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sábado, 21 mayo, 2022

¿Por qué hay protestas en Hong Kong?

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Hong Kong está ubicada en Asia Oriental, rodeada por el mar de la China meridional en el sur y por China continental al norte. Es una región administrativa especial de China que se fundamenta en el principio político de «un país, dos sistemas», en alusión a un país, que es China, y dos sistemas, uno de ellos comunista y el otro con libre mercado. Este principio al que me refiero fue ideado por Dean Xiaoping.

Hong Kong cuenta con una población aproximada de 7.500.000 de habitantes. Hong Kong es la región con más multimillonarios del planeta, muy por encima de urbes como Nueva York o Londres. A pesar de las diferencias en sistemas económicos, hoy en día ciudades chinas como Shanghai, Tianjin, Shenzhen o Guangzhou, disputan en éxito y progreso económico con Hong Kong. Esta es la economía con mayor libertad económica en el planeta. Según el índice del Heritage Foundation, Hong Kong se ubica en el año 2019 en el puesto número 1 y lleva en esa posición desde hace muchos años.

Fue colonia británica, su traspaso a China ocurrió en 1997. Cuenta como Constitución en lo jurídico con la llamada «Ley Básica», instrumento que entre varios puntos contempla su «autonomía» de la China continental hasta el año 2047. El tratado de Nankin, firmado en agosto de 1842, en el buque de la armada británica, el «His/Her Majesty’s Ship» (HMS) Cornwallis, cedió Hong Kong a los británicos tras la derrota de China contra la potencia europea en el conflicto por evitar la entrada del opio en China continental. Esto ocurrió en lo que se conoce en la historia como la primera guerra del opio de 1842, comercio que impulsó en su momento la famosa empresa conocida como la «Compañía Británica de las Indias Orientales».

¿Qué es el opio? Es un narcótico que proviene de la planta conocida como la adormidera (Papaver somniferum) y cuyo consumo fue considerado por las autoridades de China como un problema de salud pública pero a la vez un negocio altamente rentable para los intereses británicos de la época. Tras décadas de dominio británico, el Reino Unido regresó Hong Kong a China el 1 de Julio de 1997.

En los últimos días se han intensificado las protestas en Hong Kong. En el año 2014 un movimiento social fuerte denominado la «Revolución de los Paraguas» -bautizada así por el uso extensivo de este artefacto en el día a día de los habitantes de Hong Kong y, en especial, porque el paraguas sirve para protegerse de los perdigones y gas lacrimógeno- buscaba detener las reformas electorales que promovía Beijing y que atentaban contra la autonomía y libertades de Hong Kong, derechos que no son disfrutados por el resto de las mujeres y hombres de China.

Las protestas se han reactivado por la polémica propuesta de Ley de Extradición. Esta ley quiere aprobarse a raíz del caso de un homicidio acaecido en Taiwán por parte de un hombre que asesinó a su novia embarazada y para evadir la justicia, escapó a Hong Kong. A pesar de este hecho, la Ley de Extradición encendió las alarmas y suspicacia de la ciudadanía de Hong Kong porque sospechan que este instrumento legal sea utilizado para extraditar a opositores, críticos y disidentes del presidente y líder de China, Xi Jinping y del sistema político que dirige el partido comunista desde la China continental. Creen que será utilizado como un arma legal para capturar a todo el que se oponga al poder del partido único y sería sometido a los tribunales de China y no de la región administrativa especial de Hong Kong que poseen más independencia y equilibrio judicial. Esta Ley de Extradición realmente lo que busca, según muchos analistas políticos y defensores de derechos humanos, es «legalizar» los secuestros de la oposición.

Ya Xi Jinping lo ha mencionado antes con estas palabras: «Cualquier intento de poner en peligro la soberanía y seguridad de China, desafiar el poder del gobierno central o usar Hong Kong para llevar a cabo actividades de infiltración y sabotaje contra el continente es un acto que cruza la línea roja y es absolutamente inadmisible». Para la comunidad internacional es de conocimiento público que a pesar de sus avances en campos como la economía, tecnología y ciencias, en materia de derechos humanos, libertad y democracia, el régimen central en Beijing muestra mucho desprecio por éstas. La juventud de Hong Kong no se siente identificada con China y su sistema político y reclaman. Se encuentran en las calles por una democracia de verdad, no una de mentira dirigida por Xi Jinping.

