¿Por qué está en declive la libertad de expresión en el mundo y en Venezuela?

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Por: Jacob Mchangama

¿Es Venezuela el país que más está a favor de la libertad de expresión en el mundo? Si se observan las clasificaciones internacionales de libertad política y libertad de prensa, podría pensarse que no es así. La organización de derechos humanos Freedom House otorgó al país la clasificación «no libre» (una ínfima puntuación de 14 puntos sobre 100), y en el informe de 2021 de la organización Reporteros Sin Fronteras, Venezuela ocupa el puesto 148 de 180 países. Sin embargo, una nueva encuesta arroja una perspectiva diferente sobre el apoyo subjetivo a la libertad de expresión entre los venezolanos. Y es apabullante.

A la pregunta de si los venezolanos apoyan el derecho de las personas a decir lo que quieran sin ser censurados por el gobierno, el 99 % (en la práctica, todos) están de acuerdo. Lo mismo ocurre cuando se les pregunta si los medios de comunicación deberían poder informar de las noticias y si la gente debería poder utilizar Internet sin censura (el 99 % y 98 %, respectivamente).

Estas cifras son las más altas entre las 33 naciones en una nueva encuesta mundial llamada «Who Cares about Free Speech» (A quién le importa la libertad de expresión) que ha sido encargada por el grupo de expertos sobre derechos humanos Justitia (del que soy director). Sin embargo, hay que señalar que el apoyo al valor abstracto de la libertad de expresión es muy alto en todo el mundo, ya que una mediana del 94 % en los 33 países considera que la gente debería poder decir lo que quiere sin censura. 

No obstante, se advierte una cosa. Si una enorme mayoría de los encuestados defienden con gran entusiasmo la libertad de expresión, ¿por qué esta libertad está en declive a nivel mundial, y también en Venezuela, desde hace más de una década? ¿Se trata solo de medidas represivas del gobierno o existen contradicciones culturales más complejas?

Para responder a esta aparente paradoja, debemos preguntarnos no solo si la gente apoya la libertad de expresión, sino con qué grado de sinceridad lo hace. Una vez que la gente se ve obligada a determinar su apoyo a la libertad de expresión de forma abstracta frente a las ventajas, desventajas y valores (supuestamente) competitivos, el apoyo casi universal cae en picada. Parece que mucha gente aprecia el derecho a hablar libremente con voz propia, pero da menos valor a las opiniones de los demás que discrepan con sus propios valores.

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En los 33 países, solo el 43 % apoya la protección jurídica contra declaraciones ofensivas para las minorías, mientras que el 39 % está dispuesto a permitir las declaraciones ofensivas sobre su propia religión. La tolerancia a la hora de permitir declaraciones que apoyen las relaciones entre personas de un mismo sexo varía desde un apoyo casi unánime en Dinamarca (91 %), Suecia (91 %) y Venezuela (86 %), hasta menos de un tercio en Pakistán (27 %). El 72 % de los daneses y estadounidenses están dispuestos a tolerar los insultos a sus banderas nacionales, frente a solo el 16 % y el 18 % en Turquía y Kenia, respectivamente. En el caso de Venezuela, la cifra se sitúa en un punto intermedio, con un 46 %.

Además, los venezolanos también se muestran algo indiferentes en cuanto a la libertad de expresión cuando se les pregunta por las declaraciones ofensivas hacia los grupos minoritarios (68 %) y la religión (74 %). Por otra parte, estas dudas con respecto al discurso polémico se aplican a la mayoría de los países, y Venezuela también se encuentra entre los países más partidarios de la libertad de expresión de toda la encuesta. Lo mismo ocurre cuando se les pregunta si Venezuela debe permitir que los medios de comunicación informen sobre temas delicados relacionados con la seguridad nacional (el 78 % dice que sí), temas que podrían desestabilizar la economía (el 79 % dice que sí), o temas delicados que podrían dificultar el manejo de una epidemia (el 89 % lo toleraría).

Pero la libertad de expresión es un tema delicado, y la gente tiende a responder a las preguntas de una manera que esté bien vista por sus compañeros. Para descartar este «sesgo vinculado a la aceptación social» y revelar las verdaderas opiniones, implementamos el famoso «experimento de lista» en la encuesta. Este experimento permite a los encuestados responder a las preguntas de forma más indirecta, lo que les da una mayor confianza en que nadie puede identificar sus respuestas personales.

Al comparar las respuestas directas e indirectas a la pregunta sobre las críticas al gobierno, parece a que muchos les molesta la disidencia. Entre los países con mayores discrepancias se encuentran India, Francia, Túnez, Rusia y Japón. En Francia, la diferencia es de un sorprendente -30 %, solo superada ligeramente por la India (-32 %). La evidente intolerancia a la disidencia en dos grandes democracias es una señal preocupante. Sobre todo porque el presidente Macron y el primer ministro Narendra Modi han adoptado medidas que van desde las antiliberales en Francia hasta las autoritarias en la India, para contrarrestar las amenazas de los enemigos del Estado, reales e imaginarios.

En el caso de Venezuela, también se ha producido un sorprendente descenso del 28 %, pasando del récord del 96 % a un promedio del 68 %. Este resultado sugiere que, en realidad, a muchas personas en Venezuela les importa menos la libertad de expresión, o incluso se oponen a ella, de lo que expresan cuando se les pregunta de forma directa. Esto no es inusual, pero vale la pena tenerlo en cuenta, y es el motivo por el que Venezuela, a pesar del drástico apoyo a los principios de la libertad de expresión, acaba por ocupar el séptimo lugar en el índice de libertad de expresión de Justitia (Noruega es el número 1).

Aun así, el impresionante resultado de la encuesta es un buen augurio para el futuro de la libertad de expresión en Venezuela. Parece que, aunque la situación política ha empeorado en los últimos años, lo que sitúa a Venezuela al mismo nivel que Rusia, Egipto y Turquía en lo que respecta a la libertad política, este deterioro no se ha producido con el consentimiento del pueblo venezolano, aunque el gobierno afirme que cuenta con el apoyo popular. Este también podría ser el motivo por el que los venezolanos son los más escépticos del mundo en cuanto a permitir que el gobierno supervise la regulación de las redes sociales en línea. Solo el 1 % considera que el gobierno debería poder censurar lo que la gente escribe en redes sociales como Facebook o Twitter. 

De hecho, entre los 33 países, Venezuela parece ser una de las naciones encuestadas que más desea libertad de expresión y que menos la tiene. O dicho en términos económicos, en Venezuela existe la mayor discrepancia de toda la encuesta entre la demanda de libertad de expresión y su existencia real.

Simón Bolívar escribió una vez: «El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primer y más inestimable don de la naturaleza”. Parece que el pueblo de Venezuela todavía se guía por esos ideales. El gobierno; sin embargo, a pesar de calificar su movimiento como bolivariano, no lo hace. 


JACOB MCHANGAMA | @jacobmchangama

Director del grupo de expertos sobre derechos humanos Justitia.

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