a la gerencia petrolera patriota formada en PDVSA, prefirió escuchar a los depredadores que conspiraban para asaltar a la empresa en lugar de los trabajadores que, no sólo habían apoyado a la Revolución y al Comandante Chávez, sino que, con su trabajo, le permitieron al propio Maduro alargar sus años en el poder hasta que su principio de incompetencia le alcanzó.

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