El jefe ejecutivo o jefe de gobierno de Hong Kong es escogido por un cómite que es pro partido comunista chino. La actual Jefa Ejecutiva desde 2017 es Carrie Lam, mujer muy criticada por defender los intereses de China y no los de Hong Kong. Gran parte de los manifestantes ahora exigen también la salida del poder de Lam. Varias fuentes periodísticas han publicado que Carrie Lam presentó su renuncia al poder de Beijing, pero Xi Jinping no aceptó, al menos por los momentos.

Los estudiantes comenzaron a protestar ante la mentira de la democracia en Hong Kong, manejada con puño de hierro desde Beijing por el partido comunista. La idea de Hong Kong es lograr una verdadera libertad en lo político, ya que a pesar de ser una sociedad muy avanzada y exitosa gracias al auge de la libertad económica, en realidad en materia de libertades políticas viven en una verdadera «jaula de oro» impuesta por la China opresora y de ideas comunistas.

Las protestas antisistema contra la China continental en Hong Kong han afectado muchas industrias al día de hoy. Las repercusiones han sido fuertes y los sectores más golpeados son turismo, aviación comercial, el mercado de valores y el comercio minorista. Muchos proyectos de inversión se han detenido a causa de las protestas. El mercado bursátil y su Hang Seng han caído considerablemente desde el mes de junio hasta agosto. La actividad hotelera y los restaurantes ligados al turismo se han visto también afectadas. Los manifestantes como parte de su arsenal para presionar a China han divulgado una campaña comunicacional para generar corridas bancarias en las instituciones financieras, cambiar sus dólares de Hong Kong a dólares de los Estados Unidos de América y dejar “limpios” los cajeros automáticos de los bancos.

Un dato curioso es que mediante una campaña de crowdfunding se logró en días recientes recaudar cerca de 1.7 millones de euros. En periódicos como The New York Times de los Estados Unidos de América, The Globe de Canadá, Nihon Keizai Shinbun de Japón, el Frankfurter Allgemeine de Alemania, El Mundo de España o Le Monde de Francia han colocado propaganda pagada que apoya los intereses de estas protestas por instaurar la libertad y democracia con el lema de «No dejen caer a Hong Kong».

Por su parte, la administración de Donald Trump ha advertido a la China de Xi Jinping las consecuencias de atacar y/o parar las protestas en Hong Kong. La Casa Blanca no quiere otra «Plaza de Tiananmen», hechos trágicos ocurridos entre abril y junio de 1989, donde China asesinó y violó los derechos humanos de miles de ciudadanos chinos y en especial de jóvenes estudiantes (para ilustrarse con mayor detalle sobre este hecho histórico les recomiendo este libro: «Semillas de Odio, la conexión china con el terrorismo internacional» del autor Gordon Thomas. Editorial Ediciones B).

Tampoco es positivo para China acabar de forma violenta las protestas, China recibe grandes flujos de capitales de inversionistas procedentes de Hong Kong, millardos de dólares de la zona especial, esto debido a que existen garantías y respeto a las leyes para inversionistas de Hong Kong de distintas nacionalidades con dirección a China, así mismo muchas empresas de China buscan seguridad y refugio en la bolsa de valores de Hong Kong.

Los ciudadanos de Hong Kong buscan su libertad y democracia mucho antes de llegar el año 2047. Al parecer los manisfestantes de los paraguas continuarán su lucha por una verdadera democracia y libertad. Hong Kong tarde o temprano querrá su libertad e independencia de la China continental. Xi Jinping y el partido comunista que rigen el destino de millones de chinos se encuentran inquietos, porque temen que el ejemplo de Hong Kong sea seguido por otras provincias de China, como por ejemplo Taiwán, públicamente retadora a la China de Xi Jinping. Taiwán es apoyada armamentísticamente y en otros convenios por los Estados Unidos de América. De allí el férreo control de las autoridades de China en los medios de comunicación, internet, redes sociales y vigilancia permanente con la llamada «Ciber Muralla China». Las protestas continuarán y debemos monitorearlas. Recuerden: «No dejen caer a Hong Kong».

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